La lengua y sus códigos secretos

Pedro Alfonso Morales

Heráclito de Efeso decía que la auténtica naturaleza de las cosas está oculta. Ciertamente la necesidad humana ha llevado a los hombres de todos los tiempos y de todas las culturas a usar la imaginación para ocultar mensajes o enviarlos sin ser entendidos por los demás. Así surge una lengua con sus códigos secretos, la cual se desenvuelve entre misterios y penumbras.

Los códigos secretos surgen en la Grecia antigua. Cuentan que Histiaeus envió un mensaje secreto a Aristógoras de Mileto, avisándole cuándo debía rebelarse contra el rey de Persia. Para ello rapó la cabeza de uno de sus sirvientes y tatuó el mensaje en el cuero cabelludo. Cuando creció el cabello del sirviente fue enviado a su destino y logró llegar con el mensaje. Allí le cortaron el cabello y recibieron la noticia de Histiaeus.

Los mensajes ocultos pueden erigirse por tres vías: la estenografía, que consiste en ocultar el mensaje a la vista; la criptografía, si ocultamos el contenido del mensaje; y una tercera es la combinación de las dos anteriores. Uno de los mensajes cifrados de Julio César consistía en alterar cada letra del mensaje con una letra que estaba tres lugares más adelante en el alfabeto. En otros casos sustituía las letras romanas por letras griegas.

En la actualidad podemos hablar de voces y códigos secretos –no tan secretos ahora– pero en su momento tuvieron un auge muy particular llevado por la necesidad de comunicar los mensajes. Por ejemplo, la germanía, el malespín, el lenguaje de las letras y los números, el lenguaje de las manos, la señal de las luces, las señales de tránsito, las señas en el deporte, las señales de humo, hablar en jerigonza con F, con P, con indi, con CH y R, con silbidos o con sílabas al revés.

Edgard Escobar Barba (Masaya: 1956-2015), autor destacado en la narrativa nicaragüense, por sus minicuentos o minificciones, publicó un libro de cuentos titulado Mensajes cifrados (Centro Nicaragüense de Escritores, 2006), en el cual presenta una serie de mensajes precisamente cifrados, porque esconden algunos mensajes o contenidos. Son dos textos: uno de afuera y otro de adentro.

Uno de ellos aparece en el cuento titulado Mortificaciones, soluciones, donde por la construcción del cuento, pueden leerse varias historias: una, si se lee línea a línea, y dos, si la lectura se hace línea de por medio.

Tomás Borge Martínez, autor de La paciente impaciencia, libro testimonial, ganador del Premio Casa de las Américas (1989), cuenta en uno de sus capítulos, cómo usaba un código secreto elaborado con números.

Por ejemplo, dice: «El cifrado primitivo, integral, indescifrable –para el enemigo no más– era: A=1, E=2, I=3, O=4, U=5, B=6, C=7, D=8, F=9, G=10, H=11, J=12, K=13, L=14, Ll=15, M=16, N=17, Ñ=18, P=19, Q=20, R=21, S=22, T=23, V=24, W=25, X=26, Y=27, Z=28. Dicen que el primer código de la policía yanqui –a base de números– fue escrito por el poeta Edgard Allan Poe. Su famoso cuento El escarabajo de oro está escrito así».

Y agrega en su obra premiada: Cuando era posible, trasmitíamos mensajes escritos. Los números eran considerados, con todas sus letras, como cualquier palabra. Así, el uno se escribía 5 17 4. Entre palabra y palabra se ponía una pared, así: /. Veamos si usted entiende. Traduzca: 22 3 / 2 17 23 2 17 8 3 4 / 2 22 7 21 3 6 1 / 1 14 / 1 19 1 21 23 1 8 4 / 5 17 4 / 17 5 2 24 2 / 8 4 22 / 17 5 2 24 2 / 16 1 17 1 10 5 1 / 17 3 7. La traducción, sería: Si entendió escriba al apartado uno, nueve, dos, nueve, Managua, Nic.

