Poesía

Poemas de Jimmy José Gómez Solís

 

El hilo del universo

El núcleo de un átomo inexistente
con la densidad de todas las poesías
a un instante de sí misma
en reposo hasta la explosión.

Esto es todo.
Materia en expansión
hacia dentro y fuera,
las direcciones no existen
para el nitrógeno y el helio
de todas las estrellas alejándose,
abriendo la totalidad
con la velocidad del rojo
como un pedernal de protones y electrones
cortejando hasta llegar a un neutrón por amor
y al milagroso empuje
de un radio que todo lo abre,
el tiempo y la luz todo lo abre
ante el revoltijo llamado creación.

La conciencia reposa en el carbono,
se extiende en los millones de galaxias
para fijarlas en algún sentido
y condensar el verbo primero,
amasijo de fuego.
Salí de la completa anarquía.
El zíper que llamamos universo
¿existiría sin todo este desorden?

Empezó a acomodarse
en cualquier orden la masa,
los puntos en azar
con intensidad de sol dentro
y corteza de roca.
El tercero parecido a un cráneo de lava
fundida en el interior.

En el principio: los volcanes,
dioses de este sol solidificado
y de la atmósfera de gases.
Y del gas condensado,
pedazos de charco,
la hidrósfera o sopa primitiva
de compuestos extragalácticos
y una célula: yo,
migrante de estrellas sin nombre,
en silencio de ser procariota
con el carbono de una estrella
próxima a inventar la lejanía.

¡Cuánta vida en las estrellas!
El calor de estrella es superior a 50,000 grados centígrados,
suficiente para enlazar los átomos de la conciencia.
El carbono es la primera conciencia
escondida en el hilo del universo.

La angustia de los murciélagos

En la conquista de la superficie
se oye el canto de los dinosaurios.
El silbido en alas de Archaeopterix
convoca a la libertad de agua, viento y tierra.
Los tréboles se dispersaban seducidos
por el rojo de los punches
y el azul de las jaibas y sus tijeretas.

El hilo sigue la trama en el trasero de los achones.
Los achones inventaron el día,
¿dónde vivirán los achones?
Se escondieron de la deriva de Pangea,
tal vez olieron el humo de un meteorito.

Toda una civilización de arcoreptiles dominaba.
Los dinosaurios plantaron la historia.
Ellos desconocían el petróleo del suelo,
el calor de sus almas
y la longitud de sus cuellos y patas.

¿A quién pertenecemos?
A nadie. Un rayo trazó nuestros huesos
y nos infundió la energía necesaria.
Desde entonces respetamos las nubes
y besamos la lluvia.
Desde entonces cargamos la huella del agradecimiento
y ofrecemos nuestras pisadas
como nuestra única pertenencia.

Hacia nuestra despedida
ya los robles recitaban poemas a los murciélagos.
Las ramas musicalizaban sus dudas.
Do-Re-Mi-Fa-Sol-La-Si
La angustia de los murciélagos llega a tierra
y se levantan los Alpes,
Si-La-Sol-Fa-Mi-Re-Do, el Himalaya.
Y la música se hizo cordillera.
Fueron los Andes la primera partitura.

No era arte sino silencio

El primer lenguaje fue el de las cuevas.
Tanta expresión en paredes.
Palabras ocres, amarillas y rojas
son animales ahí plasmados,
en la cueva de Altamira
con tintura de relato en rocas
también talladas por los homo sapiens.

Así dieron color al pensamiento
y forma de las ideas.
No era arte sino silencio,
aunque el silencio también es arte.
Una estampida de verbos en la cueva de Altamira
con el silencio de la sombra
incrustada en el tiempo.

La memoria es nuestra única pertenencia.

El ser es la sombra proyectada por el tiempo

Hubo un trozo de misterio
habitado por bisontes y jaguares.
Todo y nada era el gran pulmón de fuego.
Un mundo en otro mundo
vivía el sueño del vacío,
soñaba el vacío de la vida,
vaciaba la vida del sueño
como volcán en sus mejores días.
Desperté con la llegada de los humanos.
Insistían en abrir caminos en mi espalda.
Parecían hormigas locas,
algo de ellas había en sus ojos.
¡Seres ultraterrestres!

Un brillo desconocido en sus lanzas
abrió mi cuerpo.
Se movían en dirección de las nubes.
¿Y el verbo?

El punto originario ya existía,
aguardaba en la lengua del silencio
que me dio la firmeza de sostener árboles
y el equilibrio de los pájaros en desparpajo.

El verbo es la vida
por la que las frutas cuelgan.
La vida es un segundo antes de ser,
Un papagayo rascándose el ala.

El ser es la sombra proyectada por el tiempo
y el tiempo, la seguridad de los caminos y brechas.

(De El tiempo sin atajos, poemario inédito de Jimmy José Gómez Solís).

 

 


«Tu nombre que alaba a la piedra»

Poemas de Reina Tamara Ríos Suárez

Incierto aun el cuándo…

Al pensarte
se dilatan mis pupilas.
Los Maribios acercan tu aroma.
De mi néctar
están hambrientos tus besos.
Y mi aura te desea, efusiva.

