Ensayos

Desvalorización del arte y poesía de Rubén Darío durante su estadía en Chile

Carlos José Blandón Ruiz

Nicaragua es un país privilegiado por ser cuna de uno de los más ilustres poetas del último siglo. Han pasado ya, ciento cincuenta años de su natalicio y ciento uno de su tránsito a la inmortalidad, y Rubén Darío sigue siendo una élite por antonomasia dentro de la literatura nicaragüense y universal. Tanto así que, según Rodríguez (2016): «Por su naturaleza fogosa e intelectual, [a Darío] la patria le queda chica, y no encontrando en ella apoyo, ni familiar ni del gobierno, decide viajar a El Salvador y luego a Chile, dando inicio a su vertiginosa carrera poética» (p. 45).

Así pues, el cuello del cisne sería: ¿Darío fue bien acogido estando en Chile?, ¿valoraron su capacidad poética y artística? Son interrogantes que llevan a la reflexión y es ese el motivo del presente ensayo. Mi objetivo principal es describir, mediante el auxilio de tres poemas del libro Azul, cómo se menospreció su talento, en una sociedad cuyo capitalismo era creciente.

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La poesía oral miskita y su belleza lírica y comunitaria

La poesía caribeña nicaragüense es muy esencial y natural en su particularidad lírica y conservadora de la riqueza de la comunidad que la «hace» ―más que escribirla―, porque se fundamenta en la tradición oral y la colectividad de sus «expresiones bellas» ―aisanka prana nani incrustadas de la pujanza de la naturaleza, las creencias, la lengua y la cultura, cuya obra fue recopilada por la maestra Ana Rosa Fagoth y publicada en 2004 por la Asociación Cultural Tininiska.

Ana Rosa Fagoth Müller y Fernando José Saavedra Areas, ambos docentes y escritores del Caribe, en la Carta Literaria, No. 17, mayo, 2014, publicada por el Programa de Promoción de la Literatura Nicaragüense del Foro Nicaragüense de Cultura nos exponen las principales características de la poesía indígena caribeña nicaragüense que bien vale anotar para ofrecer mayor claridad al trabajo.

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La literatura y la promoción de la lectura en las diferentes disciplinas educativas

Omar Alí Moya García*

Hay una idea generalizada, de que la lectura y la creación literaria están divorciadas de las demás disciplinas del currículo educativo nacional. Concebir, que un docente de Física o Matemáticas sea promotor de la lectura, o quizá hasta escritor, para muchos, resulta algo inaudito, para otros, son dos mundos disímiles que no se pueden mezclar, algo así como agua y aceite.

Está tan arraigada esa idea en los docentes, e incluso, en los discentes, que cuando se pretende utilizar estrategias encaminadas a la promoción de la lectura, en asignaturas como Física, Química, Matemáticas, lo primero que expresan los demás es: «Profesor, ¿no es al maestro de español a quien le compete eso?».

Este primer artículo, desde mi experiencia lectora, brindará una muestra de obras literarias en las que están inmersas otras disciplinas y, por lo tanto, podrían servir como referencia para potenciar tantos conocimientos científicos plausibles y debatibles, así como desarrollar habilidades lecto-escritoras con los estudiantes.

Física

Un primer ejemplo: De la Tierra a la Luna, de Julio Verne. Publicada primero por partes, y luego como un solo volumen, un 25 de octubre de 1872. Este libro aborda todos los aspectos necesarios para realizar un primer viaje del hombre a la Luna. Las ideas presentadas por Verne, en cuanto a la visión de su obra, no distan mucho sobre las que se requerirían casi un siglo más tarde por la agencia espacial norteamericana, NASA. De hecho, los cálculos hechos por Verne para la duración del viaje, concuerdan con los de la NASA: 4 días.

¿Se podría leer esta obra en alguna disciplina diferente a Lengua y Literatura? Sí. De hecho, en 10mo grado de secundaria se estudia la unidad de Gravitación Universal. En esta unidad se analizan las leyes de la física referentes a la mecánica celeste, la aceleración gravitatoria, la Leyes de Kepler en el movimiento planetario y de los satélites, así como los viajes espaciales. ¿Por qué no hacer un debate sobre las ideas físicas usadas por Verne en su obra y compararlas con las actuales? Es importante recordar. que Julio Verne no contaba con tanto conocimiento científico en cuanto a viajes espaciales, ya que para su época eso era una utopía.

Otra obra, de las tantas escritas por Verne: La vuelta al mundo en 80 días, obra que se ha llevado a la pantalla grande. Muy útil en el proceso de enseñanza-aprendizaje de la Física. Destaca el deseo de hacer un viaje alrededor del mundo (podría, inclusive, ser usada en las Ciencias Sociales).

Se puede leer en la disciplina de Física. Realizar un conversatorio de la obra, hacer un análisis de los diferentes medios de transporte utilizados por los personajes, para cumplir con la apuesta de darle la vuelta al mundo. Comparar dichos medios de transporte con los existentes actualmente. Perfectamente se puede usar durante el estudio de los Movimientos, en la asignatura de Física en 10mo grado, o en las Ciencias Naturales de 8vo y 9no.

La obra El principito, de Antoine de Saint-Exupéry, puede usarse en la clase de ciencias naturales y Física. Detallar las implicaciones de que el principito viva en un planeta pequeño. Ver desde el punto de vista de las leyes de la física si esto es posible.

Esta parte de la Física es más notoria en obras de ciencia ficción, lo podemos ver en muchos best-sellers que han invadido los mercados de libros. Sin embargo, las obras de Verne siguen siendo por excelencia, candidatas a usarse en las clases de física para su respectivo análisis.

En Geografía:

¿Por qué no leer la obra La vuelta al mundo en 80 días, usando un mapamundi donde se dibuje toda la trayectoria del viaje alrededor del mundo, marcar los lugares por donde los personajes pasaron? Otras obras de Julio Verne permiten poder realizar actividades en clases y poner en práctica estrategias de lectura.

Podría usarse la misma obra para analizar los husos horarios en la clase.

El Ajedrez

Incluido este año 2017 por el Ministerio de Educación, como una disciplina en sí dentro de la educación física, recreación y deportes. Existen muchas obras en las que está involucrado el deporte ciencia, pero una muy interesante es Alicia a través del espejo, del escritor británico Lewis Carroll.

La historia en sí es una gran partida de ajedrez, que se desarrolla a lo largo de todo el libro. Pueden usarse estrategias como:

  • Designar y deducir qué tipo de piezas es cada personaje del libro.

  • Hacer un recuento de la partida, siguiendo los movimientos y acciones a lo largo de la trama. Esta parte es muy útil cuando los niños ya conocen las reglas de anotación del ajedrez. Se les podía invitar a leer el libro y traer anotados todos los movimientos de las piezas que aparecen en la obra, hasta llegar al punto culminante, cuando Alicia gana la partida.

Este libro es muy interesante si indagamos un poco sobre la vida de Lewis Carroll y descubrimos que, aparte de escritor, era una persona muy entregada a las matemáticas y a la geometría, aspectos palpables en la obra.

Matemáticas: La lógica matemática y Agatha Christie con sus libros de misterios a resolver.

Las obras de Agatha Christie son famosas por abordar misterios que resolver, asesinatos en los que hay que utilizar un buen «olfato» para descubrir al culpable.

En estas obras de la autora británica, encontraremos elementos de Lógica y Razón, contenidos que se abordan en la asignatura de Matemáticas en la unidad de Lógica y Teoría de Conjuntos. ¿Por qué no leer y llevar un control de lectura con los estudiantes acerca de una de sus obras? Por ejemplo: ir describiendo cada personaje, ir sacando deducciones lógicas que servirán para descifrar el misterio, anotar dichas descripciones y sus detalles, inclusive se pueden hacer Tablas de Verdad, aplicando las reglas de la lógica y razonamiento y así poder desentrañar el misterio.

