Cuando una poeta se enamora

Freydell Francela Joya Hernández


Ha pasado mucho tiempo desde que dejé mi pluma sobre el sofá, hoy me encuentro buscándola y me es difícil tomarla, pues la abandoné cuál malvada mujer, comportándome como un collón por no enfrentar mi realidad.

Hoy me ha visitado la poesía reclamando los versos que llevo guardados en el baúl de mi memoria, grita tanto que me estallan los oídos con el chillido de su voz, me vuelvo estólida y no acepto mi soberbia; su camisa color prosa es mi debilidad, veo en sus ojos el reflejo de mis asonantes y, en sus labios está la salida a este laberinto del que no he podido salir.

Me hice una mansión de arrogancia y con sus manos en las mías de dócil me gradúo; detrás de su seudónimo poético trae un nombre de hombre encantador. Siendo nada me vuelve todo y siendo todo me vuelve nada.

Me siento en un puente tan débil como mi desgastado cuerpo, me tambaleó cual hombre ebrio de sufrimiento: mis ojos cristalizados, mis manos sudorosas, mi cabello húmedo como la arena del mar, mis pies tiemblan cual magnitud y mis labios deshidratados, tan secos como una hoja y…

No hablemos de mis alegrías que lloran. Mis enojos descansan, mis diversiones van viajando y mi tristeza falleció de un infarto de felicidad; mi talento se ha vestido de un dorado puro y su calzado es de plata; la poesía se reveló contra mí y la pluma me escribe. Los versos me apuñalaron y la prosa de su traje se burló de mí.

Es confuso cómo se convirtió en mi talón de Aquiles, pues tiene la llave de hacerme reír o llorar, de enojarme y sonrojarme… Y los poetas locos dicen que a esta mi enfermedad se le llama enamoramiento, y que avanza a amar, y me vuelvo lunática, porque la confusión me envuelve… El amor de los poetas es incognoscible, tanto que te elegiría, porque eres mi poesía. La poesía que me vuelve locuaz y no me calla más que con su tinta de besos que lograron a una poeta enamorar.