Solo extrañarte sería sencillo.
Al desearte cerquita,
trota mi sangre irreverente.
Y toda mi esencia fémina
se complica.

Tu nombre,
tu nombre que alaba a la piedra,
dejaste en mis jugos
con el filo vibrante de tu lengua,

y anclada la testosterona
en la húmeda tibieza de mi lujuria
está dentro, recóndita.

Montame

¿Qué esperas?
Ven y montame,
quiero sentirme tuya.
Sobre mí apoya tu cuerpo atlético,
impaciente espero.

Apriétame fuerte
con tus torneados brazos,
guíame en el recorrido vibrante
que sueles propinarme.

De arriba hacia abajo,
de forma circular tus movimientos,
tus piernas firmes…

Así…
Así me encanta…
Eres el sueño vívido
de esta estilizada

Bicicleta.

Leiru

10:30 p.m.

Ya en piyama y sola en mi habitación terminé informes, después de trece horas consecutivas de investigaciones y conclusiones, me acompañabas vía on line, chat o una llamada. Aquí estabas.

Escribiré un cuento. No, mejor escucharé a Arjona para relajarme. También a Montaner. Pero, ¿Por qué no a Franco de Vita?

11:15 p.m.

Tu sonrisa. Esa mirada coqueta, pero sigilosa. Tu romántica voz en mi oído. Nuestro primer paseo por la biblioteca. Te extraño tanto…

Quiero escribir un cuento ahorita.

12:28 a.m.

Pero, desearía verte, al menos. ¡Ah, lo olvidaba! Tengo por un ahí un par de fotitos tuyas. Ahí estás. Tú no sabes, te agarré desapercibido. ¡Ummm… guapísimo! Con ese semblante misterioso, y pensar, que después de tantos, no cabía un hombre en este corazoncito. Llegaste e impregnaste mi alma con tu amaranto…

1:50 a.m.

Continúo viendo tu foto. ¡Qué cuento y qué nada! Voy a dormir, para soñar con un beso tuyo.

 


Poemas de Rita Lucía Gutiérrez Vega

Asfalto en las alas

Sobre el asfalto, los pies expuestos y agrietados, abandonados bajo sol inclemente; cuerpos desnutridos, que cantan, venden y roban. Entre drogas, delincuencia y prostitución, muere la infancia en las calles; hambre, miedo, soledad y miseria.

Duermen en aceras, parques y basureros, los pequeñitos, entre gatos y ratas; con el frío en la sangre. Y los golpes, los abusos, la miseria más bazofia… diminutas y raquíticas siluetas de adolescentes, explotados por sexo y trabajo temprano, enfermedad de alma y cuerpo, solitarios compulsivos, como ratas ahogándose en estancos.

No hay bondad y la esperanza se esconde desangrada tras las puertas inconscientes, tras los ojos que no ven, tras las venas pálidas. En las calles hay oscuridad, una legión de ángeles de la muerte y el silencio espeso caído en manos quemadas y callosas.

 

Civilización

Ataques en la penumbra, olor a pólvora, bombas… ¡Cooorre!.. Edificios, casas, familias destruidas. Trece objetivos desarmados bajo un puente frío. Ráfagas de fuego destructivo, agudas tristezas, impotencia, desolación, sangre diluida… Ojos vacíos.

Manos hermanas: luchadoras, sencillas, trabajadoras. Llantos frenéticos, solitarios cuerpos mutilados, al extremo. Sufrimiento colectivo, guerra inútil, sin tiempo presente en este siglo perdido, entre fines inhumanos, estúpidos.

Vidas hurtadas, vencidas, entre historias: sueños, muertes, desteñidos pasos, estrujados, combativos.

Bestia de mil cabezas: nefasta, maliciosa, opresora, enemiga, guerra ideológica de intereses vacíos, intrigas y verdades, riqueza-pobreza. Ángelus lesivo, desconcertante ocaso, desértico, pronto fallecerás, mientras tanto sigo aquí, oculta 004 francotiradora, generación 3-07 presente, apuntando y aguardando órdenes superiores (a sus órdenes).

 


Poemas de Helen Cristina Medina Bernard

Lujuria

¿La manzana de la discordia?

Pobre Paris, ante el reto:
«¡la diosa más bella!»,
no quisiste las victorias,
desechaste los racimos de Minerva
por un bello rostro, el de Helena,
y te sumergiste en dolor
y sometiste a tu pueblo a infortunio.

Helena, dime:
¿qué somnífero encierra tu ondulado cuerpo
y qué gracia lustral tienen tus cándidas
y armoniosas formas?

Trémula dijiste:
Ven, Paris, a bailar la danza de Dionisio,
ven a mi regazo, ¡aunque Troya se consuma!