Filosofía, Sociología e Historia

Memorias del fuego, del uruguayo Eduardo Galeano, dividida en tres obras que abordan la historia de Latinoamérica, desde la llegada de los conquistadores hasta nuestra realidad en el siglo XX.

Usando técnicas ensayísticas combinadas con poesía y ficción, esta otra cara de la historia latinoamericana, despierta la conciencia crítica, y contribuye a ir formando el nuevo pensamiento de nuestros pueblos. Obras que pueden usarse en asignaturas como Sociología, Filosofía e Historia. Se pueden hacer debates, simposios, conversatorios. Como los cientos de historias que conforman estas obras son de estructura corta, ¿por qué no asignar una a cada estudiante para que la analicen y luego la comenten en plenario? Conseguir estos libros no es difícil. Se les encuentra en formato PDF ahora, los estudiantes no están desligados a la tecnología, ya que para ellos el uso de celular o la Tableta forman parte de su identidad ahora.

Incluso, dentro de nuestra literatura nicaragüense hay obras que permiten desarrollar el hábito lector y a la vez cumplir con competencias e indicadores de logros en asignaturas como Sociología y hasta Convivencia y Civismo. ¿Por qué no leer Fuego Escarabajo, de Henry A. Petrie? Una excelente novela que muestra una realidad social que nos golpea: el narcotráfico, la corrupción, la vida criminal. Se pueden hacer debates, simposios, conversatorios y a la vez estaríamos nutriendo más el quehacer docente.

No sólo las obras antes mencionadas pueden servirnos, para potenciar la lectura desde los ámbitos de otras disciplinas educativas. Solo brindo algunos ejemplos que, durante mi experiencia lectora, he logrado concatenar a fin de que sean de utilidad a otros docentes, con independencia de la asignatura que impartan.

Sin embargo, la lucha apenas inicia. Tenemos que ir cambiando esa idea tan arraigada, de que solo el docente de español tiene la obligación de potenciar el hábito lector en sus estudiantes. Asumir estos nuevos retos, nos llevará a formar individuos más competitivos para enfrentar la vida en sociedad. Además, solo a través de la lectura, el ser humano transforma su mente y, por ende, su ser.

*: El autor es escritor y docente de Física en el Instituto José Dolores Estrada. Coordinador de Acción Creadora Intercultural (ACIC) en Nandaime.

 

 


Los Caminos de Pallais

Henry A. Petrie

En ocasión de los cincuenta aniversarios de la muerte del padre Azarías H. Pallais (1884-1954), está en circulación la segunda edición de su poemario Caminos (Hispamer, 2004), a 83 años de la primera publicación, tratándose de uno de los considerados grandes o altos poetas nicaragüenses, después de Rubén Darío.

José Argüello Lacayo, en su libro biográfico y antológico Un pobre de Jesús (Hispamer, 2000), presenta hermosos episodios y facetas del padre Pallais como hombre, religioso, filósofo, educador, luchador social y poeta. Era un apóstol de los pobres. Argüello apunta que su poesía está orientada hacia «la gran liturgia cósmica de la creación» y que Caminos −el libro que nos ocupa− evoca los caminos nicaragüenses, del tiempo y de la historia.

Caminos, con versos alejandrinos y apareados, desde el título nos remite a la vida, a la inteligencia, al peregrino paso en tierra, como vuelo en rutas aéreas o navegación marítima. Vamos y venimos, contemplando y platicando con las cosas, en silencio, imaginando, hacia destino determinados, temporales o eterno.

Pallais estructuró su poema en siete tantos dominantes −¿los días de la creación?−, un paréntesis incrustado y el arribo final. En realidad, es Cosmos, armonía humana con tiempo e historia, tejido silencioso y solitario, conjugación de día, naturaleza e intelecto.

Primer tanto, Los caminos después de las lluvias, instantes previos a la marcha. Con la lluvia llegan los recuerdos inocentes y los cuentos disparan su imaginación. La lluvia sana los caminos, lavándolos para el andar limpio y fresco, sin pecado. Celebra el ambiente alegre disponiéndose a la aventura peregrina, con el despertar de animalitos, veraneras y mariposas. Inaugura el día con esperanzas en paralelas: caminos de su tierra y la amada Brujas de Flandes.

Segundo tanto, En las mañanitas inocentes con geranio y albahaca. Se manifiesta vitalidad, voz enérgica −«¡Que ladre la amenaza contra la tiranía! / ¡que saluden los gallos con clarines al día!»−, y la melancolía. El poeta describe voces y entorno, «los pobres, humillados bajo los poderosos» y «las grandes aguas del silencio profundo». Canta como las aves, siente el mar en su alma, al indio, armónico y ecológico, huyendo del hombre hacia él mismo, pero nos dice que en los caminos hay cuentos o cuentos de caminos, que vuela con sus Hadas hacia el siglo trece, con abadías y dioses. Y en el trayecto, sus personajes.

Tercer tanto, Los caminos del mediodía. ¡Uf! La inclemencia del sol tropical, abrazador, cual infierno de Dante, plasma la figura de locos asoleados y lunares. Pero, para el peregrino la sombra es alivio, renovación de energías, estancia. Añora los nocturnos pictóricos y a las cigarras tendidas en la noche, mágicas como constelaciones que también son leyendas. Invoca amor y tiene hambre justiciera: «Y rezan las cigarras en sus perennes gritos: / ¡Usureros malditos – usureros malditos!», y en aliento seguido: «¡Que se hunda el mentiroso, que muera el opresor, / que venga a nos tu Reino de Justicia y de Amor!»

Cuarto tanto, Los caminos del crepúsculo. Pan y vino se transforman en carne y sangre de Cristo, y caen los mantos naranjas, y con ellos el silencio, los secretos. «Ya voy, en siete planos, humilde y silencioso, / buscando los senderos del Pozo Milagroso». La oración por la encarnación −ángelus Dómini−. Cercana la noche… otros sonidos e imágenes. Todo navega en metáforas, símbolos y significados. El recogimiento, la nostalgia benedictina, de ahí su persistencia por las ovejas perdidas, prostitutas y borrachitos, para hacer comprender el pecado antes que condenar al pecador. A lo largo del poema la referencia a «los siete planos» −¿esotérico?, ¿hermético?−, infinito mundo espiritual. Aquí enuncia la Leyenda Dorada que «cambia la noche en día», el triunfo sobre la tiranía, San Jorge sobre el dragón −cocodrilo, caimán, para Pallais− que dominaba la ciudad libia de Silca. La Buena Nueva. La patria: «Y al decir Nicaragua, la Leyenda Dorada / parece golondrina por el tiempo enjaulada».

(Entre la tarde y la noche. Al caer el tiempo sobre los caminos, el poeta peregrino lejos del ruido, adherido al silencio, encantado, manso, jugando como niño, la estrella dormida).

Quinto tanto, Los caminos de la noche. Luna y espectros. El peregrino y los cuentos fantásticos ante siluetas embrujadas, a lo Quijote en la mente de Poe. Cuadro sombrío, lunático. Nos dice que es la noche en pecado mortal, sin estrellas, abismal. Y el temor del poeta, pero… «¡Hay pozos bajo tierra! Yo soy un peregrino, / que busca entre las sombras, la luz de su camino». También hay noches estrelladas, de rondas y serenatas, juego de constelaciones: Boyero −arreando a la Osa Mayor− con su brillante estrella Arturo; Can Mayor −corriendo detrás de los talones de Orión, el cazador griego− con su estrella Sirio, la más brillante del cielo. Y la Virgen, que es virgo muy alto, doncella con haz de espigas, fertilidad y el sacrificio de Berenice. La oración que contiene el silencio y todas las voces, aunque no todos van por el mismo camino, dice el poeta.

