El poema de los nudos

Sharon Pringle Félix /
La Chorrera, Panamá


Abrí la maleta de tu historia a las 11 menos 15
destrabando el pie de la alfombra rojo sucio que no vuela
la abrí con los dedos de mis lágrimas
merodeando la forma de tu cuerpo de árbol ausente
la velita que costó un cora se derrite en la lata
y el desierto de mis ojos agrieta los recuerdos de chipilín con queso
me permitiré reír
al son que tiro el pantaloncito negro con gris que gastamos de tanto caldo
y con una sonrisa remendaré el desgaste de un blue jeans regalado que tus dos montañitas llenaban
¿quién dijo que los indios no tienen nalgas?
debes saber que en esos calzones se quema el carbón encendido
pero hoy no está el olor de sus llamas
por eso la camisa de rayas color nubes tiene el hedor a la madera que aguarda la resina
y me calzo las penas de estas espantosas medias negras con cocadas
para regalar tu olor al viento
he de confesar que no me resistí a quedarme con tus pijamas regalo de mi tía yanqui
las guardé en una esquinita polvorienta de esta caja con cortinas
ahí donde 20 lápices amenazan con escribir poemas que fotografíen tu cuerpo
te confieso aquí tirada en el piso donde la noche me atrapó
virando los pies en la oscura incertidumbre del desvelo
no soportaré despedirme de tus pantuflas de Pokémon
ahora que lo pienso con los sesos fríos que congela el pánico
queda poco de tu alforja gastada
tus alhajas siguen en la mesita de noche
besando el jade de mi hija dormida
cada tanto mi dorso retrata su historia náhuat
para no olvidar que el destierro se cercena en el anular de tu mano izquierda.

Son las 11 y no está el olor de tus canas
ni sobre esta cama prestada donde tres hormigas me pican el culo
miro que en una tablilla que resiste el tiempo
tu quena no fluye aquella nostalgia andina cuando el cóndor de Leo pasa
y aquí abajo en mi nombre se menean cientos de historias viejas
al son que el palo de lluvia suena sobre mi vientre huérfano
toca suavecita la melodía de la estrella perdida
justo en el ombligo que lamía tu rebeldía
donde busco los besos tatuados con quejidos
donde indago tantas gotas de tu agua entre el aceite de maracuyá
las ventanas de prosa
tu aliento indio
las montañitas que bajaban de tu espalda robada
ay tus montañitas
maldigo y bendigo
de a poquito
anudo tu saco de mentiras
las pequeñas y las mezquinas
las anudo a mi garganta
para escupirlas en una danza donde nadie baila con plumas
y el romero no bendice un altar guerrero.

El dolor no amanece
y rapidito avanzan estas hojas del tiempo donde desnudo verdades
se deshoja mi cuerpa
grito al infinito
desgasto la puerta del tiempo para sanarme
amárrame el cabello con el nudo de tu lengua
baja lento
desata mi cuello
cada hebra
cada pelo
arráncame las venas para lucirlas en collares
para estrangular los pensamientos que se me anudan en cualquier parte
para hacer fluir lo que me atora
y vomitar la melancolía que me abriga la sangre.