La casa que estoy construyendo

Erling Torrez González

No me sirve el teorema

En ese instante febril
marqué el día tres en mi libreta.

Con miradas trémulas me perdí
entre las hojas de los mosaicos
contemplando su diseño
que pinté con ilusiones vagas
cuyo enigma no pude descifrar.

No me sirvió el teorema.

La casa

La casa que estoy construyendo
está en un plano de hojas clandestinas
con cajetín de papel amarillento
por efectos del humo de la leña
pero no se pierden los detalles minuciosos
inventados por el arquitecto
que llegó inquieto a inicios del verano.

La casa que estoy construyendo
tiene bases con renglones en prosa
y zapatas con cánticos de esperanza
y columnas de noches sombrías
y paredes de bibliotecas imaginarias
y un pórtico que pintaré de color cielo.

La casa que estoy construyendo
tiene ventanas en forma de girasoles
que llevan vista a Pochomil.
Tiene puertas que se abren con suspiros
y responden a las voces melodiosas.

Y cuando ya haya terminado
traeré muebles de cedro
que serán exportados desde El Líbano.

Y cuando ya haya terminado
plantaré un jardín.
¡Oh! ¡Qué hermoso jardín!
Tendrá ciprés y limonarias en su perímetro
con talladas figuras de seres misteriosos.
Habrá ninfas, centauros, querubines y sirenas.

Pondré esculturas.
¡Bellas esculturas!
Que cantarán al escuchar poesía.
Talladas por artistas de islas perdidas.

Y sembraré.
Sembraré plantas exportadas
de los jardines colgantes de Babilonia.

Habrá cantores de voces angélicas
que cantarán a inicios del alba
y al caer el crepúsculo
salmos davídicos.

Y habrá pintores
con pinceles mágicos en sus manos
y dibujarán sobre lienzos
paisajes edénicos deslumbrantes.

Pondré una alberca
en el fondo veré aguas cristalinas.
Y una fuente
que formará arcoíris con los rayos del sol.

El sol y la luna
danzarán al escuchar cuerdas de guitarras
mostrando el candor de su esplendor.