Al ritmo de la victoria

Helen Cristina Medina Bertrand

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Y se abrió la caja de Pandora de donde salieron todos los males. Mas la verde Esperanza, libre y sutil, danza al son de la siringa para succionar el néctar melifluo de la libertad. Y yo, desde mi ilusión y pluma, escribo al ritmo de la victoria.

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Creíste que me detendrías, Basilisco, te reíste y ufanaste cuando pusieron obstáculo a mi libertad, pero no sabías que yo poseo cuerpo de aire y alma de viento, más sobre ti pende la espada de Damocles, que espera ansiosa y oscilante un silbo apacible para traspasarte certera.

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Beelzebub, dios de las moscas, fue vencido por la vara de Moisés. Asera, diosa de la fertilidad, fue desbaratada por el valiente Gedeón. La estatua de Diana en Efeso, fue derrumbada por Juan, el discípulo amado y Satanás, fue derrotado por Cristo en la cruz del Gólgota…

¿Qué te hace pensar que eres inmortal? De lucem sempiternam saldrá un «Christe redemptor meus» que te desintegre,  Jörmundgander, y no vacila.