Entre sombras y voces

María Elsa Molina


Redimida

Soy guerrera, soldado escudero.
Crucé el desierto y aprendí a crecer en paciencia.

Espíritus inmundos
que vagan en la desolación del hombre
con mirada perdida, sin semilla.

Si antes me rompí,
una mano me sostuvo y enfrenté

Dolor
Tristeza
Rechazo
Cansancio
Desierto

Y lloré tanto como los gritos de mis adentros.

Hasta que creí y corrí;
salté, soñé y volé…

Yo la redimida, la guerrera
montada en viento fuerte,
la nueva criatura lavada con sangre.

Yo, vencedora del hombre
y de sus espíritus inmundos.

Después de la sombra fría

Aprendí a dormir entre huracanes y tormentas.

Tras desprecio y nulas señales llegó la desolación.
Mi dolor por desamor era un tonto,
y caminé sobre espinas, pesares callados;
la tristeza se vistió de risa, mascarada.

Aprendí a quemar el alma hiriente, y helarla
en la noche sombría, hasta el sosiego.

Esposas lo atan

El amado en su ira se pierde y los cristales se rompen. El cuadro hiere mis ojos. El coro cacofónico en su mente lo acompañan, y le duelen sus oídos. Sombras circundan su espacio, van y vienen, colisionan. La realidad es locura y no concede libertad. ¡Ay, qué dolor! El mar es una pared del infinito; su oleaje, látigos que descarnan el alma. El suelo se mueve, se eleva; surgen de las paredes escarabajos. Todo está en guerra y, de pronto, la paz. ¡Ay! Es triste amar y no poder salvar. Mi amado no es un preso del vicio, pero dos esposas lo atan. Cuadro del encierro y de cristales rotos, entre sombras y voces. ¡Ay! ¿Cómo retroceder el tiempo? De cuando era mi chiquito. ¡Cuánto lo he amado! Dos esposas lo atan. Y como no aguanto, por mi amor de hermana, lo desato.