El sexto tanto, Los caminos de la historia. Ubica las cardinales de la antigüedad −Oriente, Grecia, Roma e Israel− con sus bondades y vicios heredados, con sus respectivas sentencias y denuncias del presente, como ha sido en todo el poema. El imperativo de la reflexión. Ciudades y épocas. La referencia bíblica e histórica de la mano, incisivo en las lecciones y admirador de las artes que son caminos. Letras y filosofía, tragedias, ruinas tras guerras, Nabucodonosor. En el amor, Helena. Gloria en los hijos de la loba. Moisés y la tierra prometida. Pallais empuja y arremete, recuerda naciones bajo pillaje y cautiverio, Tamerlán, Doctrina Monroe. «De flores que no saben cómo el hombre ha sellado / la historia de los tiempos, con cifras de pecado».

Séptimo tanto, Yo soy el camino. Alusivo a Jesús, a su intimidad con él. Dedica sus versos a Las Bienaventuranzas apelando a la humildad y mansedumbre. Invoca la vida y la paz, por los que sufren, los oprimidos, pacíficos y mártires. Milagros frente a tempestades, agua hecha vino, Lázaro. El peregrino dice que hay caminos para todo tiempo, lavados, con avivadas esperanzas, donde ciervos y cabras anden contentas.

Y el Finis triunfante, como rama florecida. Se dice estrella dormida, quizá por terrena. Pinta árboles encantados cobijado por sus sombras, embebido de silencio y sumergido en la voz de las hojas verdes. Alegría y esperanza.

Azarías H. Pallais, en Caminos, nos entrega poesía vital y litúrgica, contemplación del todo, arraigo y universalidad, tiempos entrelazados, el bien y el mal en el transcurrir humano. Colores, naturaleza, perfumes. Se siente energía, acto de fe. Cosmos en movimiento. Encuentro al ser humano mínimo ante la inmensidad, humilde, manso y misericordioso, pintando lo extraordinario, el epígrafe para los necesitados. Y por supuesto, ya no es estrella dormida en su ascenso hacia alguna constelación, peregrinando siempre con su brillo, etéreo.

Managua, septiembre 2004. / (Publicado en La Prensa Literaria el 9 de octubre del 2004).

 


El viejo cuento oral, maravilloso, mágico y fantástico

Pedro Alfonso Morales

El cuento de hadas o cuento maravilloso se distingue de otros tipos de relatos o narraciones literarias por la presencia de tres elementos esenciales en la historia: la magia, la transformación o encantamiento y la fantasía como fuentes principales de esta narrativa.

En verdad, un cuento de hadas no es cuento de hadas por la presencia de estos seres feéricos, sino por la presencia de la magia, el encantamiento, los animales parlantes, la fantasía y muchas otras maravillas de la vida que alegran el espíritu de los lectores.

El cuento de hadas por su oralidad es una manifestación del cuento folclórico. El cuento de hadas por su expresión oral es muy semejante a la epopeya, la leyenda y el mito. Son historias o relatos para adultos —muchos de ellos con carácter anecdótico—, pero en su evolución, se transformaron por la vía oral y asimilaron lo fantástico.

Los personajes de los cuentos de hadas son arquetípicos: jóvenes, príncipes, hadas madrinas, madrastras, héroes, gigantes, troles, ogros y animales mágicos como caballos, zorros, aves parlantes, montañas mágicas o de vidrios, prohibiciones y el rompimiento de las restricciones.

Estos cuentos giran en torno al ritmo, lo grotesco, extraño y gracioso, y son recreaciones para la diversión de los niños, jóvenes y adultos, pues presentan el mundo de la infancia y el esparcimiento de nuestros años primeros. ¿Quién que es romántico no gusta de cuentos de hadas?

J.R.R. Tolkien, escribe: «La definición de un cuento de hadas —qué es o qué debiera ser— no depende, pues, de ninguna definición ni de ningún relato histórico de elfos o de hadas, sino de la naturaleza de Fantasía: el Reino Peligroso mismo y que sopla en ese país» (1).

El elemento fantasía es primordial para este tipo de relato que ha divertido a muchas generaciones. A eso aspiramos, que adolescentes, jóvenes y adultos, gocen estas maravillas narrativas. Y más que buscar definiciones y tipos de cuentos, prefiero el gozo que esta narrativa nos ofrece al espíritu juvenil, adulto y romántico de los lectores.

(Del libro inédito Hadas de Centroamérica, el Caribe y España. Presentación, selección y notas de Pedro Alfonso Morales).

Notas:

(1): Tolkien, J.R.R. Sobre el cuento de hadas (Teoría literaria: Versión abreviada)
http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/opin/tolkien1.htm (Consultado el 08 de abril, 2015)

 


Sombras de la guadaña de Alberto Juárez

Isidro Rodríguez Silva *

Sombras de la guadaña, de Alberto Juárez Vivas, es una de las mejores novelas de la actual narrativa nicaragüense, que por su composición muestra una novedosa estructura narrativa. Mirando al cielo, Al otro lado y Si puedes creerlo son tres historias de vida que se entretejen en un solo texto combinatorio de sentimientos desbocados, de comportamientos que se trifurcan en las paradojas de la vida, a veces en disgregaciones del ser interior, de ese yo que llevamos por dentro y que nutre la vida de los personajes creados por el autor.

Mirando al cielo, la más cercana a su percepción de su propia poesía, pero ahora su infierno es narrativo; personajes alcoholizados, a veces caricaturizados con su propio dolor, o esperpentos en el sufrimiento íntimo de cada rincón de su ser. Seres que se desprecian ellos mismos, drogados, envilecidos frente al espejo de sus almas; pero al fin de cuenta, personajes que han nacido de la infelicidad humana, que nos pervierte en una sociedad cada vez más bestializada y hondamente destructiva.

Al otro lado, un texto con que desgarramos con sufrimiento el mundo psíquico, especialmente la realidad emocional de salir de su país, por causa de la guerra. Dejar lo nuestro, nuestras raíces, lo que amamos, lo que creemos, lo que somos, lo que nunca seremos; para vivir otra historia, otra soledad, otros recuerdos, donde no sabemos que nos repera la vida, para al final de la historia volver, volver sí, pero tatuado por el dolor y la esperanza.

Si puedes creerlo, la más experimental de los tres textos, donde se juega con el espacio y el tiempo, en una estructura abierta, donde el suspenso prima la acción narrativa, creando un ritmo que se vuelve como un juego lúdico de terror, de pánico escénico, donde los personajes están condenados al hades, a la nada, a volver al polvo del que nunca deberían haber nacido.

Sombras de la guadaña, de Alberto Juárez Vivas, están unidos por la guadaña de la muerte, ese tema universal de la gran literatura de todos los tiempos, desde la literatura medieval, cuando danzaban los actores disfrazados en las llamadas danzas de la muerte en los cementerios, aunque en estos textos narrativos la muerte danza en cada relato burlándose de la vida.

*: Crítico literario.


El reto de leer y transformar el quehacer docente

Alba Rosa Pastora Olivares

El docente del siglo XXI tiene un gran reto desde la modalidad de educación inicial. Si se quiere transformar la enseñanza, se debe comenzar por el docente. El proceso educativo de un ser humano es una cadena, las aulas de clases deben ser administradas, el conocimiento debe ser mediado por personas capacitadas en ello, la enseñanza del lenguaje no es simplemente repetir fonemas o grafemas, es estimular el pensamiento en la niñez.

Por ejemplo, en la educación preescolar, el educador es el mediador fónico de un texto, al aplicar las estrategias requeridas para esta actividad, irá creando un hábito lector en sus pequeños estudiantes.