El lenguaje de las luces, que es previamente establecido, tiene muchos usos. Uno de ellos es el semáforo, tan importante en las ciudades para controlar el tráfico vehicular. Roberto Ladislao, mi amigo, cuenta que a las ocho de la noche se iba al patio de la casa de su amada y después de encender tres veces un chispero salía la muchacha como Dios la trajo al mundo, dispuesta a continuar el amor que habían interrumpido la semana pasada.

En cierta ocasión encendió tres veces el aparato y vio venir a la amada como otras veces. Cuando se le fue encima con un abrazo, la suegra lo recibió a balazos de escopeta, los cuales lo hicieron bailar una rumba, casi un chachachá en la oscuridad.

Antonio Rizo Pérez, Polvasal, aquel extraordinario pelotero del equipo de León de los años setenta, además de su astucia y malas palabras en el campo de juego, tenía la virtud de la decencia y el buen comportamiento en las festividades entre amigos.

El famoso Polvasal, era llamado el utility del equipo, porque jugaba todas las posiciones en el campo de juego. Lo conocí en sus últimos años como cátcher del equipo Pueblo Grande de Sutiaba, León, donde a los 16 años yo era lanzador del equipo.

En la receptoría Polvasal me había pedido una recta, mostrándome el puño de su mano. Yo le cabeceé que no; pensaba en otro lanzamiento. Entonces me mostró el índice hacia su derecha en señal de curva hacia afuera. También le dije que no, pues seguía pensando en un lanzamiento distinto.

Luego me mostró dos dedos en señal de curva adentro y le repetí que no me gustaba ese lanzamiento. Entonces me hizo la guatusa y se lanzó una carcajada que del susto el bateador se ponchó con una lisa que llegaba subiendo.

Las señales de los juegos son extraordinarias e imaginativas. Uno apenas entiende por qué se tocan las orejas, se acaricia la panza, se cruzan de brazos, saltan y doblan las piernas y hasta ruegan a Dios con las manos hacia arriba.

La germanía o argot son las palabras propias del bajo mundo de los bandidos y delincuentes. En nuestro país la germanía se manifiesta a través del Malespín, que es el código secreto elaborado por el general Francisco Malespín y que consiste en el cambio de 14 letras del español: La a=e, b=t, c=s, f=g, i=o, m=p, l=ll y viceversa.

Francisco Malespín, general y político salvadoreño, comandante general de armas, elegido presidente en 1844, se alió con Honduras para declararle la guerra a Nicaragua, debido al apoyo que nuestro país dio a los liberales salvadoreños.

Se tomó León y fusiló a personajes notables de la ciudad. Desconocido por su Vicepresidente, general Joaquín Eufrasio Guzmán, trató de recuperar el poder, pero fue vencido y se refugió en Honduras. Allí organizó la invasión de su país, pero fue derrotado y después asesinado por los indígenas de San Fernando.

Esto explica, por qué un general y presidente, elaboró un código secreto: no ser descubierto en sus comunicaciones para sus fechorías. Este código secreto propio de los hombres de Malespín, pronto traspasó las fronteras gremiales y llegó a la población que las usó de la manera en que lo conocieron.

Así, por ejemplo, escuchamos: epofi (amigo) epir (amor), Penefue (Managua), frenda (grande), nicha (noche), nelfec (nalgas), pindinfi (mondongo), tuani (bueno), serbare (cartera), nivoe (novia), marri (perro), Pollbin (Milton), fresoe (gracia).

Gabriel García Márquez (1928-2014), el gran novelista colombiano, en Cien años de soledad (1967), su novela más importante del boom literario de los años sesenta, en uno de los capítulos de la obra, introduce el hablar con F o jerigonza, lenguaje enfático, considerado de muy mal gusto.

