Frente a tus manos vacías

Naví Argentina Rodríguez Rivera /
Estelí, Nicaragua.


Poema en orden

Escribiré un poema frío,
tan frío como el Ártico
en la sonrisa congelada
de tu cuerpo durante las mañanas.

Un poema cadavérico,
a la vida que se escapa
por la tubería de tu ciudad,
mal habiente de gastadas fantasías.

Un poema que nunca leerás
porque no fue escrito por ti,
sino para ti en cualquier espacio
donde serás el mismo y no otro.

Un poema indiferente
turbio, tan lleno de vicio
similar a cada palabra que de ti brota,
nada para alimentarte, sino la sobra.

Un poema universal y constante,
sin variación en su fórmula,
matemáticamente calculado,
mortalmente lírico y sin romance.

Un poema surrealista,
fuera de este tiempo
simulando un bestiario mitológico,
exponiendo mis vísceras a tu aliento.

Un poema sin noción de pecado
dedicado a tu intento por ilustrarme,
sin reglas, ni estéticas mancomunadas
al orden de tus falacias estructuradas.

Un poema bastardo, sin amor natural,
separado de la tierra y la luz,
inmaterial y morbosamente maligno,
frío como el metal que lacera la piel.

Un poema surreal a inicios del tres mil,
camino al apocalipsis, seco como el heno,
metafóricamente correcto, aunque nada lo sea,
es un poema a tu medida, un poema que mereces.

Como lo que nunca fue

Te esperé en la estación
como la primera vez,
como lo que nunca fue
y vi mi reloj, eran las dos,
tú allá y yo ahí,
un abrazo que no llegó.

Te esperé en la estación
como la segunda vez,
como lo que nunca fue,
vi mi reloj, eran las diez,
tú allá y yo ahí,
un abrazo que se perdió.

Te escribí mi adiós,
como la milésima vez
por lo que pudo ser
y lo que no fue,
no te abracé
ni tú te acercaste,
dijimos adiós.

Te canté mi versión,
los acordes de una tristeza
se diluían en el aire,
una lágrima resbalaba
sobre el universo
de mi nostalgia
por lo que no fue.

Entre nieve y alegría

Si la nieve se derrite
tus manos quedarán frías,
helados dedos tiritando
en medio del agua que corría.

Y si al borrarse tu sonrisa
frente a tus manos vacías,
tomaría uno a uno tus dedos
para hacerle cosquillas.

Me devuelves la sonrisa
porque tus manos siguen llenas,
que si no es de fría nieve
será de toda mi alegría.

(Del poemario Estamos torcidos)