Evocaciones de un espíritu

Prólogo

Henry A. Petrie


Espíritu de mi pueblo, es el primer libro de relatos de Carlos Alberto Urroz Robleto (Nandaime, Granada, 1955), estructurado en tres secciones con un total de quince narraciones, que a continuación reseño:
Primera sección, Misterios encolochados, la integran siete relatos cuya característica común es el misterio, las apariciones fantasmagóricas y el embrujo.

Segunda sección, Amores primaverales, son dos relatos en primera persona cuyo narrador, a una edad ya adulta, evoca a sus dos primeros amores en su adolescencia. Poesía, inocencia y ternura se conjugan y se preservan puros, porque jamás llegaron más allá del idilio.

Tercera y última sección, Del humor, la inocencia y lo inesperado, la integran seis relatos que, en su totalidad, nos brinda una panorámica más variopinta, determinada por las actitudes humanas que van, desde la sencillez y amabilidad, la picardía, la ambición, hasta la zanganada, infidelidad y la caza.

Las historias contenidas en este libro están construidas sin mayores artificios literarios, tienen su esencia en las vivencias llanas de su autor y personajes reales de los pueblos de suroriente, particularmente Nandaime, Granada, Masaya y Rivas. Esto incorpora también un carácter testimonial a la obra, de rescate costumbrista y reveladora del imaginario popular.

Urroz Robleto es un hombre de pueblo que se identifica con las costumbres y tradiciones nicaragüenses. Su intención literaria apunta a la memoria colectiva familiar y al entretenimiento lector, consciente de su desafío y pulimiento de técnicas narrativas.

Al leer estos relatos, uno se ubica en el círculo de amigos contando historias, reales o inventadas, porque la imaginación es parte de la vida que evoca recuerdos, vivencias dignas de compartir porque divierten, emocionan, asombran, aleccionan y enternecen cuando nos referimos a la muchacha más linda del pueblo, el primer beso, el primer amor.

Tradicionalmente Nicaragua ha sido un país de cuentacuentos; no hay comunidad donde una historia no se cuente con los condimentos de la picardía, el humor y el suspenso, desde nuestros ancestros. Así, entonces, el hombrecito que regaló un gallo encantado que después de las cuatro de la tarde ganaba todas sus peleas; la sencillez y camaradería de Ricardito que no le importó regresar a su punto de partida sin haber cumplido el encargo de su mujer y luego, partir de nuevo hacia donde iba, todo por acompañar a su amigo en supuesto favor de empujón.

La picardía y la zanganada que en algún momento se toman de las manos, como en los relatos Las sandalias prestadas, La mechuda de Canducho y La viagra. Un joven toma las sandalias de la imagen de Jesús resucitado para asistir gallardo a una fiesta del pueblo; un marido asustado porque ha visto una mechuda que lo quiere besar mientras dormía en una noche calurosa, roza con su pie la pantorrilla de su mujer para que lo ayudara, pero esta no le hace caso porque aquella es la señal silenciosa para hacer «el amorcito» y ella no quería; dos compadres se asocian para introducir pastillas hechas polvo en una chicha fermentada que hace dormir a los invitados, pero un día uno de ellos se equivocó y, en virtud de tomar su viagra, tomó un vaso de chicha sabrosa que lo durmió dejando ganosa a su amante.

Son relatos para compartir y departir, sin mayor complejidad estructural, tan sencillos como cuando dos conocidos se encuentran en una esquina, un bar o bajo la sombra de un tamarindo, donde se cuentan vivencias para pasar el rato y advertirse de los lugares encantados o donde espantan, como en el caso de la dama que iba en la orilla de la carretera y que el conductor de un vehículo piropeó, para luego desaparecer.
En Espíritu de mi pueblo la vida cuenta sus memorias en personajes comunes que interactúan no solo entre sí, sino con la naturaleza: lago, río, caminos, árboles y animales. Tienen, incluso, hasta un efecto oral.

Managua, Nicaragua, 26 de octubre de 2021.