Para los maestros, un primer reto es re-conceptualizar el término «lectura». Para muchos colegas, el acto lector lo ven como decodificación de letras y hacer que suenen juntas, esto se debe a que muy pocos leen. Es cierto, el docente lee para preparar sus clases, pero ¿cuántos se sientan a leer un libro de principio a fin?  La mayoría del gremio carece de este hábito, leer por lo menos un libro mensual es una disciplina formada por la perseverancia, la constancia, pero, ante todo, por el gran deseo de superarse.

Cada libro leído posee su propia didáctica, aunque quizás el escritor no pensó en ello cuando lo escribió. El maestro mediador debe enseñarles a sus discentes a descubrir el mundo que hay en los libros y como éstos son una fuente de transmisión de valores, lecciones para la vida, transformadores del pensamiento, formadores de personas con criterio, he aquí la importancia de ser lector consuetudinario, pues solo lo que se vive se puede transmitir, por lo tanto, se debe inducir al estudiante a la reflexión y a la crítica.

El docente es un facilitador, de tal manera que debe desarrollar en sus educandos la creatividad, la capacidad de análisis y síntesis, así como la habilidad de expresarse correctamente de manera oral y escrita, esto se logra a través de fomentar el hábito lector, con entusiasmo, alegría, aplicar estrategias motivadoras que inciten a leer, a criticar lo leído, a relacionarlo con la realidad, a extraer la esencia del texto y llevarlo a la vida práctica.

(Nota: la autora es docente de hace muchos años).

 


La paz para que viva el sueño

Por: Blanca Olinda David Montoya

La sociedad evoluciona; el mundo se globaliza cada vez más. Es inminente el paso de nuevas generaciones marcadas por la revolución tecnológica y los desafíos futuristas.

Entre las páginas de la historia más oscuras, donde han destacado el egoísmo, el belicismo y la crueldad, siempre ha brillado el destello de un gran sueño: un mundo mejor, para lo cual debemos educarnos en el respeto, la tolerancia, la igualdad y el amor.

¿Es posible alcanzar el ideal de un mundo mejor? ¿Qué huellas, qué legado deseamos dejar a las nuevas generaciones? ¿Acaso un mundo destruido porque no se encontraron más respuestas que masacrar la vida?

No debe haber más divisiones. No deben adoptarse decisiones que coarten las libertades de la humanidad, que discriminen, violenten y asesinen. Sin duda, la tolerancia a las diversas maneras de pensar y de vivir debe ser un principio fundamental.

Todo ideal basado en vicios nace extraviado, torcido. El bienestar debe ser para todos, no de unos cuantos a costa de muchos.

La vida grita por todos lados, los más indefensos piden compasión, capacidad de pensamiento, necesitan con urgencia que alguien despierte y anuncie que otro mundo es posible, donde las diferencias se entiendan y los conflictos se resuelvan a través del dialogo, el acuerdo.

¿Por qué tememos las diferencias? Estas no tienen por qué ser un impedimento para vivir en tolerancia y armonía. La raza, la clase social, la ideología y las creencias no pueden continuar promoviendo y profundizando la desigualdad y la discordia. Necesitamos avanzar hacia la unidad del ser humano, trabajar por un sueño común.

Unos cuantos no pueden doblegar el anhelo de muchos al cambio, a la libertad. La guerra jamás ha sido solución de nada, tampoco el terrorismo, el odio, la intolerancia y la exclusión. Formémonos en una cultura de paz, donde seamos promotores del diálogo, el amor, el respeto, la justicia, la equidad, en fin, promotores del cuido de nuestro planeta.

Si un determinado grupo de seres humanos, una etnia, una cultura o nación no piensa como el resto del mundo, debemos respetarlos y cuidarlos, porque nosotros también somos esa diferencia que nos hace únicos y diversos.

Hay noticias de una nueva guerra nuclear. Es ahora que debemos hablar y promover más la cultura de paz. Educarnos y educar, sobre todo a los niños, en el significado y valor de la paz. Vicen Fisas plantea que «debemos educar para la crítica y la responsabilidad, para la comprensión y el manejo positivo de los conflictos, potenciando los valores del diálogo y el intercambio y revalorizar la práctica del cuidado y de la ternura. Se habla entonces, de una educación pro-social que ayude a superar las dinámicas destructivas y a enfrentarse a las injusticias.»

Desde esta perspectiva, la educación para la paz «consiste en analizar este mundo en que vivimos, pasarlo por la crítica reflexiva emanada de los valores propios de una cosmovisión pacifista y lanzar a los individuos a un compromiso transformador, liberador de las personas (…) movidas por ese análisis crítico, quedan atrapadas por la fuerza de la verdad y obligados en conciencia a cooperar en la lucha de todos los seres humanos y por todos los seres vivos.»

Empecemos desde casa, nuestra comunidad, nuestro país. Un ser educado y con una cultura de paz, sabrá que su responsabilidad sagrada es la vida toda, no solo el hombre.

Singh propone que la educación es, sin duda alguna, «un instrumento crucial de la transformación social y política. Si estamos de acuerdo en que la paz es la transformación creativa de los conflictos, y que sus palabras-clave son, entre otras, el conocimiento, la imaginación, la compasión, el diálogo, la solidaridad, la integración, la participación y la empatía, hemos de convenir que su propósito no es otro que formar una cultura de paz, opuesta a la cultura de la violencia, que pueda desarrollar esos valores, necesidades y potencialidades.»

Definitivamente, sin educación no puede haber valores ni conocimientos; no puede haber promoción de los derechos humanos. Sin educación la democracia será una permanente utopía. La ignorancia, la sospecha y los estereotipos deben eliminarse con educación. Así también las imágenes de un enemigo en constante generación de conflictos y guerras.

En tanto la educación es sensible y estratégica en la transformación, debemos tener los ojos bien abiertos, porque no se puede permitir que un régimen maneje el sistema educativo según sus ideales o intereses, sin el mínimo interés en el despertar de las personas y en que estas piensen de manera crítica.

Esta educación y cultura de paz debe ser promovida desde ya, sus conceptos y valores esenciales deberán ser antorchas en la oscuridad, sin desmayar, levantándonos siempre, porque mientras viva el sueño de un mundo mejor, jamás morirá a pesar del tiempo.

 


Tras bastidores en Fritongo Morongo

Omar Alí Moya García
Escritor y docente nandaimeño

Genial, espectacular, son dos términos que definen la novela Fritongo Morongo, del escritor nicaragüense Henry A. Petrie. Pero más allá de dichos términos con que podamos describirla, la novela de Petrie es en sí un encuentro con nuestra identidad nacional, nuestra cultura, nuestras costumbres, nuestro vivir diario, lo que la hace más trascendental en la narrativa nicaragüense del siglo XXI.

La trama de la novela mantiene atado al lector a través de una prosa fluida, sin convencionalismos, que se saborea de manera pícara en el paladar. De modo que, el lector está de manera presencial en cada uno de los eventos que se van desarrollando a lo largo de la novela, como tras bastidores en una obra teatral, con la diferencia que en una obra de teatro el público solamente disfruta de las actuaciones puestas en escena, y no es capaz de vivenciar la realidad detrás del telón, donde los personajes se desdoblan y nos muestran su verdadera índole, desde las entrañas, desde sus sueños, ambiciones, secretos íntimos y los más oscuros y claros pensamientos.

Esa es la magia de Fritongo Morongo: el lector no es solamente un testigo de los hechos y sucesos espectaculares que se cohesionan a lo largo del libro, sino que es capaz de vivir y sentir en todo momento las vicisitudes y percances de cada personaje, nos adentramos a su verdadera humanidad, virtudes y defectos que hacen única a cada persona.