El poder de la vagina

Durante el transcurso de la historia, nosotras, las féminas, hemos gobernado el corazón de los hombres. Parece increíble, que la curvatura de una entrepierna sea tan poderosa.
Hombres impetuosos han sucumbido ante el encanto de las cándidas y armoniosas formas femeninas, se han dormido entre los muslos firmes y aromáticos de una mujer, referiré algunos casos, en expresiones dadas por ellos:

  1. Akenaton y Nefertiti: «mi corazón enferma por ella.»

  2. Marco Aurelio y Cleopatra: «increíble, me ha vencido su amor.»

  3. Atila e Ìldiko: «sólo esa mujer ha movido mi corazón de guerrero.»

  4. Menelao y la bella Helena: «no puedo vivir sin ella.»

  5. Sansón y Dalila: «…y se durmió en las faldas de su túnica, después de haberla amado, perdiendo la cordura y olvidándose de su voto divino.»

  6. Hércules y Onfalia: «Hércules loco que a los pies de Onfalia la clava deja y el luchar rehúsa, héroe que calza femenil sandalia, vate que olvida la vibrante musa.»

  7. Napoleón y Josefina: «usted es la única que puede mover y gobernar mi corazón.»

  8. Chopan y George Sand: «ningún acto de generosidad sería pago para el amor de Amandine Aurora hacia mi persona.»

  9. Simón Bolívar y Manuela Sáenz: «¿Me preguntaba usted por manuela o por mí? Sepa usted que nunca conocí a manuela en verdad, ¡nunca termine de conocerla! ¡Ella es tan sorprendente! Cuando la necesitaba siempre estaba allí, cobijó todos mis temores.»

  10. Ruben Darío y la Garza Morena: «¡Ah, mi adorable, mi bella, mi querida garza morena! Tú tienes en los recuerdos que en mi ala forman lo más alto y sublime, una luz inmortal. Porque tú me revelaste el secreto de las delicias divinas en el inefable primer instante del amor.»

Ante lo expuesto, concluyo con la última estrofa del poema A un poeta, de Rubén Darío:

“no pierda el fuerte el rayo de su brazo
por ser esclavo de unos ojos bellos”.

¡Arrivederci!


Poemas de Alba Rosa Pastora Olivares


Complicidad

Truenos y retumbos fueron tus cómplices. La lluvia robó mis lágrimas y ahogó mis gritos. Araste el patio con mis piernas, no bastaron mis manos. Tu brutalidad se impuso.

Refugio

Hay días afilados
que esconden en su matriz
las garras y los dientes
del tedio y la rutina.

En días así
me exilio en el imperio de las estrellas,
buscando la curvatura cósmica,
o la inspiración del ángel guardián.

Busco un espacio
para el olvidar el cansancio.

Absurdo

Orbité en el universo lexical,
viajé a la galaxia de las palabras,
esculqué en cada hoyo negro,

buscando significados
para un verso nuevo.

Extraje colochos de las estrellas,
sacudí luciérnagas
y brotaron escarchas de poesía,
quise fundirlo todo al calor del sol…
temí derretir este poema.

Gaza

Hoy es la danza del humo holocaustico,
abraza la tierra el aroma a pólvora y misil,
se eleva el humo con olor a piel quemada.

Hoy es la angustia, el dolor,
la injusticia saltando muros.

Danza la muerte al son de proyectiles,
envuelta en fósforo blanco,
abriendo entrañas,
sembrando gritos y lamentos,
engulle el terror sus víctimas,
ahogada en las alambradas
se quedó la Paz.


Poemas de Luis Ricardo Arévalo Arias

(De su más reciente libro El humo de mi propio aliento)

 

La vida es un paisaje tierno

Hoy he dibujado el paisaje más prístino
donde el energúmeno se ahogó en sus lágrimas,
como un ogro de huracán.

El energúmeno abraza el dolor de la nada
gangrenando el universo, un miércoles de
ceniza descubriendo el libro infinito que lo
destruirá, hoy he dibujado el paisaje más
prístino donde el energúmeno se ahogó en
sus lágrimas.

He disuelto los sinsabores que a nadie deleitan,
he dibujado el paisaje más antiguo, donde
florecen el bien y el amor.

Cada melodía representa en mi vida el
mediodía, ángeles contemplan a la orilla
de su mística música la desnudez del alma.

Donde va hablando el silencio del dolor
de este mundo de ilusión que es un
video juego que pronto llegaran a su fin.


La institución de la mentira

Es preferible decir mentiras con unas tiras de más negrilla,
con cerillos de fósforos, en mansiones de topacio, tachuelas
de plomo, corchetes de ébano, violetas de faro que alumbran
como ordenadores de Bill Gates, para hipnotizar y esclavizar,
no podrán soportar la verdad, las cosas sofisticadas que le
duele al circo, momias, Nazca, humanoides, gárgolas de
acero, lenguaje de señas para que se enjuaguen la boca,
porcentajes de seis por ciento, zonas francas asiáticas que
solo pronuncian fonemas como adecuación de algebras.
He visitado el ministerio de la mentira donde el embuste
es el que administra este mundo, toda la falsedad y falacia
que hemos vivido, no la aceptamos, porque es anti cósmica.
Fisonomía de gallos que salvaguardan el bacalao,
Ronronean los camiones, carros y ambulancias, la mecánica
de descredito, que se oxidan en la delicadeza, cuidado llego
la fecha de vencimiento, pronto se sabrá la verdad.


