Ernestina, una brujita miedosa que apuesta a la maravilla del cuento de brujas

Pedro Alfonso Morales

María Rebeca Mendoza Romero (Querétaro, México, 27 de enero de 1979) en su obra, Ernestina, una brujita miedosa (Par Tres Editores, México, septiembre, 2020), se ha inventado cuatro brujas para llevarnos hasta una casucha de paja y madera y a través de los hechizos en un caldero mágico y acompañados por Adelaida la gata, Crescencio el sombrero, el árbol parlante, la calabaza o Calabacina, y el cuervo Othón, por un recorrido lleno de aventuras por el bosque para encontrar a la escoba Agripina y que aprenda a volar la brujita miedosa.

María Rebeca Mendoza Romero fue una de las participantes del primer diplomado de Literatura Infantil y Juvenil en homenaje y memoria de nuestro amigo Franco Vasco de Panamá y organizado desde Guatemala por la escritora Brenda Monzón y que contó con las participaciones como catedráticos de los escritores María Guadalupe Castellanos y Alberto Pocasangre de El Salvador, Carlos Rubio Torres de Costa Rica y este servidor por Nicaragua.

Así que María Rebeca, me envió su novela a finales de julio y la recibí a mediados de agosto. ¿Qué es una bruja?, me pregunté cuando leí su libro. La persona que hace brujerías es bruja. La palabra «bruja» viene del inglés «witch» que significa «mujer sabia». Las brujas eran mujeres muy respetadas en la cultura celta. Tenían conocimientos sobre la naturaleza, la vida y las personas. Ellas mantenían vínculos con los seres vivos: personas, animales y árboles y todo lo que se mueve en la naturaleza.

La palabra bruja en español se desconoce su procedencia. Algunos señalan que la forma primitiva de bruja es bruixa en catalán. Otros puntean que la palabra bruja se relaciona con el latín vulgar voluxa que significa «que vuela», una de las acciones esenciales de las brujas. Hay quienes dicen que la palabra bruja viene de bruix del protocelta brixta que quiere decir «hechizo».

El vuelo de la bruja significa que el ser se libera de todas sus limitaciones terrenales para trascender y alcanzar niveles superiores de vida. Incluso, en nuestras comunidades indígenas, las personas mayores son consideradas como sabias o sukias, tales son las parteras y curanderas. Luego, con el paso del tiempo, la gente olvidó el significado del vuelo de la bruja y el cristianismo la satanizó.

Peter Haining (2 de abril de 1940 / 19 de noviembre de 2007), periodista, escritor y antólogo británico, en Cuentos de brujas de escritoras victorianas y citando a John Gaule, describe:

«Cualquier mujer anciana con el rostro arrugado, vello en el labio, un diente prominente, ojos estrábicos, voz chillona, lengua viperina, un abrigo harapiento en la espalda, un gorro en la cabeza, un espetón en la mano y un perro o un gato a su lado no solo es sospechosa de ser una bruja, sino acusada como tal»1.

Y en la misma obra, agrega citando a Reginald Scot:

«Aquellas a las que se tacha de brujas son mujeres por lo general viejas, cojas, de ojos legañosos, pálidas, malolientes y llenas de arrugas; pobres, hurañas, supersticiosas y papistas, cuando no reniegan de toda religión; mujeres en cuya razón adormecida ha encontrado el diablo un cómodo aposento, de tal modo que, sea cual sea el daño, infortunio, calamidad o masacre que sobrevenga, se convencen sin dificultad de que es obra suya, lo cual alimenta en su cabeza una fantasía ardiente y pertinaz»2.

Uno de los rasgos esenciales de las brujas es que son mujeres bastante feas, desagradables y despectivas. Otro rasgo especial, muy distinto al de las hadas, es que no se nace bruja, sino que se hace bruja a través de un proceso de conversión y pacto con el diablo. Ahora bien, la bruja se diferencia de la hechicera en que la primera posee poderes y la segunda, lo obtiene a través de rituales.

