Aurora

Freydell Francela Joya Hernández

Hoy es uno de esos tantos,
donde recuesto la mirada sobre el hombro de la luna.
Es uno de esos
donde empiezo a pensar en ti,
porque en ti pensar se vuelve interesante.

Callas mientras dices todo lo que tienes que decir,
porque decirlo es la forma más bonita de callar,
y me sorprende
que pienses tanto y a la vez nada cuando piensas que eres fea,
sin saber que sabes mucho y a la vez poco
porque ignoras tu belleza.

Me aniquilas con tus conocimientos alucinantes,
como alucinante sería tenerte,
porque tenerte sería tenerlo todo
y me pregunto a veces,
qué sentido tiene tenerlo todo,
si tenerlo todo significa perderte a ti,
o quizás ganarte,

y se vuelve ojienjuta mi poesía
cuando confundo sus prosas con tus labios;

se enojan los versos cuando me deslizo en tu cintura
y la rimitis me pone en ayunas cuando le cuento
que en esta galaxia sombría existe una Aurora
más impresionante que la boreal,

que tiene su cabello tan negro y tan liso,
que me desliza y me envuelve, que sus ojos
son los ojos de un astronauta viendo la luna,
que su nariz apunta siempre
con una flecha que envenena de amor;

que lleva en sus labios un hechizo de empatía,
que su corazón está como un volcán activo,
o quizás como el mar, que quema y moja
como quién quema y moja una hoja de papel;

cómo le explico a mis versos alejandrinos
que la métrica perfecta eres tú; cómo le explico
al desdichado mundo de tu existencia.

Cómo le hago para no perderme en tu figura,
mientras grito en silencio y detengo el reloj
ante tu albor,
para volverte mi dulce quillotra.

Palacagüina,Madriz
15/06/20