Petrie trastoca un mundo desconocido para los que jugamos el papel de adquisidores en asuntos comerciales nada más, como es la evolución paulatina del mercado más grande de Centroamérica en medio de un mosaico de personajes únicos y diferentes, pero que se interrelacionan social (personas de todos los estratos sociales desde damas de alta alcurnia, hasta mujeres que no le temen a la vida), cultural (la costumbres, las ideas propias e intrínsecas según la cosmovisión de cada personaje), económica (el dinero juega un rol determinante en las muchas decisiones relevantes que se toman) y sentimentalmente (como el amor en todas sus formas, que nos puede hacer un bien o nos puede llevar hasta la muerte).

A raíz de los eventos desencadenados por la desaparición del personaje principal de la obra, Fritongo Morongo, dando en cada momento giros inesperados en la trama, lo que hace que el lector se mantenga pegadito al libro, sin soltarlo, con una que otra tacita de café, porque vale la pena desvelarse de tan buena que se pone la historia en cada una de sus páginas y no podemos cortar el hilo de un tajo y dejar una porción para otro día.

¿Vale la pena leerlo, entonces? ¡Claro que sí! No la pensés dos veces, hermano.

 


Jarl Ricardo Babot o el poeta que dialoga desde la calle Gorki

Por: David C. Róbinson O.
«Leonid está bastante grueso y lee todo el día números muy viejos de Pravda y cree que Stalin vive».

Permítanme iniciar mi disertación con una anécdota. En 1985, en la Universidad de Panamá, me topé con una puerta pintada de negro que tenía una tablilla con el escueto título de Teatro Taller. La curiosidad me conquistó. Toqué sin muchas ganas de que abrieran, pero abrieron. Quien me atendió me preguntó qué deseaba. Le contesté lo primero que se me ocurrió; quiero aprender teatro. El hombre me dijo que no había ningún problema, pero que regresase al día siguiente. Regresé dos años más tarde, en 1987, volví a tocar la misma puerta, me volvió a abrir el mismo señor y antes de que pudiese decir palabra alguna, él me dijo: Pase, lo estábamos esperando. Quien así me habló fue Jarl Ricardo Babot, el poeta de quien hoy quiero conversarles. Nunca tuve la necesidad de comprobar si en verdad Jarl me recordó, sólo me dejé arrastrar por la magia del encuentro. Así también fue con su teatro y su poesía.

Gracias por permitirme esta digresión, aunque quizás no lo sea, tal vez, precisamente, el encuentro es el meollo de la obra de Babot. Pero en un mundo de desencuentros, ¿qué valor pudieran tener los versos de Ricardo?

La literatura del siglo XX en Panamá estuvo, en gran parte, signada por el cumplimiento de la consigna: un solo territorio, una sola bandera. Babot fue una excepción. El grueso de su obra, pese a su pensamiento personal, no es registro de dicho tema. Por lo menos, no de forma evidente. Más bien trata sobre las angustias diarias y las alegrías efímeras de sujetos callejeros e inconspicuos. Sujetos que se encuentran amablemente con otros sujetos y que comparten con ellos las cosas simples y sencillas de la vida. No grandes héroes, no grandes épicas.

Para este diálogo escogí el libro Poemas de la calle Gorki, un poemario donde el hablante lírico es un estudiante extranjero de teatro en Moscú. Allí ese muchacho nos platica de sus amores, o más bien de su amor; de sus vicisitudes con el invierno, de cosas tan escuetas como ir al cine y no tener la necesidad de entender el idioma ruso, de lo poco que duraba el dinero de la beca, de la cerveza y el pescado seco compartido con los amigos. De las papas y las coles.

Dicha temática fue calificada de prosaica por algunos literatos panameños de la época. Quizás, dichos inquisidores, desconocían que la literatura rusa de los tiempos en que fue escrito este poemario (1967), sufría un drástico deshielo luego de la muerte de Stalin y de la Primavera de Praga. Tal vez no supieron de la perenne sed de humanidad de Yevtushenko, Voznesenski, Rozhdéstvenski y Ajmadúlina. Sólo así se explica su decisión de aferrarse a la dogmática preceptiva del índex soviético y que prefirieran ignorar a Babot.

Para esos escritores sería chocante escuchar que el libro Poemas de la calle Gorki es eminentemente social. Este libro realiza una abierta crítica al desvencijado régimen soviético. Tal acusación la hace Jarl Ricardo Babot por ser un devoto enamorado de la vida. Tanto la ama, que le duele verla asfixiada por un sistema que, en nombre de las buenas intenciones, termina empedrando el camino al infierno. Desde la calle Gorki, Jarl nos pinta con palabras su profundo humanismo. Eso es revolucionario. Él no habla del glorioso primero de mayo, el habla del orgullo que siente el trabajador al contemplar su obra terminada.

Babot, por boca de su hablante lírico, el joven extranjero que estudia teatro en Moscú, nos llama a prestar atención al óxido que deslustra las botas, no las botas de los soldados que marchan en la calle Gorki, sino las de aquellos que desfilan en los pasillos del Kremlin. De aquellos que engruesan sus cuerpos sin hacer largas filas, de los privilegiados indultados del crimen de darle las espaldas al presente. Las botas oxidadas de hombres iguales a todos los hombres, que sienten el frío como todos los hombres y cuyo morbo espera que sea revelado un secreto, cualquiera, cualquier secreto. Hombres incapaces de buscar la claridad.

Una nota la margen. Entre el final de los años 50 e inicio de la década de los 60, dos líderes mundiales dieron pasos necesarios para renovar sus respectivas instituciones. Nikita Jrushchov y Juan XXIII. El Vaticano sigue siendo un poder mundial, la URSS ya no existe.

En los tiempos de la Guerra Fría: ¿La poesía sólo podía denunciar al capitalismo? ¿Era imposible comprometerse con las almas hartas de ver desfilar a los soldados, mientras que en sus despensas solo había pescado seco y un par de papas? ¿Cómo evitar que estallen los versos cuando la esposa del coronel se pasea, en las fiestas, forrada con finas pieles mientras la mujer obrera únicamente se puede abrigar con una vieja sábana?

Uno de los grandes errores de los utópicos es que creen que todo el mundo debe estar de acuerdo con ellos. A los totalitarios les desagrada la disidencia. Y más cuando toca sus íconos. El estudiante de teatro que vive en la calle Gorki afirma que tal vez Lenin era un poeta y soñador, cuyo corazón estalló al saber lo que venía después del triunfo de octubre del 17.

«En su eterna lucha contra los botones del abrigo el invierno ruso, finalmente, se hizo mi gran amigo.»

No sé para ustedes, pero para mí el infierno es frío. No hay pailas con aceite hirviente, sino muros infranqueables de hielo. Nada me es tan tormentoso como esa sensación del calor abandonando mi cuerpo, que se marcha hipnotizado por los susurros de la helada. Entristezco al escuchar a la tibieza despedirse. El frío es una experiencia existencial. Nadie puede sufrir el frío por mí y menos cuando el aire escarchado acaricia mis pulmones. Aún bien arropado, él me asecha, espera un descuido de mi abrigo para darme su cruel abrazo. A veces se aleja un poco, sólo para que yo me confíe y me pueda sorprender con una nueva arremetida.

Sin embargo, aquel estudiante extranjero y vecino de la calle Gorki se entregó al invierno, al invierno ruso, el que venció a Napoleón y a Hitler; ese muchacho se rindió al frío y con serenidad esperó la primavera. ¿Qué clase de heroísmo es este? Es la valentía que nunca recibirá una medalla. Aunque, pensándolo bien, si ha de recibirla. En la calle la nieve es un reto, pero en la casa, en la casa es otra cosa, más en la cama, más en la cama cómplice; allí es una invitación a que dos cuerpos, en danza con Eros, ignoren al frío y compartan los sudores, la saliva, los fluidos.