Nicaragua es una luciérnaga hidroeléctrica

De pronto me volteé para ver el horizonte,
con el sol de escarabajo rubio en el oriente,
y me pregunté: ¿por qué tanta oscuridad?
si el país que me vio nacer es una luciérnaga
pura hidroeléctrica que nada en todos los
ríos caudalosos y largos, y también en el
Gran Lago donde un tiburón preguntó
¿Porque no encienden las lámparas de agua?

Nicaragua es una luciérnaga hidroeléctrica,
con las pupilas de Tesla unimismadas,
que señalan el norte como brújula
de aguja de burbujas, donde el arcoíris
dobla su esquina de demencia y de olvido.

Entre afeamientos y apeamientos

Siento como algo feo dentro de mí,
como riscos que queman en mi boca,
en mi cabeza, en mi ser, son riscos demoniacos
que me aborrecen, yo no quiero sentirlos,
pero me fastidian cada día, me vuelven loco
porque no puedo ni respirar, es un cúmulo
de tensiones en mi ser.

Me abruman y hasta parezco una jaula
de serpientes y víboras.
Despierta en mí una furia como para
olvidar a cualquiera.

Es la furia de los animales salvajes,
siento algo feo dentro, alláaaa, es como
una especie de manicomio dentro de mí.
donde corre mi grito en un oscuro espacio
como la misma soledad del universo y me
siento herido en las montañas del sistema.

Un poema

Garabateaba una tarde íngrimo
las palabras de mi futuro unionista
irreversible bajo la brisa tétrica y el
follaje de dos árboles enmudecidos
eternamente, escribía un poema a
mi primer amor, había helado el
clima mi pensamiento, por
completo olvidé el bello poema
garabateado con tinta chatarra en
un desperdicio perentorio de mi
sentir eterno.

Pero este poema se esta ahogando en
la tierra y en las flores rojas imaginarias
de este amor platónico que invade mi mente
porque lo invisible es la ausencia.

 


Léster Giovanni López Centeno

Crónica de mi pueblo

Por la mañana la gente se levanta,
el despertador es el villano cerca de la cama,
el gallo tuerto anuncia el nuevo amanecer,
el panadero prepara el banquete de pankey.

El bus anuncia que se acerca a la estación,
el ganadero recoge el rebaño del ordeño,
los bueyes se esconden para no ir a la faena,
el vaquero alista su morral para una hora buena.

Mi abuelo de 80 años enciende su deteriorado radio,
se escuchó ruidoso, ¡ya son las seis de la mañana!,
vienen los titulares, la vida cara, ¡hay crisis en la mara!
Muere un cristiano, fue de huelga de hambre.

El presidente anuncia su alentador poder,
las familias luchan a diaria por algo de comer,
los niños estudian con esfuerzo de los padres,
se cerró el hospital por mal de alzheimer.

Desaparece el colector del pueblo,
se rumora que llevaba oro, plata y mirra,
el jefe de sector circula fotografía hablada,
la gente mira, comenta y denigra.

Soy rudo

Soy rudo porque no entiendo tus propuestas,
por no aprender que se ama sin ofensa;
se me olvida que te conozco de pie a cabeza,
eres más dulce que una fruta fresca.

Grítame rudo, no como asno;
escríbelo en mis apuntes de cobarde
aunque duela: Soy rudo, no bastardo.
El poema lo escribo con sabor a sangre.

Hiciste ruido cuando me llamaste rudo,
sentí que mi corazón ha sucumbido,
que las heridas sangran por dolor,
que mis ojos emanan lágrimas de amor.

Este rudo ama cuando hay que amar.
Este rudo tumba todo obstáculo por llegar.
Este rudo nunca olvida tu nombre,

aunque sé que ya tienes un hombre.

Mi maestra de español

Mi maestra de español, la más bonita,
me enseña el ABC todo el día;
a cada consonante le saca sonido,
palabrea cuento, recita poesía.

Mi maestra de español me enseñó a leer.
Ahora leo los grandes cartelones del paseo Xolotlán,
las noticias del diario El martillo:
«Dicen que torturaron a armando
y la arremeten contra Ceferino».

Mi maestra de español me cocina muy bien,
me hizo sopas de letra de la A hasta la Z,
sabe dar una receta cuando me salen palabras graves,
me analiza de pie a cabeza si las esdrújulas no salen.

Mi maestra de español tiene otro nombre,
se llama Sinónimo. Su novio es lo contrario,
va contra vientos el gran Antónimo,
se baja en las escaleras de los verbos,
visita al sujeto de la oración,
admira al Cosigüina y al Mombacho,
y termina interrogando a los catrachos.

