La muerte sol existe en la mirada del otro

(Del libro Con los sentidos despiertos)

 William Anastacio Areas Calvo

 Miel y leche

  —Romántico ‒me dijo ella‒, eso es lo que eres.

—Como si serlo fuese pecado ‒le respondí.

—Quiero comprar el ruido de las armas en el mundo y sepultarlo en el próximo río de lava del volcán más cercano.

—¡Iluso! ‒me gritó.

Fui a mi habitación, ella me siguió, me tomo del pelo.

—¡Dame calor! ‒me dijo.

Le di mis manos, las dispuse para ella e hizo muchas cosas con ellas.

Yo atravesé sus canas, y le dije al oído:

—Así somos, en todo vemos poesía, prosa…

El ciclo político

Hubo una tormenta que pasó dos veces por el mismo país.

Cuando pasó la segunda vez, se dio cuenta que había hecho mucho daño la primera vez, que no era necesario que volviese a pasar.

Se sintió mal, estaba triste. Entonces decidió volver a pasar.

Ahora, en ese país, está en proceso una dictadura.

El mojado

Lo agarran en la frontera en la mitad del río.

—¿Nombre?

—Ojalá tuviera uno ‒responde.

—¿Cómo está usted aquí?

—¡No me ve!

—Si lo veo, ¿y?

—¡Pues mojado!

Cambio climático

En ese instante se dio cuenta que era el único que quedaba. Además, era inmortal. ¿Cómo?:

—Sí, la muerte sólo existe en la mirada del otro ‒dijo.

En el corredor seco, donde la lluvia ya no era posible en los últimos cien años, el manto acuífero subterráneo se ha agotado. El último ser humano lanza la última palada de tierra en la tumba que ha forjado, entierra a su única compañía: la iguana.

Años atrás, unos locos ‒según él‒ le explicaron de esa posibilidad. No les creyó, eran científicos. Les creía a los dirigentes, los que se fueron hace algunas décadas en un vuelo a Marte.

Alrededor del mundo explotan los silos de armas nucleares, tienen un siglo sin mantenimiento.

Desde la colonia de humanos en el planeta rojo, dentro de bunkers y a través de pantallas, ven en directo la explosión de la tierra, el planeta azul que los amamantó.