La hechicera se vinculaba más a la ciudad y la bruja, al campo. Pero a través de la historia se ha conocido que la hechicera, tales son los casos de Circe y Medea en la mitología griega, como apunta María Lara, citada por Beatriz Fernández, serán los antecedentes remotos de lo que hoy conocemos como brujas. Luego, la literatura conocerá la presencia de las primeras brujas en algunas obras.

(…) Empiezan a aparecer obras en las que se hace referencia a hechizos y encantamientos en el anónimo «Libro de Apolonio» (fechado hacia la segunda mitad del siglo XIII), «El conde Lucanor» (escrito hacia 1330 por el infante don Juan Manuel) o «El Libro del buen Amor»  (datado en fechas similares al anterior y escrito por el Arcipreste de Hita), que constituye el  precedente de la bruja por excelencia en nuestras letras, «La Celestina» de Fernando de  Rojas, escrito hacia finales del siglo XV, que incorporan episodios adivinatorios inspirados en la literatura clásica. Otros autores como Quevedo («El Buscón»), Cervantes («La Gitanilla», «El coloquio de los perros») o Lope de Vega («Entremés de la hechicera», «El caballero de Olmedo») representan en sus obras a brujas y hechiceras mujeres relacionadas con la magia de una u otra forma.3

Así que, la literatura infantil se valió de las brujas, igual como lo había hecho de las hadas, las nereidas y las ondinas con poderes de sus varas mágicas y los calderos, las magias, los encantamientos fueron esos lugares propicios para crear fantasía e imaginación que a los muchachos les gusta mucho.

Pero aquellas brujas con escobas, verrugas, sombreros puntiagudos, feas y malvadas que invadieron los primeros cuentos para niños, ahora se presentan más actualizadas y sus actuaciones son más sociables y sus vínculos con la comunidad y la naturaleza son aceptables pues no todo es mal.

Y es en el punto de contacto de la magia, el encantamiento y la fantasía, donde el viejo cuento oral, maravilloso, mágico y fantástico de las hadas, traza una línea fronteriza con el viejo cuento oral, maravilloso, mágico y fantástico de las hechiceras y brujas.

Ese punto común que ocurre en las varas mágicas de las hadas y en el fuego de los calderos de las brujas, ha servido para beneficio de los infantes que se ven atraídos por los cuentos espeluznantes de nuestra narrativa oral y quizás más vitalizados en la nueva narrativa.

Ahora bien, María Rebeca Mendoza Romero, autora de la novela infantil Ernestina, una brujita miedosa y de Tu pareja ideal, Antología de cuentos de amor y comedia (México, julio, 2021) en coautoría con las mexicanas también, María Eugenia Suárez y Sabine Schütze, es maestra en Derecho por la Universidad Autónoma de Querétaro, México, y se ha dedicado al servicio público en Procuración de Justicia. A pesar de que en la secundaria le gustaba escribir artículos, fue hasta en 2013, con el nacimiento de su hija, que empezó a crear historias.

En septiembre de 2020, hace ya casi un año, publica su primera novela infantil Ernestina, una brujita miedosa, y en 60 páginas desarrolla once capítulos a saber: 1. El caldero mágico, 2. La escoba, 3. Adelaida, 4. Crescencio, 5. No entres ahí, 6. El amigo parlante, 7. Un mago en apuros, 8. Calabacina, 9. Othón, 10. Agripina, 11. La noche de brujas.

El caldero mágico

En el primer capítulo de la novela, a través de un lenguaje sencillo y un narrador del tipo heterodiegético, es decir, un narrador ausente en la historia de la obra, y usando la antigua forma de «había una vez» para las narraciones orales, nos presenta el cronotopo de la novela, es decir, el tiempo y el lugar del desarrollo de la diégesis y a tres personajes importantes: Lola y Cleotilde, las dos brujas hermanas, y a Ernestina, la brujita, hija de Cleo.

El tiempo es impersonal como rasgo esencial de la oralidad y se usará el día para dormir, por razones obvias de los personajes, y la noche para realizar todas las actividades propias de las brujas y que constituyen el ser y la personalidad de estos individuos ya no tan malévolos. «Por las noches, se escuchaban voces muy extrañas, bailes, risas y cantos».

