Poesía total

(Prólogo del libro Otros silencios, de José Geraldo Neres, poeta brasilero amigo de ACIC)

Claudio Willer
Poeta, ensayista y traductor

¿Otros silencios? ¿No serían antes los poemas de José Geraldo Neres otras palabras? El poeta nos dice que la lona del circo/ rasga la tempestad/ de las sequías: para el sentido común, es la tempestad la que rasga la lona del circo. En vez de cantar, el zorzal llora. En lugar del más previsible cuerpo serpenteado por el desierto, el desierto serpea/ el cuerpo ciego.  Y el sol mece la red, dislocando la habitual red que mece al sol. Invierte sentidos, subvierte relaciones de significación. Es algo semejante a la relación ante el espejo, en el cual el reflejo es el fiel invertido del objeto reflejado. Por eso, dice él, las palabras rasgan el espejo. Fuera de las veredas de la razón prosaica, sus imágenes surrealistas van al encuentro de nuevos sentidos: es el pintor, citándolo nuevamente, de un cuadro invisible; o más bien, hecho visible mediante el poema. La significación no queda destruida, sino renovada; la palabra, desgastada por el uso común, por la subordinación a la lógica instrumental, queda enriquecida y revitalizada.

No se trata aquí de reabrir un enfrentamiento entre adeptos de la creación espontánea y formalistas. Pero, en un panorama literario como el brasileño, en el cual predominan adeptos de una poesía en frío, pensada, cerebral, fruto de la razón más que de la emoción, José Geraldo Neres destaca por figurar entre los autores que nadan a contracorriente, a contraflujo. Para él, el valor poético está asociado a la imagen, tal como propuso Pierre Reverdy: como aproximación de realidades diferentes, siendo tanto más fuerte cuanto más distantes sean las realidades por ella aproximadas.  Por eso, su lógica es aquélla que rige los sueños, con sus dislocaciones y condensaciones. Y su escritura es, utilizando una de sus imágenes fuertes, la de la mano sonámbula. La voz, no propiamente del inconsciente, sino de aquellos momentos en que la escisión entre consciente e inconsciente está superada.

En ese registro, escribir libremente, de modo inspirado, también es dialogar con la poesía. Y lo que se ve en sus referencias a los representantes del primado del pensamiento analógico: de Murilo Mendes y García Lorca, pasando por Octavio Paz, hasta los contemporáneos como Herberto Helder y Roberto Piva, aparte de algunos autores más raros, como el croata Radovan Ivsic. El intertexto, a veces evidente en menciones y citas, no obstante, más frecuentemente implícito, puede ser transcripción, lectura creativa; pero es, principalmente, el encuentro de muchas voces que convergen en esta dicción tan personal. ¿Algarabía, cámara de ecos? Sí –pero este es, nos advierte el poeta, el eco de los árboles. Y aquí tenemos, como uno de los ejemplos de posibilidades del desciframiento de imágenes, un sutil comentario de Baudelaire: para el poeta de las sinestesias y correspondencias ocultas, árboles tiene, así, voces; la naturaleza habla por medio de sus formas y colores; y esa habla se irá a multiplicar y ampliar en uno de los poemas futuros, a semejanza de los de Otros silencios. El eco de los árboles, poema escogido para cerrar el libro, es una disposición por imágenes. En él hay formulada una osada poética: a lo largo de sus versos no menciona tan sólo a autores, desde William Blake, pasando por Whitman, hasta llegar a Octavio Paz y contemporáneos, sino que los transcribe; y alterna las transcripciones con imágenes originales, suyas. Muestra, así, que poesía no es sólo diálogo; antes bien, este diálogo lo lleva a descubrirse como otro, dispersándose en la medida en que leo lo que escribo. / Yo no existo aquí mismo. El poema mal sabe de mí. Y, como experiencia personal, vivencia, la reproducción de lo que había sido expuesto, y también vivido, por Mallarmé: La obra pura implica la desaparición elocutoria del poeta, que cede la iniciativa a las palabras, por el choque de sus desigualdades movilizadas. Lo importante a observar, aquí no es tanto que fuese adoptada esa poética de la supremacía del verbo poético sobre su emisor, sino que el autor de Otros silencios se muestra a la altura de dicha poética.

José Geraldo Neres también viene destacando por su trabajo como gestor y difusor cultural, tanto en el movimento Palavreiros como en la administración cultural del municipio de Diadema. Es un poeta a tiempo completo. Su actitud es coherente en los dos planos, el de la creación personal y el de la gestión cultural. En ambos contribuye para airear y dinamizar la escena poética brasileña. La buena acogida de su poesía, repleta de premios literarios, participaciones en antologías, recopilaciones y ediciones artesanales que precedieron a la publicación de Otros silencios no sólo confirma la presencia de un poeta valioso: es el indicio de una renovación.