La tarde cae lenta y áspera

Naví Argentina Rodríguez Rivera


Inercia

¿Volar hacia dónde?
sin sospechar el nido,
sin razón de la migaja
ni huellas del destino.

¿Llegar a qué?
posarme en una rama,
un árbol sin cobijo,
un cielo sin sustento.

¿Picotear a quién?
el gusano que se arrastra,
el grano que no nace,
el pan que nadie come.

¿Cantar por qué?
por la gota que no llega,
por el silencio de la tarde,
por el hogar que ya no existe.

¿Volar hacia dónde?
al sol que ya se esconde,
al fin del otro lado,
sin destino, ni sustento.

Peregrina

Ya es tiempo de irse
dejar de ser sombra,
permitir borrar el rostro,
desandar las huellas
y saltar el acantilado.

Volar sobre las rocas,
extender las alas,
agudizar la vista,
con el destino abierto,
sanar las heridas.

Curar el ultraje
con peregrinas andanzas,
rozar las olas
zambullir el pico,
engullir el pescado.

Cazado en el vuelo
cumpliendo su destino,
asimilando el mío,
desapareciendo en el celeste
y enlazando nuevas olas.

Irse sobre el viento,
planeando sobre la arena
mirando al ermitaño
marcha atrás bajo el muelle,
caminando sobre sus pasos,
perdiendo mi sombra
borrando mis huellas.

Tarde Absurda

La tarde cae lenta y áspera,
al estilo hastiado de Pessoa
y te rebusco en un poema,
para resucitar mi piel y tu aroma.

Erizarla y respirarte profundo,
enoja el poema que no llega,
acopio la indiferencia del cielo gris,
en esta tarde absurda y tonta.

Comienza la agonía de otro día,
veo al horizonte sin alegría,
me molesta tu ausencia
la piel que nada dice sin tu aroma.

Se estira y languidece,
frente a la inspiración que no se ofrece
tarde adormecida, cielo oscuro,
inexpresivas estas palabras, a nada suenan.

Se ha ido la música en esta tarde,
el tesón de acariciarte con mi voz
poco a poco fenece entre las brozas
de los pétalos marchitos del jazmín.

Sola estoy en esta tarde de invierno,
la lluvia invadió nuevamente las calles
y me pareció verte ir contra corriente,
pero no, era una sombra que se marchaba.

A nadie dijo adiós el suicida,
dejando herido el corazón de madre,
hastiado de buscar amor
abrazo la muerte más tibia que la ausencia.

Su rostro tiene los ojos abiertos,
mira el infinito con indiferencia,
eligió una tarde lenta y tonta
para desposarse con la pálida.

Alrededor lloran frente al espanto,
en una tarde pegajosa y enlodada
el descansa abrazando a su amada,
ya no recuerda a quien vivo lo rechazaba.

Y me enoja que el poema no fluye,
que mi piel no se erice con tu recuerdo,
sentir esta tarde monótona y fría,
frente a un alma que feliz descansa.

He tirado el reloj para olvidar el tiempo,
velaré la despedida del valiente,
que ha encontrado un poema
Junto a la reina invencible,
la bella inviolada.

Lo veo y tengo envidia,
lucho contra la tarde de hastío e inclemencia,
sus labios aún rosados, sus cabellos oscuros
con sus manos cuidando el pecho sonríe.

Así me iré una tarde, lenta y absurda,
trinando por las praderas verdes,
rozando el pasto y bebiendo del rocío,
olvidaré la tarde y ya no habrá poemas

(Del poemario Estamos torcidos)