… las gaviotas nadan / y los peces vuelan

(Poemas del libro inédito Tu cuerpo, guarida de los pájaros)

Alberto Juárez Vivas


Yo vi en tus ojos

Cuando pasé frente a la iglesia de Somoto
miré una paloma de castilla
volar hacia los cielos;
envidié su libertad y sus ansias,
me cautivó el sabor de su cultura,
de sus calles pintadas por el viento.

También vi en tus ojos de somoteña
una garza de amor enredarse en un beso
y sentí que en tu mirada
brotaba como una flor de luz
el amor de Cristo.

Y en ese instante nació el misterio.
Olvidé si al respirar se vive,
si mi sombra vaga sola
o se va contigo.

De tu rostro brotaron las humandas,
sentí abrirse la tierra
para escaparme contigo;
creí escuchar a tu dolor
hablando con el mío.
Y es que te vi tan bella
como dueña de todas las formas:
mujer, prado y paisaje.
Me he quedado atrapado
en tus misteriosos ojos.

¿Y ahora?
¿Cómo olvidar a Somoto?
Si en tu mirada que llevo en la memoria
como un secreto,

danzan sus calles
abrazan sus flores
cantan sus cerros.

¿Cómo te llamaré yo?

Y si después de tanto labio
surge el dolor
con su pañuelo de tiempo
y la distancia hiera con dardos
la espalda de la tarde

¿Dónde estaremos,
con que extraños?
¿Hacia dónde
caminaran nuestros pies
cuando la noche estalle?
Si al finalizar el día
llora sin querer tu rostro en el espejo

¿Cómo deberé llamarte?
Te nombraré acaso

Rosa
Piedra
o Estío.

¿Hacia dónde
caminaran nuestros pies,
cuando la noche estalle?


No veo el mar

No veo el mar,
porque más allá de tus ojos
el agua es otro mundo,
donde las gaviotas nadan
y los peces vuelan;
la arena es miel
que salta hasta mi boca.

No veo el mar,
porque más allá de tu cuerpo,
la primavera silba
y la muerte es solo un beso.

Entre truenos y guitarras,
un alarido que nace entre dos cuerpos,
un roce sin gemido en la oscuridad.

No veo el mar…
Tú estás ahí,
enfrente de todo,
despertando en mí sangre
ese olor a piel,
a fuego
y a palmeras.

Tú estás ahí,
serena,
inevitable,
salvaje

Sosteniendo estos pedazos
que se incorporan a tu frente
como labios
en forma de besos,
que hacen de tu cuerpo
un baladro recorrido por luciérnagas.

No veo el mar
Porque está en tus ojos.