Mío eres, tuya soy

María Elsa Molina
A Marlon González

Es un ángel vestido de demonio
que me enamora;
ángel sometido al escrutinio de las estrellas.

Él sólo escucha música
de dolor, soledad y muerte.
Yo soy el hada de sus sueños.

Espera, amor, espérame
que me hundo sin vos. Sin prisa,
espera mi llegada.

En la soledad hay sombras;
en la oscuridad fantasmas.
La esperanza tiembla,
pero mi corazón te espera,
déjame entrar.

Déjame
para que rompas mi carne,
cabalgues mi alma.
Déjame cobijarte en tu dolor.

Mi amor es lámpara para tu cielo oscuro.
Me atreveré a quitarme la armadura para amarte.

Déjame entrar, espérame
hasta que me abras, mi amor.
Siento intenso,
promete que no te rendirás.

Me abrazo a mí misma, tengo miedo
de quedarme indefensa
y que mi mirada que hoy ilumina
se apague,
que mis ojos lluevan.

Pero resisto.
Ya fui polvo, ya me quebré en pedazos,
pero mío eres, tuya soy.
Te he esperado todo este tiempo,
sin imaginar la travesía.

Vine al rescate. Vine a salvarte.
A enseñarte a conjugar el verbo amar,
a revelarte el arma,
donde el mundo duele menos
y se descifra amar al revés.

Cuando dos se aman no se abandonan,
nace el fuego de sus cenizas,
se enciende la llama,
vuelven las sonrisas.

Estamos destinados
y el viaje terminó.