El lugar también es impersonal por su tendencia a la oralidad. Presenta su asiento en una casa de paja y madera ubicada en el bosque, un lugar indeterminado, que puede ser cualquier bosque de una ciudad o país de Mesoamérica o Latinoamérica. «Casi nadie se acercaba a esa parte del bosque. Estaba prohibido llegar hasta allá, y aunque no lo estuviera, todos tenían miedo de ir a ese lugar».

El cronotopo es un elemento importante en la obra, porque jugará un rol principal en casi todos los acontecimientos. De la casa provienen ruidos extraños, luces y cantos, porque es una casa de brujas. Este acierto consiste en que la autora se inventó canciones que complementan y alargan el festín de la casa de brujas… «Llegó la noche / ¡Ay, qué alegría! / Saquemos los calderos. / Haremos hechizos. / Busquemos las escobas, / volaremos por el cielo / y cantaremos con alegría».

Luego, presenta a las dos brujas que no son tan feas y desagradables como han sido estos seres en la literatura. Lola es alta y tiene 155 años de edad: viste de negro y con rostro pálido y nariz larga con verruga. Usa sombrero grande, uñas largas en sus manos, pero no tiene uñas ni dedos en los pies. El cabello largo les llega a los tobillos y no la escuché producir ninguna carcajada.

Cleotilde es menor, más joven y baja, y apenas tiene 120 años de edad. Su sombrero es corto y con punta. Su rostro no es pálido, aunque la piel es clara como los colores de la luna. También tiene una verruga en la nariz y viste de negro. Cada una tiene su escoba y se llaman Nona y Layla.

Por las noches visitan a su amigo Conde Vampiro, el cual representa a un personaje depredador e inmortal que antaño fue humano, según la historia de los condes-vampiros. Entonces, comprenderemos por qué dentro de sus amigas están las dos brujas del bosque.

Mientras viajan hacia donde el amigo Conde, a Cleo se le ocurre pensar que debe tener una hija. Lola le responde que los últimos cien años los han vivido solas las dos y sin problemas. Ya de regreso, Cleo insiste en la hija y convence a Lola para que la apoye en su creación.

¿Por qué, me pregunté, Cleo, no se busca a un brujo para tener a su hija? Ah, el mundo de las brujas y las brujerías, no funciona así, como en la creación de los seres humanos, macho con hembra. Esta distinción las acercas más a las vidas y las costumbres de las hadas, las ondinas y las ninfas.

El caldero mágico, que le da título al capítulo, es la respuesta a la creación. Traen el caldero guardado en la casa y buscan los ingredientes necesarios. La luz de la luna que dará color a la piel de la niña; el algodón para crear el vestido; la oscuridad de la noche para dar color al vestido; el canto del cuervo para la voz de la niña; hierbas y aceites para completar la creación. Ah, un mechón de pelo y una fotografía de la madre, le ofrecerá ciertos rasgos de la madre y su personalidad.

Todo se metió al caldero y fue removido como amasijo. Después de unos minutos y cantos y movimientos del caldero, y tras unas palabras mágicas de «noche, nochecita, oscura, oscurocita, fin, fun, fa», se oyó una vocecita saliendo del caldero mágico que decía: ¡Mamá!

El caldero mágico, tras el hechizo, ofreció en parto iluminado, una preciosa niña a la que su madre llamó Ernestina. ¿Por qué Ernestina y no Ernesta que parece más nombre de bruja? ¿Por qué los diminutivos en la historia de la niña? ¿No es mejor usar un lenguaje natural?

La brujita (la bruja recién nacida en el caldero) es hermosa y la verruga de la nariz le daba belleza. Ernestina tiene la piel clara y los polvos de colores le ofrecen un rosado; sus ojos eran grandes y redondos; el cabello castaño le llegaba al hombro; su cuerpo delgado con vestido negro y cinta morada en la cintura; su sombrero morado de pico alto y zapatos negros. Era una brujita hermosa.