Mi maestra de español es una gran artista,
de mi vida cotidiana platica con los vientos,
quiere poesía, quiere narrativa de los desiertos,
una historia que me lleve a un emisor
y al signo de interrogación.


Poemas de Pedro Alfonso Morales

Llegada

Vengo de la nada
y de un hoyo en el camino
que engendró gestos y esencias.
Vengo de la mirada en la sombra
y de un pellizco del tiempo bajo la luna.
Así pasé por luminosidad
en la penumbra de los sueños y los cantos.

Telica, 31 de enero, 1995.

Agente

Yo quiero saber
por qué soy yo de mi prudencia
una empolvada ruina y cataclismo.
El agente de mi memoria sin vestir,
una cosa que va desnuda
entre los automóviles de mediodía.
Por qué soy yo
una penumbra humana, una hoz,
una cicatriz de mi riñón sin bandera,
la dialéctica de mi sangre en aleluyas,
el cenit del amor con los ojos abiertos
y una infinita benevolencia que se muere…

Telica, 15 de enero, 1995.

Impulso

El aliento es la fuerza que nace
en la sangre y en la intensidad de tus ojos.
Es médula que apacigua mis sensaciones.
Crece en la memoria y ejerce influencia
en el camino de toda la experiencia.
Cuando llega, abre la idea y el genio.
Es prototipo y género de vida,
porque es hambre la luz,
un recorrido de venas en silencio.
Somos hombres y mujeres
y proyectamos el arte de una realidad.

Telica, 01 de enero, 1995.

Movimiento

Yo giro y el movimiento expone.
Aquí el abismo o la cima, porque giramos
dentro del universo que gira del hombre.
El movimiento de las cosas sacude todos
los hemisferios. El movimiento arrasa,
destruye polvos de la vida. Y el estigma
se rompe como la tela de una araña.
Caen las manos y las pirámides.
Mueren con los ojos cerrados.
Perdemos el beso en la mañana,
la caricia de la sábana y el fuego
de los incendios. Y vuelve la exposición
tal vez el movimiento de la esencia
para que seamos la eternidad.

Telica, 16 de junio, 1995.

Movilidad

El agua es dulce y el átomo
fuerza en la quietud. La queja no ve,
no asienta el amor de la especie.
Nada es inmóvil ni paciente en la inercia,
porque el misterio y su silencio
devora hazañas del universo.
Todo es movilidad: lo dice la ley
y la mirada que no cesa en los sueños.
Yo creo en la ley y en los párpados
de tiempo nuevo porque todo existe amándose.
Y sólo falta la mano, la flor y la voluntad de los caminos.

Telica, 19 de abril, 1995.

(Estos poemas integran la sección «El lenguaje de la vida», del poemario inédito «La experiencia elevada al cubo del hombre y la mujer en una tienda de versos y canciones» [1993-1996], del poeta y narrador Pedro Alfonso Morales).

 


Micros de Helen Cristina Medina Bernard

*

Tus ojos y tus labios
mi guerra de Troya…
impenetrable como sus muros
pero, pronto
¡surgirá un caballo hermoso!

*

Me convertiré en árbol antes de que me toques, Apolo, pero tu corazón llevará como corona mi ramaje.

*

Habítame, amor,
toma posesión de mi luz
y no te limites a palparme
como un ciego en la obscuridad…!

*

Hoy
amanecí con un clavel en el corazón
y mariposas en el estómago.

Los suspiros de mi boca enuncian presagios
y mi alma canta el anhelo.

Claveles, mariposas, suspiros, presagios…

tanto amor y tanta imposibilidad
en mis manos.

 


Poemas de Miguel Ángel Chinchilla

(El Salvador)

Hay quienes…

Hay quienes rasgan su espíritu
Circunspectos ante el vulgarismo
Del poema que sin metáforas
No es ni puro ni es purismo
Ni hermético ni peripatético
Mucho menos armónico tampoco bello
Más bien un papel mugroso al garete
O el escupitajo de un tísico tosigoso.
Hay quienes que solo creen
En la palabra límpida es decir sin macula
Sin pecado original casi sublime
Sin lo pegajoso de las secreciones entre dedos
Ni lo agrio de un beso de lengua al despertarse.
Hay quienes que no son quienes
Para mandar al carajo eso del verso puro
Ni siquiera de fumárselo.

Alo poetas

La gracia o desgracia del poeta
Es enunciar lo mismo que dice la gente
Con sinécdoques, metonimias y alguna donosura
Jugando al calambur y al sentido doble
Poniendo las palabras atrás y adelante
Socando la gramática por aquello del decoro
Y más adelante su nombre para que nadie lo plagie
Algunos para seducir a la musa o el muso
Otros bucólicos para cantar al aguacate
Habrá quienes para alabar su rabia convergente
Los místicos para gloria de los dioses
Los herméticos para que nadie los entienda
Los atormentados en la felación de su agonía
Los rebuscados triturando la sintaxis y el diccionario
Los irónicos con el humor de Marcial a la siniestra
Los revolucionarios blandiendo el alfabeto
Los utópicos en la crianza de pajaritos preñados
Las feministas rompiendo con los géneros
Algunos para enaltecer a la patria, a la madre, a la raza
Otros por odiosos fueron muertos en el intento
Recoger la impronta de sus huesos perdidos
Podría ser motivo de silabas extrañas.