Otra digresión. En tiempos del Proceso Revolucionario Panameño, llegué a ver a varios de sus acólitos aprovechar la menor llovizna para encaletarse gruesos gorros de lana similares a los que usaban los miembros del politburó soviético. Hasta entrecerraban los ojos, tal y como si estuviesen en medio de una ventisca. Por suerte, nunca tuve que oler ninguno de esos gorros.

«Los domingos veraniegos de Moscú, son como un viejo que lava sus ropas.»

En la calle Gorki siempre desfilan los soldados; pero el estudiante extranjero, nuestro hablante lírico, no los observa, sus ojos tienen otras prioridades. Pienso que este poemario es una excusa para que, a pesar del pan de centeno viejo, ese estudiante extranjero le de su lugar, su justo y correcto lugar, al amor. ¿Y cuál es ese lugar? En la cama y debajo de una sola sábana para así evitar las maldiciones.

El hablante lírico, ese estudiante extranjero, ese que se parece tanto a Babot, nos habla del amor entre los jóvenes, de su amor, apasionado y siempre en celebración; pero también de la soledad del amor anciano y viudo, de como ella, la soledad, insiste en revivir la pasión y la celebración, cada vez que se lava una bufanda con abundante agua y sin la presencia del invierno.

Nótese que los versos no evocan la aplastante victoria de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas sobre la Alemania Nazi, ni resalta el valor del pueblo ruso que enfrentó y finalmente se impuso sobre las muy homicidas SS. No. Esos versos evocan la soledad que trae consigo el amor que ya no está, pero que perdura en una bufanda tejida, ¿por la mujer amada?, casi al final de la guerra, cuando la esperanza comenzaba a volver a dar unos pequeños pasos.

El amor, el de los jóvenes o el del anciano viudo, es una fiesta. Canta y bebe vino o vodka, y aunque el pescado servido en la mesa esté más que seco, en la boca compartida de los amantes, es tierno como melaza. No hay espacio para robos y mentiras, sí para la tibieza.

Por la calle Gorki desfilan soldados, sí, pero ellos no son los protagonistas. ¿Y quiénes lo son? Los amantes. Pero enamorarse en tan míseras condiciones, ¿no es enajenarse? Afirmar que el amor es el eterno liberador, ¿no es un alegato trillado y cursi? Cuando el mundo que nos rodea es una mentira que nos flagela, amar es lo más real que podemos hacer.

«Y no lloré por las estrellas lejanas. Lloré por ser un hombre de este planeta, asesino de su hermano.»

No, no, ese muchacho no es un enajenado. Pese al amor y a la pasión compartida con la persona amada, ese estudiante de teatro se sabe cómplice de las atrocidades de nuestra muy civilizada civilización. Sabe que él también sería capaz de, en nombre de la más justa de las causas justas, cometer horrores, horrores que luego él, sí, él mismo, disculparía afirmando que se trataba de errores ingenuos característicos de la impetuosa juventud.

También está conciente de que nuestras repisas están llenas de retratos de héroes. Hombres que asesinaron mientras los acompañaba el miedo. Toda bajeza queda sepultada por el brillo de una medalla al valor. Así funciona este mundo. Ya es tiempo que construyamos otro. Esa es la inquietud que nos deja Jarl incrustada en el alma. Aunque no nos dice como hacerlo.

Estoy inclinado a pensar que el Panamá del siglo pasado no estaba listo para acoger los versos de Babot. La Guerra Fría y la lucha por la soberanía en la zona del canal no lo facilitaban. En este siglo XXI, la humanidad sigue con la perniciosa costumbre de lanzar a los hombres contra otros hombres, pero a diferencia del siglo XX, hoy las fronteras no están bien definidas; ya no es tan fácil hacer la división entre revolucionarios y contrarrevolucionarios. Me parece que hoy se puede criticar al gobierno estadounidense sin ser catalogado de comunista y lo mismo se puede hacer con el gobierno actual de Venezuela, sin ser tachado de fascista. Pienso que ya no hay temas obligatorios en la literatura panameña.

En esta globalizada centuria, la última trinchera es el individuo. Y es a él a quien Jarl Ricardo Babot dedica sus versos. A la universalidad del prójimo, ese que, pese al frío, aún es capaz de amar, de gozar con el aroma de una sopa de coles y de la cerveza compartida con los amigos. Entre amigos el pescado seco es sobradamente tierno. Babot dedica sus versos a sujetos como el estudiante que corre a encontrarse con la amada debajo de una sola sábana, que señala a los privilegiados de un sistema político que se ufanaba de no tenerlos y que se atreve a ser un loco creativo, aún en medio de la asfixia. Me parece que esa es la misión de los poetas en este desutopizado siglo: defender la locura que construye y es creativa.

«Tuve un cuarto pequeño. Yo no sé de medidas, pero era tan pequeño que apenas cabíamos los dos; y algunos versos de Blok, de Esenin, de Pasternak.»

 

 


La investigación es vital para la poesía:

Breve reseña acerca de Palestina en los ojos de una niña de Pedro Alfonso Morales.

Por: Jimmy José Gómez Solís

Hace cinco años conocí al poeta coterráneo, Pedro Alfonso Morales. Fue un domingo de enero que llegué a su casa, para platicarle de mi naciente deseo de escribir.

Aquel día me obsequió su más reciente poemario, Palestina en los ojos de una niña (Editarte, Managua, 2011), el que leí con entusiasmo. Es una poesía distinta a la que había leído hasta entonces, con la característica y sutil descripción de diferentes espacios y aspectos relevantes del Estado Palestino, ubicado en el Próximo Oriente, que limita con Israel, Jordania, Egipto y la ribera sudoriental del Mar Mediterráneo.

Un recorrido en veinticinco poemas escritos con la emoción producida por los ojos verdes de una exalumna del poeta. Ese fue el punto de partida para una poesía que no salió de la inspiración, mucho menos de la espiración, sino de la transpiración. Es genial, cómo la poesía con sus soplidos, nos puede llevar a lugares tan lejanos y desconocidos.

Tan solo se necesita liviandad en el espíritu, para corresponder la invitación a viajar. Así lo relata en De Palestina a Palestina:

«Unas ideas no me dejaban dormir. Me aleteaban en la cabeza a toda
hora, me enamoraban, me sacaban de quicio y de mi estado normal»

Pero, ¿cómo escribir acerca de un lugar sin conocerlo? Aquí entra la parte activa de la poesía. Ciertamente, los ojos de Fidelia Palestina, ya le revelaban resquicios de la nostalgia de este pueblo herido de amor y abundante tristeza. Fue una invitación a leer e investigar. Es una poesía ocular. El poeta se transforma en el Caín de Saramago, yendo y viniendo a través del tiempo por lugares como La tumba de los Patriarcas; la mezquita que guarda la tumba de Abraham y Sara, y otros personajes bíblicos. Así lo dice en Hebrón:

«Allí, en Hebrón,
en las tumbas de Abraham y su mujer
recogiendo los desperdicios del amor,
el pueblo peregrino pasa y besa
las losas de las mezquitas».

La travesía le recuerda los paisajes de su patria y, parece añorarla al comparar Beit-Djibrín –que significa la casa de Gabriel y que luego, Septimio Severo la llamó Eleuterópolis en el año 200 d. C– con cuadros pastoriles del departamento de Chontales. Leamos Beit-Djibrín y Chontales:

«Imagino las colinas, los olivos crecidos,
las flores, los bueyes, las ovejas,
como si se tratara de hermosos guanacastes
en las serranías juigalpinas cubiertas de pastos,
donde las vacas y los terneros retozan alegres».