La acostaron en la cama y le prometieron, madre y tía, enseñarles cómo se hacen los hechizos y cómo volar en la escoba por el bosque. Ah, pero esta es una coartada de las brujas o una técnica narrativa de la autora, porque a las hermanas brujas, se les olvidó echar al caldero, la escoba de la brujita. De aquí en adelante, la escoba se convertirá en la búsqueda esencial de las brujas en la obra.

Quizás por eso, el primer capítulo, llamado el caldero mágico, es un capítulo esencial y especial, porque funciona como matriz generadora de toda la novela o como estrategia narrativa de dónde saldrán todas las acciones y acontecimientos que estructuran la totalidad de la obra.

Por eso, lo quise comentar en su totalidad y en su generalidad, para que observemos la función narrativa que desempeña el primer capítulo. Me asombró mucho, porque según la autora, es su primera novela y, además, es una abogada metida a literata. Pero bien que planificó la estructura de la novela.

Gabriel García Márquez, dice que «en el primer párrafo de una novela hay que definir todo: estructura, tono, estilo, ritmo, longitud, y a veces hasta el carácter de algún personaje». María Rebeca no usó el primer párrafo, sino el primer capítulo para presentarnos la diégesis en su totalidad. La escoba que falta por descubrir es la cola del ratón que ofrecerá muchas sorpresas.

Sobre este mismo punto, el guionista Billy Wilder, anota que «comiencen su historia con una escena que atrape, que cautive al lector y le haga desear saber qué será lo próximo o por qué ha ocurrido algo, o quien es el personaje y que pongan en marcha el conflicto cuando antes». Algo de esto, tramó María Rebeca Mendoza Romero en su novela infantil sobre brujas.

Por eso, el segundo capítulo se llama La escoba y gira en torno a la búsqueda del vuelo de la niña a sus siete años con su escoba. Pero ella, la rechaza, porque es una escoba que se mueve sola. Por eso, el tercer capítulo, llamado Adelaida, su gata, que la acompañará a buscar la escoba que ha desaparecido, no es más que la propia abuela convertida un animal casero para cuidar a la niña.

Así, en esa travesía y aventura, por encontrar la escoba de la brujita para que pueda volar la niña, surgen otros personajes como Crescencio, el sombrero que guarda todo como por arte y magia; los árboles parlantes del bosque que a veces duermen a las niñas; la Calabacina que tenían ojos y luces en sus cuerpos; y Othón, el cuervo que también la acompañaría a buscar su Agripina la escoba.

Al final de la historia el Conde Vampiro logró llevarse a la niña en su vuelo y tras escapársele de sus manos, logró que Agripina, la escoba de la niña, la salvara de caer en el bosque. Así que, cuando llegó el 31 de octubre, todas las brujas pudieron participar y ser felices la noche de brujas, acompañados por todos los personajes que participaron en la novela.

En suma, Ernestina, la brujita miedosa, es una novela para niños que logra alcanzar su propio vuelo con bastante fantasía e imaginación que es lo que más les gusta a los niños. La autora de la obra, con mucha sencillez y muchas acciones para recrear la vida de los niños, logra llenarnos de cosas que resultan interesantes para la vida de una niña que cursa la primaria o alcanzado sus diez años.

Hay en la obra muchas cosas para reflexionar: brujas y verrugas, calderos y sombreros mágicos, conde, escobas y vuelos por el bosque, colores, ruidos, música y letra de canciones, palabras mágicas de fin, fun, fa, árboles parlantes, calabazas, magos en apuros con frases como patas de rana, cola de ratón, garras de gatita, cuervos y gatas, luces, lunas, supersticiones con círculos de sal y viandas de comida como ancas de ranas y ratones con su cola.

En fin, celebro la aparición de esta novela de brujas que en septiembre de 2021 cumplirá un año de publicación, por el mundo infantil que, María Rebeca Mendoza Romero, creó con mucha fantasía e imaginación, incluso, empleando ciertas técnicas narrativas que le agregan novedad a la obra, para que este libro sea leído por los niños de la escuela primaria y quien dice que no por los más grandes y adultos de la secundaria y la universidad.

 

Telica, León, Nicaragua, 18-22 de agosto de 2021.