Retrato en sepia

Luis Enrique Mejía Godoy

A mi hermano Armando, en sus setenta años

Nota introductoria de los hermanos Mejía Godoy:

Queridos lectores de esta prestigiada revista ACIC Nicaragua:

Hace tres meses partió nuestro querido Manduco, Armando Mejía Godoy.

Nosotros, los seis hermanos que aún no nos reponemos de este golpe, añoramos todos los días su talento, su vitalidad y sobre todo su eterna vocación para ponerle al gris de nuestro tiempo los colores vivos de su coraje y dignidad.

Con un abrazo solidario a Lesbia y sus hijos, este hermoso escrito de Luis Enrique, ilustrado por este acrílico que intenta imaginarlo frente a su caballete, capturando el paisaje para entregarnos ese chorro de ternura hacia la tierra que hoy lo envuelve en el más fecundo de los abrazos.

Nuestro saludo de Año Nuevo a los colaboradores y lectores de la revista de ACIC Nicaragua.

Mi hermano Armando está cumpliendo setenta años
pero sigue siendo el xokoyotl
el menor de los cuatro hermanos.

Con él nos escapamos de la Catedral y de Monseñor Mejía
cuando yo tenía trece y él doce años
a finales de los años cincuenta
Hoy, todos setentones, junto a él
nos escapamos de la realidad
para seguir volando con la imaginación.

Fue contacto y correo de la guerrilla en los años setenta
Transportaba armas, guerrilleros, mitos y utopías.
En el exilio, él, Claudia y sus dos hijos
vivimos juntos en Costa Rica
cuando nuestra casa en Curridabat,
además de taller de pintura
fue también centro de conspiración.
Ahí velamos al Chas Mejía en noviembre del 78
y ahí se encendió chispa de lo que sería
Guitarra Armada
ahí compartimos pinturas, canciones, parrandas
y sobre todo, solidaridad y unidad familiar.

En los ochenta, en plena revolución,
en interminables jornadas después del trabajo
conversábamos y cantábamos
y recordábamos nuestra infancia
mientras alucinábamos
por el éter de una media de Ron Plata
de aquellos años
con cimarrona y boca de mango celeque.

Un día me mostró una comunidad de pájaros
en las Isletas de Granada
poblada de nidos de Oropéndolas
y sé que, en la Poza de Caulato y de Namancambra
que hoy llaman Cañón de Somoto
él se miraba en el Tezcatl de sus aguas
como un venadito arisco,
un pequeño mazatl.
Cuando vivíamos en El Espino
se desparecía, allá por Sonís y Las Papayas
entotorotado con güises, cenzontles y saltapiñuelas.

Armando es un niño grande
En sus bolsillos, entre las hilachas
carga piedritas de colores, monedas gastadas
y sueños extraviados
donde siempre tendrá también
algún papel arrugado
con el boceto de un perro, una carreta, una mariposa
o de un campesino que,
con alforja al hombro y machete en mano,
camina inclinado sobre su sombra
mientras un «alme´ perro» corre detrás de un cerco´e piedras
Sus dibujos pintados con la tinta del árbol brasil
pertenecen a esta época de la Insurrección y el exilio.

Hoy lo veo venir con su overol azul
o de bluyín con tirantes
su cola de caballo con brochazos de la cal del tiempo
sus manos anchas curtidas de pintura
su gran espalda de picapedrero
que un día rompió mi traje de bachillerato,
sus ojos pequeños y brillantes
y sobre todo, su enorme y generoso corazón!

Sus pinturas primitivas
fueron las primeras en denunciar
el despale indiscriminado
cuando no se hablaba del fenómeno del Niño
ni del Cambio climático, ni del fin del mundo.
Luego, sus ojos asombrados se encontraron con petroglifos
y las huellas del tiempo, el viento y los pájaros
entre piedras pintadas, pozas y caminos
que hoy mágicamente recrea como un viejo Tlahcuilo
en sus lienzos color de tierra
orgulloso de su oficio
cultura nahualaca, dice,
asimilada en aquellos años de búsqueda incansable
en los cerros del Norte.

Me convence rápidamente
entre risitas cómplices
de todo lo que ha aprendido de los libros
y de la vivencia con los campesinos de Somoto
o lo que inventa su extraordinaria imaginación
acerca de la historia de nuestros ancestros
y el origen de las palabras
que le suenan ensalivadas
al pronunciarlas en náhuatl.

He aprendido de él a ver la metamorfosis
en los códices antiguos
el Ahuizotl, el Nahui Ollín, al Papalotl
Venus en su esplendor,
el Xolotl en los amaneceres de Managua
el éxodo en las perennizadas y petrificadas
huellas de Acahualinca
el jaguar en su hermosa y abstracta expresión
el lenguaje del viento, la luna, la noche…

Un día me regaló una ocarina
con el alma de un pájaro en su vientre de barro
Cuando la soplés, -me dijo con los ojos brillantes,
saldrán mariposas de color turquesa, jade y amarillo
y vas a escuchar la música del viento prisionero
en esa miniatura de barro,
al natural, concluyó.

Cree que nuestra cultura
tiene antecedentes en extraterrestres y sondas espaciales
y me encantan sus grandes lienzos
que reproducen árboles azules
cargados de pájaros de ojos grandes
dualidades, calendarios y caracoles que flotan en el espacio
con un cielo color ocre, pulido, como la cerámica Ulúa.

A pesar de un soplo en el corazón desde joven
fue campeón de lanzamiento de bala, disco, jabalina
y cien metros planos en el colegio.
Luego fue campeón panamericano
de lanzamiento de disco
Y también, en los últimos años
ha sido campeón de la tercera edad
Hace unos años le pusieron un marca pasos
por eso anda más despacio o menos urgido
con su alma de Chorotega y su orgullo Amerindio

Mi hermano Armando
fue hecho del barro segoviano
y ahora que lo retrato en sepia
cuando cumple setenta años
lo veo como a un venerable Huehue
que sabe que no hay vida sin raíz
ni raíz sin cultura, ni cultura sin amor
con el mismo amor que ha hecho su familia

Por amor emigró con Claudia y sus primeros hijos a Costa Rica
Por amor emigró también con su familia a EEUU.
Miami y San Francisco de California conocieron
su amor por Somoto, en sus paisajes terrosos,
sus hornos de barro,
sus mediaguas y cerros pelados,
chompipes, sandías y máscaras
Por amor a sus raíces regresó a Nicaragua
Y volvió a poblar su casa de nidos de pájaros,
Jícaras, igüillas, tapas de barriles, nidos de pájaros
barriletes y cometas, máscaras de aluminio y corteza de palma
Las paredes tapizadas de cuadros
En esos años, el amor de Lesbia tocó a su puerta.

Con seis hijos sigue siendo un niño grande
construyendo con sus pinturas un mundo onírico y mágico,
repleto de símbolos y reflexiones profundas.

Este es el retrato en sepia
que con amor he querido hacer
de este inmenso pajarraco
que es nuestro hermano Armando
Un ropero lleno de ternura
El cuarto hijo de doña Elsita y el Chas Mejía
El menor de los varones,
el yokoyotl
que hoy cumple setenta años
y lo celebramos con cariño, alegría, admiración y respeto
porque él es un Huehue
un venerable y sabio anciano
al natural.

Altos de Ticomo, Nicaragüita, mayo, 2016