Revira y contra

No maltrates el verso
Con retóricas desahuciadas
Evita tirar la piedra
Que en el aire se hace pájara.

Que no te perturbe el desprecio
Del gerente en el circo de las palabras
De Babel llega ecolalia, lo siento
No se le entiende nada.

 


Urania del Carmen Rodríguez Medina

02 de Junio 2017

Recuérdame

Acuérdate de mí,
añoro el prodigio embriagador
de tu amorosa entrega;
mi corazón intermitente no siente,
petrificada mi alma aquí dentro.

Tu mirada,
con buril por siempre
se grabó en mi pecho.
Susurra a mis oídos
que la distancia aqueja.

Escucharé
de tus mudos labios
el murmullo del amor.

Déjame aspirar
de tus labios el aliento
Sacar las ansias lívidas
que embriagan mi tormento.
Sigo las huellas de mi cultura

Voy abriendo variedades,
cautelosa de no tropezar
para que las huellas de mi cultura
no se borren.

De mi pueblo fluyen
encantos, talentos, colores
de historias ancestrales
en pinturas.

Fluye mi cultura, la vuestra, la nuestra.
Tu canto, tu baile, tu pintura, tu escultura,
tu instrumento musical y mi poesía
lírica, romántica y diversa.

¡Que resuenen al unísono!

 


David C. Róbinson O.

17 de Mayo 2017

En mi pecho

Pecho de Adán
Laten murciélagos de arena
Quirópteros angustiados
Por la ausencia de mi costilla

En mi pecho
Pecho de Adán
Una manzana obstruye
El vuelo de Cupido

 

En mi pecho
Pecho de Adán
Camina el ángel sobre llamas
Y baja del cielo la ofrenda
No hay perdón
Sin alcanzar a Eva

Coca-Cola

En la cancha un pandillero mató a otro niño

Papitas
En su cuarto un papá violó a su niña

Big-Mac
En la escuela un chiquillo compró cocaína

¿Hasta cuándo este colesterol?

A descartonar

¡A descartonar!
¡A descartonar!
¡Que el incendio viene!
¡Que el incendio viene!

Un cartón no sonríe
No bebe cerveza
No come pescado frito
No sabe de cogidas y menos de dejadas
Únicamente conoce el mantel mojado por los gatos
Únicamente conoce lo corrugado de la tarde

¡Y el incendio viene!
¡Y el incendio llega!
¡Y calcina la piel de las ciruelas!
Las ciruelas no tienen piernas
Las ciruelas no pueden huir

Un escribidor se desliza hasta la cantina
La pútrida cantina
Lleva los cartones bajo el brazo
Y la boca llena de celulosa
Y sus ojos que sólo ven las pelusas
Y el destino que lo aguarda con su vestido de candelas
Él
El escribidor
Ni siquiera se percata
Ni siquiera sospecha
Que la tragedia se acerca
Que la hoguera ya arde

Los cartones tienen la costumbre
La fea costumbre
De dejarse abrazar por la candela
De dejarse abrasar por los denuedos del fuego
Y por eso los cartones no son poetas
Son escribidores
Cualquier chispa los convierte en escorias

Y por eso la cosa es hoy
Hoy
Hoy es el día
Hoy
Inevitablemente hoy
Poetear o no poetear Ese es el dilema
¡A descartonar!
¡A descartonar!
¡Que el incendio viene!
¡Que el incendio llega!

 


Jimmy José Gómez Solís

18 de Abril 2017

Los pulmones de fuego

Un hongo nos habló del fin
y encontramos los puntos suspensivos en el paisaje.
Nunca pisamos suelo,
escondimos las ráfagas que nos alimentaron
y nos introdujimos al sueño del basalto.

 

Nunca nos avergonzamos de nuestra casa,
ahora más fría y callada.
¿Cuándo vibrará de nuevo el canto
de las plumas marinas y las esponjas?
Guardamos el eco de tantas polifonías
en nuestras conchas y caparazones;
les dimos el poder de guardar nuestros compases
y las depositamos en la orilla,
la que empieza a poblarse de pipilachas.
¡Cómo nos enamoraba el granito,
los feldespatos y micas!
¡Cómo nos enamoraba rozar las rocas,
ser testigos de tantos insectos apareándose!

Un alacrán besa la frente de la tierra.
Esta es la nueva alianza:
una tierra gobernada por arañas y ciempatas.
¿Cuán solo estaría el suelo antes del primer líquen?

Helechos y coníferas son refugios dignos
para los pulmones de fuego.
Las ranas salen de sus huevos
y recitan el calor y el frío.
La abundancia se gesta en la extinción.

