Percepción de Luciérnagas en abril

Helen Cristina Medina Bertrand

Cuando leí el libro Luciérnagas en abril mi memoria me llevó a generalizar y abstraer, hacer relación textual (hipotextual e intertextual), y, a medida que iba leyendo las líneas y las entrelíneas se fue creando en mí esa relación necesariamente dialéctica, el universo de fundar mi propia percepción de las imágenes y mensajes que el autor transmite a través de los signos y los enigmas de la palabra impresa. De esta relación de complicidad entre escritor y lector, seductor y seducido, hay mucho que esperar y decir.

En cuanto al escritor, me trajo a colación el poema La poesía es un arma cargada de futuro de Gabriel Celaya, en la que deja claro que es fácil cantar versos, dáctilos y pirriquios fuera de una patria flagelada por la dictadura y la miseria. Petrie es un gigante valiente, «hombre-montaña, encadenado a un lirio», el lirio de la esperanza que ha escrito poemas dentro de la patria que vibra, ruge y gime por justicia. Con su poética deja bien en claro que es un Atlante con el orbe del patriotismo a cuestas y lo transmite en cada verso sinfónico que ha burilado su pincel de poeta, que como Pigmalión desea que sus letras encantadas recobren vida en el lector a través del beso de Venus. No cabe duda que poeta y poesía dejan en el corazón creer en la esperanza, la verde esperanza que aún yace tímida en la caja de Pandora.

Con relación al título, recordé la película La princesa y el sapo en la que Ray (uno de los personajes principales) está enamorado de la estrella azul a la que ha nombrado Evangeline, él piensa que es otra luciérnaga por la similitud de la luz que expande. Ray es asesinado por Facilier, su antagonista, en su ardua lucha para que el sapo fuera libre del conjuro y recuperara su apariencia humana y desposar a «bella», pero acepta complacido su muerte porque sabe que se va a unir a su Evangeline. En esta obra Luciérnagas en abril, cada poema cargado de patriotismo y una santa indignación, pregona las vidas de los muchos Ray que dieron su vida llena de luz para alcanzar el ideal, ese ideal etéreo que solo se alcanza muriendo «la semilla para que dé frutos debe morir primero».

El sacrificio es un elemento intrínseco en la obra, lo que analogiza el poema de Pablo Antonio Cuadra, Interioridad de dos estrellas que arden, en donde la madre y el guerrero donan su vida por un hombre y un mundo nuevo. Al mismo tiempo nos hace recordar el sublime mito náhuatl, que cuando una madre moría en labor de parto y un soldado fallecía en plena lucha, sus almas eran transportadas al mundo cósmico, convertidas en estrellas refulgentes.

Con respecto al contenido, es difícil concentrar tanta fuerza y profundidad en una sola palabra: la patria vista desde el punto de vista cívico y doliente, así que Petrie acierta en titular su libro de una forma tal que atrae la curiosidad del lector, que una vez inmerso en el libro queda capturado hasta el final. En Abstracto y flotante, se presenta una invocación al dios Mamón que nos hace imaginar los ritos esotéricos de almas insaciables y avarientas cuando refiere: dinero, dinerito llorón, también nos hace figurar al dios del inframundo con sus agitadas barbas serpentinas al evocar caos, caos, caos, o al corcel bermejo apocalíptico que al que lo montaba le fue dado poder de quitar de la tierra la paz.

En los versos: «Un grito rompió la monotonía/ un grito de hombre pariendo invenciones/, un grito multiplicado/ inventándose el hombre y sus mundos/. Un grito que yace en su fondo/ mental», trae a remembranza a Juan Lanas, cuando grita desesperadamente en el cuento ¿Por qué? de Darío por las injusticias acaecidas en la tierra, un grito de espanto hacia el infinito como tirando imprecaciones a un cielo chisporroteando fuego y azufre, el grito penetrante como el de Van Gogh.

Es impresionante la paraprosdoquía de los versos finales de Duele I: «Escorpión envenenó la verdad/ emuló la mentira/ el engaño, paseándola en carnavales/ con máscaras patéticas y poetas ventrílocuos». Un final inesperado en el que el escorpión se solaza por el daño causado ante el punzón herético que ha penetrado. La écfrasis de una patria decadente siendo abatida por el flagelo de una dictadura en Duele II cuyos versos se explican por sí solos: «Duelen los párvulos, aquellos cachorros/ del sacrificio y caída, el desgarre/ mutilación de la matria».

Los hipotextos referidos en la obra como el retrato de Dorian Grey, Beso de la patria (como el poema Beso para la mujer de Lot de Carlos Martínez Rivas), nos refleja una riqueza hipertextual, dejando entrever el conocimiento artístico y literario del autor.

Esta obra hiperrealista me permite ubicar al poeta en las corrientes de los «ismos», que podría ser concebida como herramienta de transformación política y social, más el traumático acontecimiento de 2018 lo encamina hacia una poesía más comprometida, social y política. Toda la textualidad puntualiza la realidad de la insurrección, con alusiones a la muerte, a la desesperanza, a las crueldades que allí se cometieron y con un reclamo a una ley que les proteja de la injusticia, donde expone que como sociedad están tocando fondo.

Petrie utiliza la poesía como algo que no solo sirva para embellecer algo vacío de contenido, sino que lo hace mucho más desnuda, libre de florituras, para que sea una forma de protesta social, una herramienta para formar y transformar al margen de ideologías y militancias políticas.

Somoto, Madriz, 5 de enero de 2021.