Escribe Gabo, así: Amaranta se sintió tan incómoda con su dicción viciosa, y con su hábito de usar un eufemismo para designar cada cosa, que siempre hablaba delante de ella en jerigonza: ―Esfetafa –decía– esfe defe lasfa quefe lesfe tifiefenenfe asfacofo afa sufu profopifiafa mifierfedafa. En realidad, el contenido del texto no logra esconderse, pero es un hablar de la gente común y corriente y se aprecia mucho en el vulgo.

Algunos jóvenes han aprendido a hablar esta jerigonza con P, o con Indi, según ellos, porque en sus casas no querían que se enteraran de lo que hablaban los adultos. Mi alumno, Andrés de Jesús Collado, me tradujo un poema de mi amigo, Enrique Langrand, publicado en su libro Emociones desaprensivas, obra con la cual obtuvo el primer lugar de Los Jugos Florales de León en el 2007.

El poema dice: Anhelo: Quiero esculpirte con una marejada de versos / en mis poemas labrarte esbelta / dejar mi huella indeleble en tu cuerpo / para que nadie profane / estas manifestaciones sublimes de amor / que emanando desde adentro… te profeso.

La traducción del poema con P es la siguiente: Apanhepelopo: Quipieperopo epescupulpipirte copon upunapa maparepejapadapa depe vepersopos / epen mipis popoepemapas lapabrapartepe epesbepeltapa / depejapar mipi hupuepellapa ipindepeleblepe epen tupu cupueperpopo / paparapa quepe napadipiepe propofapanepe / epestapas mapanipifepestapacipioponepes supublipimepes depe apamopor / quepe epemapanapandopo depestepe apadepentropo… tepe propofepesopo.

El mismo joven Collado del quinto año tradujo la frase usando la CH y R: Colegio Tridentino San Ramón de León. Escribió su traducción, así: Cochorolecheregichiriochoro Trichiridecherentichirinochoro Sacharan Racharamochoron dechere Lechereochoron.

Por su parte, Martha Tenorio, joven también del quinto año escribió con Indi: Mi amor es muy grande: Indimi indi a indimor, indies indimuy indigran indide.

Rafael de Jesús Pavón, otro de mis alumnos del quinto año del Colegio Tridentino San Ramón de la ciudad de León, también escribió con indi el poema de Yolanda Blanco: Pájaro poeta: Pájaro poeta / pájaro poeta sin nido / pájaro nefelibata / sólo llevando el pico / cuajado de flores. / Pájaro sin pájara / pájaro raro hilvanando palabras / pájaro retrato.

Observe la traducción en esta jerigonza: Indipa indija indiro indipo indie indita: Indipa indija indiro indipo indie indita / indipa indija indiro indipo indie indita indisin indini indino / indipa indija indiro indine indife indili indiba indita / indi só indilo indille indivan indido / indicua indija indido indide indiflo indires. / Indipa indija indiro indisin indipá indija Indira / indipá indija indiro indihil indiva indinan indido indi pa indila indibras / indipá indija indiro indire inditra indito.

Por último, están aquellos que escriben o hablan invirtiendo las sílabas de las palabras en sus expresiones para no ser descubiertos en sus mensajes. Por ejemplo: Esta es la casa donde vivo con mi amada: Taes se al saca dedon vovi noc im damaa. O este otro: Siempre te quiero, aunque me olvides un rato, mi amor. El texto quedaría así: Presiem et roquie, queaun em desviol un tora, im mora.

Los seres humanos buscan una manera de comunicarse y a la vez un modo de esconder las intenciones y los significados en las palabras que expresan en sus comunicaciones con sus textos de afuera y de adentro.

Estas variantes de la lengua la enriquecen, aunque como todo invento y descubrimiento, no se ajustan a las normas establecidas en la comunicación. Pero resultan interesantes las diversas formas que la gente busca para comunicarse y hacerse entender en sus intereses emocionales.

Ya no digamos el lenguaje de las manos que tanta ayuda proporciona a las personas con capacidades diferentes. También no olvidemos el lenguaje de las flores, los colores, la luna, las nubes, el cielo, las piedras, el vestir, el peinarse, el caminado, etc.

Telica, 08 de noviembre de 2008.