El pajarillo norteño que busca anidar en las barbas de Rubén

(Presentación del libro Con las plumas del Fénix, de Carlos José Blandón)

Lic. Silvia Itzayana Bravo Pozo

Cuando inicié a escribir esta crítica, casi de inmediato vino a mi mente el día que conocí a Carlos. Fue en nuestro primer día de clases en la universidad y, mediante una dinámica, coincidimos como pareja para presentarnos y conocernos mejor. Él me habló de su participación en concursos y recitales de poesía y de su admiración por la obra dariana, indiscutiblemente salió a relucir que estaba frente a un dariano de corazón, el orgullo con el que me habló sobre nuestro príncipe me cautivó, lejos estaba de saber que en nuestro Carlos palpitaba un corazón de poeta.

Al transcurrir los años casi siempre que teníamos la oportunidad de conversar sobre literatura, salía a colación Rubén y su magnífica obra, Carlos es un incansable defensor de las virtudes literarias de Darío y cuyos argumentos dejan sin palabras hasta a sus más acérrimos detractores. De esos que nunca faltan, que con argumentos trillados quieren empañar la gloria inmarcesible del panida.

Para hablar de la influencia de Darío en la obra de Carlos Blandón, es menester explicar que en cada verso se ratifica la febril pasión del poeta por las letras darianas. Es por ello que cuando me enteré que mi amigo escribiría formalmente su poesía y, más cuando tuve el privilegio de leer sus primeros versos, resultó evidente que la esencia de Darío brillaba por doquier, no a modo de copia, en lo absoluto, sino como una inspiración que fluye como sabia meliflua por sus venas, tal como fueron para Darío, Víctor Hugo, Flaubert, Gautier, Cervantes, Voltaire, Verlaine, Dumas, Whitman, Allan Poe y el mismo Martí, entre otros gigantes que tallaron sus nombres en letras de oro en los anales de la literatura universal.

Sería válido aducir que nuestro Carlos Blandón es un pajarillo norteño que busca hacer su nido en las barbas de Rubén, esto en referencia a una cita de Heine, en la que refiere que Darío es un cenzontle que hizo su nido en las barbas de Víctor Hugo, debido a su arraigada influencia del mismo sobre Darío.

En mi opinión, el poeta ha logrado una hazaña que pocos pueden atribuirse, es que aún con una influencia tan marcada, como en este caso de Rubén Darío, Blandón ha sido capaz de transmitir su sello propio a cada verso en los que expone sentimientos e ideales de ese ser.

Es verdad, el vocabulario sofisticado que Blandón utiliza en su poemario es basto, que para algunos pudiera antojarse soberbio o rimbombante, para mi es una oportunidad de oro para asirse de un diccionario y apropiarse de palabras exquisitas de nuestro español. Por otra parte, estoy segura que para los estudiantes de secundaria este compendio de poemas representa un trampolín de conocimiento literario, con un estilo y características que el poeta logró transmitir a su poética magnífica, lo cual permite que quien lo lea sepa descubrir la belleza de sus versos, un arte que no cualquier escritor es capaz de lograr. Porque escritores hay por miles, pero el escritor que sabe atrapar al lector entre sus líneas es el verdadero artista.

En cuanto al libro de Carlos, es un exquisito poemario seccionado en cuatro partes: Crespúsculo del Fénix, Cuitas, Eros y Otras plumas. El poeta, en varios de estos poemas, hace referencia clara a Rubén Darío, que quien haya tenido el gozo de leerlo reconocería de inmediato la mención. Tal es el caso del poema Raros, donde no solo el título es consecuencia de su fervor dariano, sino también la inclusión de un verso insigne: «rara especie de hombre», sin duda extraído del cuento alegre, El rey burgués.

En otros poemas: Retrospección, Reencuentro, Ocaso y Pedazos, vemos a un poeta pensativo, roto, quizás existencial, como su catarsis personal, su canto de vida y esperanza.

En otros, sin embargo, se deja entrever un atisbo de erotismo que, aunque incipiente, es en mi opinión un pequeño brote de lo que un día será un rosal, salvaje y fragante.

Nuestro joven poeta coquetea en este punto de su obra con versos un tanto sensuales, como un mozuelo que enamora sutilmente al amor de su vida, el arte. Pero, el arte no viste pantalones, poeta, es libre, sin ataduras sociales ni morales, ni secretismos. El poeta no debe limitarse, no debe frenar su prolífica pluma; déjala volar, Carlos, y verás la recompensa. La recompensa serán versos más cautivantes, porque en cada uno de ellos estará tu esencia, ya no apacible y sosegada, si no volátil y apasionada.

Recomiendo la lectura de este librito fantástico; no utilizo el diminutivo a modo de menospreciarlo, por el contrario, Carlos Blandón en 79 páginas, me hizo pensar en Campoamor, como escribiera Darío: me deja un dulce sabor en los labios y un picor en el corazón.

En algunos poemas se traslucen emociones con las que me identifico. Estoy segura que muchos de sus lectores también encontrarán su poema o verso con el cual sentirse identificado. Eso es precisamente lo que un lector busca, no entender a un autor que le es desconocido, sino encontrarse a sí mismo en una vorágine de sentimientos que le acechan.

Este poemario me llenó de sensaciones y sé que quien lo lea, sentirá tanto como yo que cada poema es un resurgir, un renacer, es el despertar de un poeta y sus lectores en el vuelo inmortal con las plumas del Fénix.