Piezas de Heurísticas (I)

David C. Róbinson O. /
Panamá.


De la creación y la esquizofrenia

«Bien mirado, todo escritor es un esquizofrénico».
Mario Vargas Llosa

 

«Los esquizofrénicos dejan de percibir el mundo como la mayoría de las personas». Pero. ¿Se puede crear algo sin esa cualidad? ¿Sin concebir el planeta Tierra como materia prima de otros universos?
«La esquizofrenia resulta en un comportamiento antisocial, ridículo u obsceno». Pero. ¿Se puede crear algo temiendo al ridículo? ¿Sometiéndose al dictamen de lo aprobado y lo normal? ¿Sin romper velos?
«Los esquizofrénicos tienden a prestar muy poca atención a los demás». ¿Y es que un Primer Bailarín puede ejecutar El Lago de los Cisnes preocupándose por el señor de la cuarta fila que se pregunta sobre las preferencias sexuales de un hombre que usa mallas?
¿Será que tendremos que volvernos esquizofrénicos para poder crear? En mi caso así fue. Hasta tuve un maestro en esquizofrenia. Este hombre jamás me enseñó cómo escribir un verso. Tampoco me recomendó leer este libro o aquel autor. Nunca me animó a ir a galerías, al teatro, a recitales ni a nada parecido. Es más, las pocas veces que le mostré alguno de mis escritos siempre procuró no leerlo. Pero después de un lustro de hacer teatro bajo su dirección, quedé convencido de mi vocación artística. Descubrí cómo caminar en los senderos del arte. Por eso ahora escribo y por suerte, para el público, ya no hago teatro.
¿Cuál fue el truco? Nunca he descifrado la magia. Recuerdo que, sentados frente a unas cervezas, conversamos muchas horas sobre la vida, el amor y la libertad. ¿Sería ese?

 

El intelectualismo y el ejercicio del poder

«El concepto Cultura, por tanto, no es ni puede ser abstracto en sí mismo, dada sus principales características: creación y movimiento».
Henry A. Petrie

 

El pensamiento humano tiene muchos recovecos: los hay iluminados, oscuros y hasta oscurecidos. Sí, hay zonas oscurecidas; una de ellas es el intelectualismo.
¿El objetivo final del intelectualismo no es el conocimiento? No necesariamente. Si bien, lo intelectual se refiere al desarrollo de una facultad, el intelectualismo es el ejercicio de un poder; un poder interesado en oscurecer algún ángulo del saber.
Un ejemplo: Hay lenguajes que no tienen gramática escrita, por lo tanto, no son idiomas, son dialectos; las etnias utilizan los dialectos. ¡Y ya sabemos qué significa étnico! Otro ejemplo: El soneto es poesía por excelencia y la décima no. El soneto responde a la más clásica de las tradiciones, la décima no es más que una práctica campesina. Los porcentajes de analfabetismo son muy altos en las zonas rurales, por lo tanto, ¿cómo pueden sus habitantes hacer poesía? Un último ejemplo, simple y sencillo: Esto es muy complicado para explicarlo a oídos legos.
Esta práctica pierde de vista muchos datos o, en el peor de los casos, los selecciona para sustentar un sistema discriminador: Fulano sí es, zutano no. Sin embargo, la incertidumbre existe. ¿Será entonces necesario dudar de las «verdades» que nos predican?

¡Salve poeta!

«De las alturas terribles donde yace el cobre y lo extraen con trabajos inhumanos las manos de mi pueblo, surgió un movimiento liberador. Ese movimiento llevó a la presidencia de Chile a un hombre llamado Salvador Allende».
Pablo Neruda

 

Quizás los futuros diccionarios registren el nombre Neruda como sinónimo de poesía. Casi se me hace imposible pensar que en algún rincón del planeta se desconozca su oficio literario. Por lo menos, si sus versos no han sido leídos, si es harto sabido que él los escribía.
Hay muchas razones para pensar así. Sus múltiples viajes alrededor del mundo. Los millones de ejemplares de sus libros impresos y sus respectivas traducciones. Los muchos estudios críticos realizados a su obra. Y definitivamente la suma calidad de sus poemas.
Pero es obligatorio hacer un aparte y mencionar la causa primordial y especial de la grandeza de Neruda. Me refiero a su total compromiso con la esperanza. Y no en abstracto, sino en concreto, muy en concreto. De tal pacto nacen sus poemas.
En las décadas del 30, 40 y 50 del siglo XX ocurrió el final de la primacía del pensamiento propiamente conservador y de sus mitos; al final de esos 30 años la humanidad nunca más volvió a ser la misma. Una de las fuerzas responsables de dicha transformación fue el proletariado mundial. Y Neruda fue un militante que nunca dudó en acompañar a los sindicatos; los obreros pudieron decir con toda justificación: «Nosotros tenemos un poeta llamado Pablo». Creo que tal afirmación se convirtió en un mensaje casi genético. Pablo Neruda logró tal incidencia con su más grande poema: Su vida misma.

(De Heurísticas, de David C. Róbinson O.).