El tiempo sin atajos

Nos sentamos bajo artificios
sin temor de perder la luz,
sin amansar la memoria,
porque la memoria es nuestra única pertenencia.
Una estrella habla en el cabizbajo
que indaga el silencio
como pastilla para la arrogancia
de sentirnos dueños.

El verbo nos pare sin género,
es cromosoma, es plural.
No nacemos con número telefónico
ni nombre de usuario.
Otros afanes nos pervierten
y maldecimos nuestros genes;
Hipotálamo y Testosterona
por ser artífices de amor.

Ausencia o abundancia de Andrógenos,
tamaño de hipotálamo…
Las hogueras prevalecen
en el cuchicheo de los vecinos.
¡Quién quemará nuestros genes!
No hay «una» ocupando al cabizbajo,
es un mundo que se extiende
y se reconoce en mí.
El mundo del cabizbajo es conjetura
y duda de su existencia.
Es una rama sosteniendo alados.
Suprahumanos en iguales balanzas
llegarán de otras galaxias
por el beso entre iguales.

Abrirán sus caminos con tarareos
de notas sujetas a sus cuerdas,
así se adueñarán de pichones.
Inyectarán partitura como analgésico,
será anestesia,
suturarán el rencor
y arrancarán aguijones de los pisoteros.

Respetarán la lágrima como símbolo
y la portarán por arma.
El llanto será caudal de hachones.
El llanto zurcirá a los cobardes,
les dará su luz
y el poder del cambio.

Amarán los finales por ser principios,
y el tiempo sin atajos.
El tiempo es piel de un cuerpo que regenera,
es la cuerda de todos.
El tiempo es cabizbajo
con galaxias en la mirada
y libertad en los labios.

El olvido es la nada

Me impusieron dioses y nombres extraños,
dividieron mi cuerpo con sus banderas.
No hubo sueño que me redimiera,
esclavizaron mis bosques.
De nuevo la anarquía.
Troncharon la libertad a ciegas,
ensuciaron el derecho de comer y beberme.

Yo cantaba en los cuclillos y cenzontles,
era mi alma la que cantaba el orden,
la unión de sus almas con la mía.
El alma es una nota que vaga,
se dispersa en todo.
Un Momoto abre el ala es unión,
sangría entre ser y olvido.
El olvido es la nada.

Clavaron sus cruces a mi suelo.
¿Muerte por amor?
Predicaron los ríos de sangre
como vertientes de luz y triunfo.
Las mujeres cerraban sus piernas en rechazo.
Otros colgaban de alguna rama
mientras un pechiamarillo les besaba la frente.

Entraron al sueño de la ceiba que amaron
mientras España se acostaba en sus petates
y exterminaba la inocencia.
Ignoraron mi alma en las plumas del Momoto,
me llamaron Nicaragua.

Mi sueño a ocho metros del cielo

Yo era totalidad del placer,
con los valores de la alegría agregados
y la veneración superpuesta.
Desconocía la pestilencia del poder
de los mantos y penachos.
Me enamoraban las plumas
y el incienso prescrito a los tributos.
Desconocía el trueque:

Un conejo por cien granos,
ocho pomas de Munoncapot por cincuenta,
te doy un humano por diez.

No recuerdo el número de manos
ni la cantidad de olores
que rivalizaron mi perfume.
Yo era el centro de la podredumbre.
Nadie supo el significado de mi sabor,
quise ser amargo y aun así me bebieron.
Fui hermoso en la mano del mercader.

Yo era nobleza de las selvas
que vieron mi sueño a ocho metros del cielo
siguiendo un hilo de la galaxia triángulo,
un brazo de estrellas sujeto a mí.
Mis granos son el cielo que desciende,
el infinito en mí.

 


Omar Alí Moya García.

27 de Marzo 2017

Monólogo con la idea efímera que todo es posible bajo el Crepúsculo de tus Ojos.

Me levanto. Veo el cielo.
El día sube como ola,
Hoy, tu presencia de niebla es tangible,
aunque tus labios cerrados se lo traguen todo
como el tiempo en que anduve errante
de planeta en planeta y llegué a tu mano,
como el colibrí: diminuto y apresurado de aire y cielo.

Dime acaso si seremos nuevamente los dispersos
rostros entre la muchedumbre que transita el universo;
dos números sacados al azar, sin proporciones
y con la probabilidad de decaer como auroras prehistóricas,
o bifurcar ecuaciones que detallan tu paso mismo
por mi ruta extraviada de oscilaciones taciturnas…
sabiendo que es probable caer en el crepúsculo,
o bajo él… pero allí: certeros y efímeros…
el día deambula en tus labios
y mi presencia invisible trastoca tus manos,
sabiendo que todo es posible,
hasta deletrear tu ausencia,
o mezclar en mi vino el añejo de tu silencio…
porque al final, todo es posible, bajo el crepúsculo
de tus ojos… que no digan nada…
o lo digan todo…

2009.

