Madre mía, amor total

(Nota editorial: Acción Creadora Intercultural, ACIC, en homenaje a las madres nicaragüenses, publica dos hermosos poemas tomados de la antología de poemas a la madre, Todo el amor, publicado por el Fondo Editorial CIRA, compilación y nota introductoria de Iván Uriarte).


A mi madre

Alfredo Alegría (Jinotega, 1893-1974)

Madre mía que tienes
la voz de santa,
porque orgullo no ha habido
jamás en tu alma;
que cavaste con ríos
de tu constancia
huecos para los hijos
de tus entrañas:
hueco tibio en tu pecho
de leona amada,
hueco suave en tu seno
de porcelana,
hueco amable en la cuna
donde guardabas
con espada de arcángel
y ojos de hada.

Madre mía que hiciste
con tus dos manos
tantos surcos abiertos
para colmarlos;
que regaste semillas
sobre peñascos;
que sembraste mi infancia
de lirios blancos;
y en el pan, en el agua,
en la espina, en el nardo,
exhalo tu presencia
perfumes santos.

¡Tan cieguita que miras
ya tus rosales!
¡Tan plateadas que llevas
las sienes graves!
¡Si parece que tienes
la voz más suave,
más serena la frente,
más triste, madre!
Y tan sola que pasas
mañana y tarde,
porque nunca has querido
sombra de nadie.

Que vengan los pajaritos
a acompañarte;
que mi verso, que es tuyo,
te diga ¡Salve!;
que el hada Mariluna
venga a peinarte;
y en tus noches solitas
en que te abstraes
con tus sueños en Cristo
que el Cielo te abre,
que la silla en que posas
mezan los ángeles,
y te duermas y sueñes,
sueñes, descanses…

En la muerte de mi madre

Mariana Sansón (León, 1918-2002)

No es la muerte
que se espera de siempre,
es el instante
de esa solemnidad
en que se paraliza el aire
y por la boca
en un bostezo lento
se va diciendo muerte
por los labios.
En ese tiempo justo
de las cosas terrenas
vi morir a mi madre.
¡Sola! fue la palabra mía
que penetró hasta adentro.
Sentí temor del mundo
que desgarraba vientres.
Era la soledad
majestuosa del peso
que al caer en la lágrima
se convertía en eco.

Es presencia continua
de una ausencia continua.
Un descenso que alcanza
Caída de alma y sangre.
Hacia mi alrededor
hay todo, risas, llantos,
una puerta que se abre
y otra que me cierra.
Puede pasar la noche
que se extiende en mañanas,
pero yo estoy de pie
mirando un lecho,
atornillado y fijo
en mi memoria.