Un balcón es Panamá

Sharon Pringle Félix /
La Chorrera, Panamá

Un balcón es Panamá
en el calor que estira se tienden banderas
se estiran gotas preocupadas
un puñado de hojas observan la máscara de la vida tendida en un árbol de naranja agria
balas que desdibujan la silueta de la historia salpicando recuerdo con olor escarlata
ciudad de cartoncilllos mudos y gargantas embriagadas
miradas de hierro que enternecen la pestaña extranjera
la tarde que se agota tirando piedritas al lomo encrespado del encierro.

Un balcón es Panamá
besos furtivos que se llevó el aire para regalarlos a la orilla de un piélago que viste encaje de lentejuelas
senderos que buscan callejones malolientes donde el niño suma su pobreza con un ábaco
una planta de anís estrellado que lija las várices retorcidas de mi vieja
mientras uno de sus pies ulcerosos besa un billete de lotería que aún no cae del cielo.

Un balcón es Panamá
trapos que tienden contagiados del hollín citadino
los pulmones que se mecen estropeados en la tintura
el anhelo de chiquillo en rabieta que sacude impotente la teté de tachuelas que no traga
y desde una ventana de ojos todo entra y sale toreando la ceguera de una puerta
el encanto de la bandera que es madre y pavonea la victoria virulenta de sus hijos
los pensamientos de melocotón que no remiendan la memoria de una setentona piel de pimienta

Un balcón es Panamá
caricia humedecida con zurrapa de café claro en la lengua del migrante ignorado
llanto del amor espumoso confundido en el muelle con perfume de pescado
soledad sin retorno de la que llamaron noche y cuenta los centavos con los dedos de su vagina
horas que se consumen en la pereza de pedir permiso de entrada al día
letreros que marchan en estampida del edificio que un presidente le regalará a sus amigos
todo atestiguado por una garrapata y un cienpies que patinan en zapatillas en este mundo de comején
tal vez amanezca una sábana de dólares y sea el primer premio de mi vejez
de lo contrario
en mi refugio de caracol tiraré las cartas a ver si las recogen un par de estudiantes que ya no leen.

Un balcón es Panamá
un cuadrito de pared guindado de una nube putrefacta de plomo
un par de calzados engrapados con hilos de henequén
las bendiciones que se fueron nadando a la alberca de un cura burgués
el calcio que huyó de mis dientes porque la ministra olvidó firmar la orden de proceder
las grietas de la palma de una mano anciana que toca un ladrón de corbata cada cinco años
el trabajo más antiguo de la esquina que nadie quiere reconocer
la galopante injusticia que es puta y no por ser mujer
los papeles que nadie leerá porque yacerán en la hoguera santa sin toque de campana.

Un balcón es Panamá
los regaños de mi abuela que planchó las letras seguridad social en las mangas de un juega vivo
al tiempo que un par de hombres de mierda arropan el odio con sus faldas discretas
un basurero de espejuelos que el colonialismo escupe cuando nos enamoramos de su lengua
pero cómo odiarte mi vasito de penas con olor a licor de café
si cada tarde cuando tejo cadenetas de miserias mi cadera de catre se menea coqueta con tu alegre brisa
cuando te columpias en mi cárcel de balcón y me enredas en una lluvia de chifón y seda
todo se olvida y me encaramo en la punta de tus dos estrellas para peinarte
¡Panamá!