Luego, lo sagrado: en Haram y Azul… de Rubén se enaltece la obra de Darío al compararla con una mezquita, por su magnificencia:

«En medio de la soledad y la grandeza,
revestida de turquesa, una maravilla islámica,
la mezquita de Omar, como si fuera Azul…»

Es imposible caminar por Palestina sin poner los ojos en la sacralidad de tantos lugares y rincones históricos. En el poema mencionado, dice:

«Tanta grandeza reunida, no porque allí
tuviera su sede Poncio Pilatos, el pretor,
sino porque de ahí salió Cristo hacia el Calvario
y a la eternidad con luz en las palabras».

El paralelismo entre aquí y allá. El dolor de la historia de una tierra marcada por guerras territoriales, por la injusticia. Es Palestina encarnada en la jovencita de ojos claros, inocente; traumada por la contradicción de haber sido escogida, para gestarse una revolución de amor y, a la vez, ceñida por el odio y la incomprensión. En Moriah y la punta de los sueños, escribe:

«Esa luz llamea y cicatriza
en lo alto de las montañas de Moriah,
en el corazón de Palestina,
porque bajo las bóvedas del templo,
se oyó hablar a Jesús: amaos los unos a los otros».

Heráclito, el que habló de la vida como un río, que no se detiene, bañándose en las aguas del Jordán. ¿Picardía? ¡Por qué no! Aquí la poesía juega y se baña, y el poeta es testigo de los sucesos y sitios de los que habla, con la sensibilidad de quien reconoce la esencia de la vida y las cosas. En El Jordán y Heráclito, dice:

«El río no es solo agua,
ni el brillo que el sol atraviesa
desde la parada del solsticio,
sino la vida verdadera que nace
como el beso de la madre, y la novia
que allí van juntándose al amado
en la armonía del tiempo, tras el silencio
que une los recuerdos vividos».

La exquisitez de las imágenes que nos presenta, nos da una idea de lo trabajado en el poemario. Un poemario bien logrado, homogéneo. Es un golpazo a la imaginación y despierta el interés por saber más. En Jericó y las frutas, poema traducido al árabe, existe un amor escindido por la lejanía, el amor de alguien que ama su terruño y anhela volver a estar con ella, como dos amantes. Pero su deseo de retorno hace que la encuentre en los recuerdos, las frutas y los constantes ojos.

«Por eso yo voy en ti, caminando,
buscándote en mis cenizas y las frutas».

Solo se necesita un gran motivo para hacer grandes cosas. En este caso, los ojos de Palestina son ese punto de partida. Dos ojos que aunaron latitudes y culturas distintas, que despertaron la fascinación, el deleite y las ideas. Ojos que abrieron otros ojos, los de Pedro Alfonso, y lo llevaron amar la tierra elegida a través de sí mismos. Como lo dice en Amaar y amamantar:

«Desde entonces, el amor es
no solo el beso que me das con tus ojos,
sino el amamantar la vida presente
como si fueran dos pezones verdes».

Ese es el amamantamiento, o sea, la nutrición que recibió su poética. El conocer con mucho detalle cada aspecto relacionado con Palestina, a través del escudriñamiento, la búsqueda de información y el interés en hacerla poesía. ¡Cuánta falta nos hace amamantar nuestra escritura! Sacarla de esa camisa de fuerza: los caminos en círculos. A la poesía no le gustan los caminos andados. Palestina en los ojos de una niña nos sugiere eso, renunciar a lo común y adentrarnos a otros rumbos, desviarnos de la vieja ruta de adoquines gastados por otras andanzas.

Telica, 18 de mayo, 2017.

 


¡Juela muca! de Tío Moi: identidad de la palabra

15 de marzo del 2017
Por: Pedro Alfonso Morales

«No me entierren en sagrado» es un romance tradicional nicaragüense, profano, campestre, que junto con «La esposa infiel», «La amiga de Bernal Francés», «Blanca Flor y Filomena», «Delgadina» y «Alfonso Doce», tiene su origen en la lírica popular peninsular.

Este romance, igual que los enumerados, tienen un vínculo con el amor a la mujer y su visión machista, donde el bebedor, fumador y mujeriego, son prototipos de una cultura retrógrada y colonial.

Estos romances tradicionales nicaragüenses se estructuran en estrofas de cuatro versos octosílabos. Algunos, raras veces, alteran el número de versos de la estrofa. Cuando ocurre esto, «repiten los ocho sonidos musicales que corresponden al verso inmediatamente anterior», como explica Ernesto Mejía Sánchez.

Volvamos al romance anterior:

No me entierren en sagrado

Sáquenme ese toro pinto,
hijo de la vaca mora,
quiero sacarle a suerte
delante de mi señora.

Si este toro me matara,
no me entierren en sagrado,
entiérrenme en campo verde
donde me trille el ganado.

Y en la sepultura pongan
un letrero colorado,
que, al que pasare le diga:
¡aquí murió un desgraciado!

No murió de calentura,
ni de color de costado,
que lo mató la cornada
que le dio el toro pintado.

La primera estrofa, versos 1 y 2, presentan una solicitud expresa: traer al toro pinto, el hijo de la vaca mora; ése y no otro: el pinto, el de la vaca que tiene una mezcla pareja de pelos negro mate con pocos blancos, que dan un matiz azulado que lo diferencia del tordillo negro. Puede ser moro claro o moro oscuro, según la intensidad de la tonalidad.

Ya Carlos Mejía Godoy, en «La hacienda de don Nelo», elaboró una lista de lecheras, pero no incluyó a la mora, a la muca ni a la dañina. En verdad, fue Azarías H. Pallais, el primero que hizo la lista, pero sólo incluyó una parte.

El tercero y cuarto versos son esenciales para saber de quién se trata. ¿Quiere sacarle la suerte? ¿Acaso juega lotería el toro pinto? En realidad, quiere probarlo qué tan bueno es. Las únicas señas del animal son dos: ser pinto e hijo de la vaca mora, dos rasgos que dicen mucho en el reino animal.

Pero más que probar al toro, lo que quiere el narrador o yo lírico es probarse a sí mismo y demostrarle a la señora su valor y linaje. Quiere lucirse delante de su mujer para compensar sus pobrezas humanas. ¿Para qué probarse? ¿Para qué lucirse? Nada lo hará más o menos humano de lo que ya es.

El hombre es la medida de todas las cosas, como diría Protágoras. Mientras eso no ocurra, el hombre es cualquier cosa, un don nadie sin ton ni son. Ah, pero ya Esopo lo dijo en sus fábulas de todo tiempo: las cosas que nos favorecen nos pueden perjudicar alguna vez o viceversa.

Por si fallan sus cualidades de macho, queda una salida que la tercera estrofa expone: si el toro lo mata ―pues seguramente eso ocurrirá, porque no dice que es «Paquirri» ni nada por el estilo― no debe quedar en el cementerio, porque allí se quedan los hombres comunes y corrientes. Otros van a las iglesias o catedrales… El «Paquirrito» quiere descansar en el campo, donde vive el ganado para que sepamos que aún se defiende contra los animales.

La tercera estrofa se lee entre líneas como lectura interna, por debajo de la tumba, porque el epitafio sería la analogía del INRI. «¡Aquí murió un desgraciado!» no significa eso, sino el único que pudo enfrentar al diablo toro pinto.

Y la cuarta estrofa lo confirma: no fue de calentura ni dolor que eso es nada. Morir de la cornada de un toro, significa que ese hombre fue muy valiente al enfrentarse al famoso toro pintado. Y de ese modo heroico, le mostraría a su señora que «Paquirrito» era un gran hombre. ¡Suertera la señora!

