La espiritualidad en la obra plástica de Mauricio Rayo

Naví Argentina Rodríguez Rivera

Cualquier creación artística es hija de su tiempo y, la mayoría de las veces, madre de nuestros propios sentimientos. (Kandinsky).

En mi opinión hay dos tipos de viajeros: los que viajan para huir y los que viajan a buscar. (Érico Verísimo).

Cada producción artística tiene su propio tiempo y contexto, no es posible revivir los frescos de Pompeya (pinturas romanas, realizadas antes de Cristo), considerando que las inquietudes del artista en aquel momento estaban ligadas a su percepción del mundo, a una cosmovisión cultural y una realidad propias.

Las técnicas artísticas se modifican, mejoran, emergen nuevas y así el artista también evoluciona hacia las realidades emergentes, transmiten emociones, sentimientos y pensamientos, cuya estética va a tener algún significado según sean nuestros sistemas de relevancia.

Cada vez que un crítico de arte escribe sobre la obra de un artista, es frecuente encontrar que interpreta la técnica, los símbolos, los colores y la forma en un determinado estilo, llámese surrealismo, expresionismo, impresionismo, hiperrealismo, arte abstracto, arte moderno, realismo, arte pop, arte conceptual. Estos son los aspectos exteriores sobre la estética y sus convenios. Sin embargo, son muy pocos los que se interesan por el placer espiritual que genera una obra artística, el sentir interno y las aspiraciones, la realización y alcanzar la inmanencia de lo divino que se expresa en cada ser vivo.

La unión espiritual entre el artista y su obra es un aspecto vital que encontramos en las pinturas de Mauricio, en su madurez ha encontrado el sentido de la inmanencia en el arte, más allá de la técnica y el concepto, coherencia y armonía despiertan un placer que puede sentirse como notas cósmicas, como partículas que danzan convirtiéndose en ondas, realidad y fantasía se pintan sin umbrales precisos. El tiempo y espacio internos se visualizan con su propia dinámica en ascenso, mientras el tiempo y el espacio externo se observan en una dinámica natural que es parte de la espiritualidad del artista, parte de ese todo en el cosmos.

La obra artística de Mauricio es movimiento permanente, espiral ascendente, evolución, pasa de la tranquilidad contemplativa a la explosión de la energía. Todos los elementos se encuentran en sus pinturas: fuego, agua, aire, tierra y el cosmos. La vida está en constante transformación, peces, aves, plantas, hombre, mujer, niños.  Cuerdas, ondas, partículas, alquimia y metamorfosis, es una obra de arte que se disfruta desde la complejidad inmaterial, despertando emociones que matizadas con palabras serían imposibles de expresar.

En su obra la gran imagen mediadora que da equilibrio a la conciencia es el Ánima, la mujer etérea. Por lo cual, las pinturas de Mauricio tienen un lenguaje poético que le permite actuar con plenitud, ir más allá del realismo, sin caer en la subjetividad vacía. Dispone de su consciencia para transformar el mundo interior y exponer una dimensión incorpórea que subyace en toda obra de arte original, que interactúa con quienes la observan. No hay nada estático en su pintura, las mismas montañas están en movimiento, los objetos inanimados toman vida y vuelan, fluyen con el todo. Es precisamente eso lo que atrae, el movimiento de las imágenes, desde la mujer nido de aves que cantan, a la orilla del agua que fluye y la tierra que la ha imantando por un momento, con un sol o una luna, no hay un tiempo preciso en su obra, dado que todo es movimiento. Manejando con verdadera experticia el concepto de las partículas y las ondas que se intercambian simultáneamente. Todo es energía pura: amor, danza, vibración, erupción, vuelo.

El movimiento flamígero está presente, sin embargo, Mauricio lo apropia dotándole de energía femenina (ánima), como impulso creador y, aunque la mujer vuela con sus cabellos en forma de alas tras el amor etéreo que siempre vuela más alto, ella vuela sobre las montañas, tiene manos bien formadas y dispuestas a alcanzar lo inalcanzable.

 Los sueños dan alas a las fantasías de los temerarios. (Vulgata).

Nuestro espíritu tiene una grieta, que cuando se logra tocar, produce un jarrón no quebrado, hallado en el fondo de la tierra. (Kandinsky).

Mauricio también escribe, he logrado descubrir en este viaje por sus obras de arte, el proceso de transición interior, sus pinturas no parecen estar terminadas y se refleja que los pies no están del todo asentados en la tierra, sin despegarse de ella definitivamente, la toma como un punto de apoyo para volar y de su pluma salen alas de aves y mariposas, peces y partículas. En su paleta de colores la espiritualidad se manifiesta, recordando la obra de Marc Chagal, su nostalgia, la mujer y el hombre que en el amor no terminan de poner los pies en la tierra.

Para viajar basta con existir. (Fernando Pessoa).

La obra de Mauricio es futurista, guarda un germen para la posteridad, de lo contrario sería un arte castrado. Sus líneas son ondas que se disparan hacia el futuro, infinitamente abierto, el mismo suelo es inestable y más parecen las cuerdas del tiempo relativo e inestable. Es obvio que hay unidad entre arte y ciencia, física, geometría, cuántica, biología, dialéctica, todo inherente a la obra unida al artista.

No es lo mismo observar las obras costumbristas de Mauricio Rayo, realizadas años atrás, que encontrar esta transición no solo en el estilo, sino también en la transformación alquímica interna, lo místico y la ciencia reflejadas en el arte.

Mauricio logra transmitir ascetismo, sensibilidad, el amor puro como diría Platón, pinta con el corazón y utiliza la técnica de forma talentosa, su lenguaje pictórico es eminentemente poético. Transmitir a otros y otras está por encima de la técnica, sin descuidarla y adaptándola a su necesidad de ese «decir a las miradas» que pueden encontrarse en su búsqueda de lo emocional, por lo visto aún inacabada, volátil y enérgica. Privilegia la expresión de sentimientos y emociones, tratando de reflejar lo que es real en cada movimiento.

La geometría en sus obras no es rígida, usa los círculos para expresar la relación con el cosmos, los cuadrados flexibles cuya vectorización espacio-temporal es dinámica, reflejan el espacio y el tiempo interno espiritual. Prevalecen figuras irregulares nada simétricas. El uso de los triángulos ascendentes indica movimiento. Por lo tanto, la estructura de sus obras refleja la flexibilidad, la transición, la metamorfosis que se sucede durante la fusión entre el arte y su espiritualidad.

El cielo no es un lugar, es un breve momento que conquistamos. (Mia Couto).

La obra plástica de Mauricio logra reunificar diferentes estilos artísticos, la unificación de las sustancias elementales, como resultado altera el equilibrio estético establecido y se sale de las normas en la búsqueda de la fusión y por ende su arte es anarquía o sea una alteridad que emerge desde su búsqueda interior inconclusa. La reflexión es permanente, en algunos momentos contemplativa y en otras es intensa, sus posturas diurnas están afianzadas en las manos, en la geometría y el gigantismo que es notorio en las imágenes diseñadas en primer plano sobre las cosas y el entorno.