Mi cuerpo

Carola Brantome

Es una orilla mi cuerpo.
La orilla de un río ensimismado.
Un río que bordea sin rebasar.
Una orilla en vilo.
Como un pozo de aguas absortas,
embebidas en sí.
Un juego de subterráneas hecatombes.
Pedrerías contenidas
al filo de una precipitación.

Mi cuerpo es la orilla de un abismo.
La eternidad de un instante arenoso.
La duda de una precaria afirmación.
Un significado con referencia oblicua.

Una letra, es mi cuerpo,
la memoria de páginas
reescritas, releídas.
La voz de un precario olvido.

Mi cuerpo es el poema que no he escrito.
El gran poema de la tarde.
Un poema de significaciones acuosas,
de líneas y rayas desmoronándose.

Es mi cuerpo el aliento de venideras
estanterías,
la infinitud de posibles anaqueles,
y la persistencia de ubicuas bibliotecas.
La escritura de Dios.

Es mi cuerpo la ávida memoria de otro cuerpo.
La certeza del deseo,
la habitación de los roces,
la gravitación del delirio.

Con mi cuerpo llego a otro cuerpo,
a través de abismales inconstancias,
en un juego de mínimas avenencias
y de impredecibles entregas.

Llego a otro cuerpo
con la persistencia ritual de la muerte
y la tenaz amenaza de la vida.

Llego a otro cuerpo para conocer a Dios,
para tener memoria de la obscuridad,
y constancia de la luz.

Y mi cuerpo es sustancia de aquél.
Aquél en el que mi cuerpo navega,
bucea,
ara,
siembra su no destino,
su inteligible palabra.

Es un mar mi cuerpo,
una pequeña flor de sal,
un molusco,
lechoso, viscoso, jugoso.
S un río.

(Tomado de El Güegüense al pie de Bobadilla: Poemas escogidos de la poesía nicaragüense actual. Selección, introducción y notas: Omar García-Obregón y Conny Palacios; ps 195-196).