¿Para qué toda esta historia? ¿Acaso todo hombre debe mostrarse frente a su señora? ¿Habrá que buscarse cada uno su toro? No, tonterías, machistas. Todo surgió a partir de una anécdota, una interjección, muy personal de don Moisés Chévez Vega, un hombre de muchos valores y trabajos en su finca.

En el aniversario de su muerte, sus hijos y nietos, comentaron que Tío Moi, muy a menudo expresaba: «Juela muca» para expresar una sorpresa o equívoco. Algunos de sus nietos escribieron la frase en las mangas de sus camisas y la mostraron con el orgullo de los ancestros.

La expresión me pareció muy interesante en una persona que vivió en el campo e hizo suya, las actividades culturales del campo. Recordemos que las interjecciones son palabras que expresan sentimientos muy vivos, de dolor, de alegría, de tristeza, etc. Muchas son reacciones del hablante que se materializan a través de la palabra: ¡oh!, ¡ay!, ¡ah!, ¡bah!, ¡uf!, ¡zas!, ¡hala!, etc.

Las interjecciones son palabras o frases, pero se comporta como una oración independiente, pues, comunica un significado completo. ¡Ay!, por ejemplo, tiene un significado pleno, como la oración: ¡Me he hecho daño! Estas variedades lingüísticas o categorías gramaticales, llamada interjección, pueden ser propias (¡ay!, ¡uf!) o impropias (¡Bravo! ¡Juela muca!).

¿De dónde viene la interjección de Tío Moi? Entonces, recordé el verso «el hijo de la vaca mora», del romance «No me entierren en sagrado», que recogió Pablo Antonio Cuadra en Granada. La frase de Tío Moi viene de la otra, el hijo de la vaca muca, que no incluyó Azarías ni Mejía Godoy en la historia de las lecheras.

Tío Moi, un hombre sabio de la tierra, y muy apegado al lenguaje popular que nace en los corrales y los campos, no olvidó esas otras lecheras que por carecer de cuernos o cachos son mansas, apacibles como novias, como poetizara Octavio Robleto en sus versos. Gracias a Tío Moi por dejarnos esa labor de la tierra y de la palabra que recordaremos siempre como las palabras de la identidad del habla.

Telica, 23 de febrero, 2017.

 

 


La escritura creativa como herramienta en el aula de clase del pensamiento divergente.

13 de marzo del 2017
Por: Alba Rosa Pastora

En el proceso de enseñanza de la escritura correcta de la lengua española, conlleva utilizar una serie de recursos didácticos, los cuales deben ser orientados de manera correcta y precisa por el docente de la asignatura de Lengua y literatura, para no caer en los ya trillados ejercicios, los cuales se vuelven cansados y aburridos para el estudiante actual.

Ello conlleva tiempo, y a veces, recursos. Por lo que el maestro deberá ser ingenioso, para llevar el conocimiento de manera dinámico, atractivo y motivador al discente, es aquí donde entra en juego ser un educador fomentador del pensamiento divergente, una estrategia para formar ese tipo de pensamiento en el estudiante es la escritura creativa.

Desde la escritura creativa se facilita el aprendizaje y se desarrolla el arte de la expresión escrita, el discente se va formando en la redacción, pero ante todo en el desarrollo del pensamiento divergente, de hecho, al fomentarlo en el aula de clase se está formando individuos capaces de saber tomar decisiones ante cualquier circunstancia o situaciones.

Una de las herramientas para fomentar este tipo de pensamiento es la redacción de cuento. Sugiero trabajarlo con los contenidos que se presten para ello; como docente lo he aplicado en ortografía y gramática.

A continuación, presento dos ejemplos de textos elaborados por mis estudiantes del décimo grado del Colegio Nuestra Señora del Pilar, Masaya.

Ejemplo número 1, se trabaja la ortografía literal uso de «Ll» «Y»

Tristeza

Yo permanecía en mi habitación, sentada al borde la ventana, simplemente observaba la lluvia. Veía pasar a las personas que llevaban las manos llenas, en una la sombrilla y en la otra a un hijo, compras o paquetes. Con mi dedo dibujaba en la ventana rayas sin sentido alguno con el fin de olvidar que aún estaba sola; cayeron por mis mejillas lágrimas tan oscuras como la noche; escurriéndolas con mis dedos fríos, me levanté llena de tristeza hacia el espejo, me asusté al ver mi reflejo y me di cuenta que era un ¡Mapache!

Autora: Ivonne Espinoza.

Ejemplo número 2, aquí se trabajó a través del cuento los pronombres personales, el objetivo era crear un cuento donde los personajes son pronombres personales.

¡Adiós!

Ella estaba sola. Se sentía perdida, abandonada. Él estaba sentado en el centro deportivo, como tantas veces a lo largo de su vida. Allí estaban, donde el amor y la mentira los había puesto. Ella no sabía, Él abrazaba fuertemente su intención. ¿Quién sería capaz de advertirle?

Nosotros le dijimos que no se confiara de Él. Ella, en cambio, hizo caso omiso y se entregó a Él.

Aquel día fueron felices, el tiempo se comió el recuerdo y se lamió las horas para no dejar huellas. Ella creyó poseer el mundo, su mundo, hecho de promesas extraídas del vientre del mar… Nosotros nos preparábamos para verle sufrir.

Él se fue, cubierto de días y semanas sin contar. Nosotros nos alegramos que se marchara y la dejara en paz. Ese día, Ellos como los habíamos conocido, dejaron de existir. Nosotros esperamos a Aquel que guardo en un pañuelo su amor y por temor no se lo declaró.

Autora: Angélica Fernanda Balitan

 


Importancia del estudio de la Literatura española en el egresado de la carrera de Lengua y Literatura hispánicas.

09 Marzo 2017
Por: MSc. Helen Cristina Medina Bertrand

Nació el 19 de marzo de 1975, en la ciudad de Somoto, departamento de Madriz. Licenciada en Ciencias de la Educación con mención en español. Maestra en Educación Comparada. Metodóloga de la investigación. Veintiséis años de experiencia docente en los niveles de primaria, secundaria y superior. Con experiencia en educación a niños indígenas. Autora del libro de texto de sexto grado y su cuaderno de trabajo. Poeta y ensayista. Fue incluida en la colección de poemas del Ministerio de Educación de Nicaragua, El sol de las victorias. Miembro de Acción Creadora Intercultural (ACIC).

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Los motivos de Darío

01 de marzo del 2017
Por: Mauricio Rayo Arosteguí

Hace algunos años, la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua-Managua, organizó un evento literario dedicado al poeta Rubén Darío. En esta Jornada Dariana se estableció un debate en torno al poema Los motivos del lobo, de nuestro gran Rubén. El tema fue titulado «El lobo de los motivos». Me llamó la atención el hecho de analizar la obra del poeta desde el punto de vista de un filósofo, un teólogo y un literato, más aún, cuando se hizo el énfasis en la humanización del lobo. Desde entonces, una idea ha venido calando en mi memoria, en el sentido de profundizar un poco más, sobre el tema que he llamado «Los motivos de Darío», lógicamente en el análisis del ya famoso poema.

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Alta Hooker, maestra comunitaria intercultural

17 de abril del 2016
Por: Henry A. Petrie

Circunspecta y erudita. Creole nacida el 10 de agosto de 1951, en Puerto Cabezas, cuando habitaban seis mil quinientas personas, aproximadamente.
«Las familias de aquel tiempo se cuidaban entre sí y las puertas de sus casas permanecían abiertas, aún de noche», refiere Alta Suzzane Hooker Blandford, en cuya adolescencia y juventud fue deportista y enfermera, ahora rectora de la Universidad de las Regiones Autónomas de la Costa Caribe Nicaragüense (URACCAN).

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