Yo hijo lleno de ella

Henry A. Petrie


Salí del vientre
y vine al día en penumbra.

En casa fue el parto
con ayuda de otra mujer.
Abuela se paseaba
en las esquinas y rincones
aguardando el llanto.

Madre fuente cálida
y húmeda;
tras pujos, la explosión.
La vida desde adentro
emerge, y el aire
en los pulmones frágiles,
golpea.

Dolor que desgarra
y en el gozo se contrae,
afluente de sangre y leche,
agua que emana de tetas
jugosas.

Maná leche de teta fuente
que no bebí, pero amé
a la madre gozosa de mí,
gestado en sus entrañas
y en mi sangre su espíritu.

Madre diosa
entregada a su creación
con la ternura de aroma
y la caricia del suspiro.

Jamás mamé sus tetas.
Jamás bebí su leche.

Fui la vida que anidó,
madre óvulo, penetrado;
capullo líquido y cálido;
espuma cósmica sonora.

A sus 76 marchó…
Madre fuente
Madre óvulo
Madre capullo
Madre diosa

En su espalda el dolor,
grito del mundo.
Mis manos en su pecho
y el soplo multiplicado
desde mi aliento al suyo,
tras el golpe de vida
que pariera su sonrisa
en sus labios carnosos
saboreando la palabra,
de nuevo.

El soplo fuego de alma
en la desnudez del tiempo;
en mis brazos ella,
balbuceante;
acaricié sus cabellos
y la llamaba, como un niño
que no sabe soltar,
o no quiere,
y graba su rostro
el gesto luz de la despedida.

Madre bondad y alegría.
Madre ejemplo y laboriosidad.
Madre agallas de amazona.
Madre leona quetzal liebre.

En mis brazos la Madre fuente,
entregándose al sueño;
brazos de donde partió
Madre fuente diosa.

Y amándola,
desgarrado y entendido
la liberé de mi aferro,
cántaro de amor,
fuerza de vida
que también es muerte.
Cántaro que me contuvo.

Jamás bebí su leche
y la amé como fuente y remanso.

Fui la voz última
y mis brazos su cuna.
Yo el partero de su sueño,
el puerto de su partida,
el beso arrullo lagrimado.

Yo hijo lleno de ella,
su sangre que aún bulle
en mí

tanto
tanto

que en el recuerdo
vuelvo al parto
en cuya estela asoman
los rostros de mis entrañas.