Al lado de ella, siempre

Mauricio Rayo

Nacimos opuestos

Nacimos opuestos entre la noche sideral y la luz silente del hueco escondido de una tierra lejana donde ninguno de los dos sabía de la existencia del otro, solo vivía un sentimiento inculcado en nuestros genes, que provino de algún lugar de la galaxia.

Vos, naciste cóncava amatista, sutilmente buscando un cielo desde el signo de la tierra. Yo, convertido en áspera e inquebrantable estalactita descendiendo en espiral cíclico, apuntalando el cielo prometido; hasta que un día, nos encontramos al fin, después de miles de años en apacible búsqueda; poco a poco nos fuimos uniendo, estirando nuestros labios con ansias, como quienes exhalan el último deseo, y nos tocamos para estallar en éxtasis, sumergidos en el misterio húmedo de tu cueva.

 

Mutaciones

En mi vida pasada fui un árbol; abracé tu nido mientras eras pájaro. Luego, con el tiempo, fuiste mariposa; yo, un gusano delgado y largo, con alas de libélula y saltones ojos.

En el futuro quiero ser ardilla o jabalí; vos, querrás ser delfín o lagartija; distintos entre ambos para no fundirnos, para no estar juntos… pero, quedará el recuerdo que un día, en pasado o futuro, fuimos y seremos… polvo de estrellas.

 

Un nombre que no es su nombre

Es un vacío profundo que cubre todo tu cuerpo, luego, se introduce por la cuenca de tus ojos hasta tu cerebro, nada lo detiene; tienes que aguantar un poco, piensa que ya pasará; si opones resistencia es peor, es de duración larga, pero… pasará. Desespera a veces. Te acompaña cuando caminas pensativo, a la hora del almuerzo; cuando no estás pensando en nada o, simplemente cuando estás concentrado en alguna faena rutinaria. Es difícil expresar las distintas emociones que te atacan, que te hieren, que te sonríen y acarician. No existe nada igual, aún, cuando tengas momentos agradables, felices; nada es igual, si lo comparas con el sentimiento producido cuando estás frente a frente con ella. Susurra a tu oído recordándote quien eres, aunque de nada sirva. Te obnubila la tentación de encontrarle un nombre, la sensación de abandonarla, sumado a su vez, reconocer la importancia de estar con ella; aun cuando te haga daño, cuando te haga sentir que no existes. A veces se ausenta por periodos cortos o largos; en esos lapsus crees saber su nombre, te lo repite la gente a diario. Se llama Soledad, te dicen; aunque estás convencido que nunca ha tenido nombre, puesto que jamás has estado solo; siempre has estado al lado de ella.

(Del libro inédito Cuando la prosa es verso).