Momento

Hago un viaje:
ahí estoy sentado
viendo de lejos cómo huye el silencio;
mi madre al fondo de la habitación
hilvanando posibilidades;
el sonido de la lluvia
sobre las tejas enmohecidas…
el grito de tu voz
cuando te vi por vez primera,
tu mano aferrando mi dedo, Jóssmar…
el día que se quebró el eje de mi mundo,
y fuera de órbita transité
en medio de la materia oscura,
el horizonte en expansión,
el huracán embotellado…
la incertidumbre creciendo
como hiedra sobre esta roca triste,
mis hermanos corriendo
a mi lado, como guepardos de fuegos,
la música desgranándose
en medio de tantas soledades…
Me construyo, me hago añicos,
me repito incesantemente,
hago cálculos diferenciales
con el futuro bipolar…
soy piedra y fuego,
sol y agua,
en medio de la noche…

2015.

Ectopoema en barro

Saborear la tierra,
que discurre entre los dedos,
el cúmulo del mundo
se torna gris en la mañana;
descalzo,
hirsuto,
el eco del abismo que nos traga,
la voz del niño en el vacío,
“somos polvo”,
para alimentar el viento necio
para abonar la tierra que grita,
las hojas que caen
como soldados en medio de la batalla,
aún el barro nos da forma,
convexas, cóncavas, antojadizas y turbias,
las manos apretadas,
la idea furtiva,
las olas de ansiedades añejas,
la marca en la frente,
las lágrimas que se oxidan al caer…
Aún somos barro,
en el vaivén de un huracán,
en la antorcha nocturna,
en la rueda que se detiene,
en la mirada de un niño
que sueña con soñar…

 


María Teresa Bravo Bañón
(Mayte)

13 de Marzo 2017

El niño de Jinotega

Tus ojos negros,
el sopor de mi fiebre
y mi mano intentando una caricia.
Tu callado llanto,
mi impotencia
y tus hermanitas rodeándote
cual gorrón herido.
Tu miedo al dolor,
mi miedo a morir
tan lejos de mi casa.
Tu anemia de niño desnutrido,
mi chicunguña retorciéndome los dedos
hasta convertirlos en garras.
Techo blanco y el neón
azulando el escorzo de suero
y aguja en tus venas…

Nos separamos en la cola del dengue,
bajo un letrero anunciador:
EL DENGUE MATA,
entre resignadas y dolientes sombras
que esperaban su apocalíptica sentencia.

Yo volví a la burbuja de mi mundo:
esterilizado, pasteurizado, aséptico;
donde virus y bacterias carecen
de los puños boxeadores del Trópico.
Muchas veces pienso en ti,
si tu sangre ya se habrá hermoseado de hematíes,
porque comes algo más que gallo pinto y tostones.
Si brincarás feliz, con tus hermanitas,
por el patio de la escuela
y que esperarás, con ilusión, el aguinaldo
y a los Reyes Magos de Oriente;
ajeno, muy ajeno a la noche
en que nos hermanó el imposible azar de la vida,
en el mismo hospital de Jinotega.

Los perros de Managua

Sestean entre montañas de basura,
cual chacales de karma degradado.
Beben en charcos negros,
deambulan, famélicos, sin rumbo,
cargados de pulgas y de garrapatas.
No se acercan, se detienen
en prudencial distancia;
para no ser apedreados.
De lejos esperan un algo tuyo indefinido:
un hueso, el pellejo de pollo,
los restos del festín de una fritanga…
Que, en acrobático brinco, devorarán
como si cazasen un pájaro al vuelo.
Ninguno mendigará una caricia,
ni meneará el rabo, en señal de gratitud.
Es tanta su orfandad que desconocen
el amor de un niño con el que hubieran
compartido sus juegos de cachorros.
Tampoco experimentaron la lealtad
absoluta al dueño de una casa.
En sus ojos nunca descubrí ni un atisbo
del alma perruna de mis felices perros.
(Intuyo que se las arrancaron a garrotazos
o se les murió de pura indiferencia)

Pulpería Aurora

Nos mecíamos indolentes en el porche de la casa,
una vacada canela, seguida de un vaquero
a caballo y de buen porte cruzaba,
mansamente, el enfangado camino.
Llegó una vecina preguntando si había requesón,
«Lo habrá mañana», le respondió Aurora.
A ella le intrigaban de mí muchas cosas:
que qué hacía yo sola tan lejos,
allá en las perdidas Lomas de Jinotega,
que por qué se me había ocurrido
venir a trabajar con los maestros, sin cobrar,
en vez de haberme quedado en mi casa,
tranquila, después de jubilarme…
(No le confesé que hasta yo me lo preguntaba a veces).
Después fue deduciendo de mí que, posiblemente,
en España los maestros eran ricos y aseveró:
—¡Usted debe tener hasta lavadora!
—Sí, tengo lavadora –le respondí con sorpresa.
—¿Y hasta criada y gente de servicio?
—No, mujer, no podría pagarles con mi sueldo.
—¿Y se lo hace usted todo? ¡Pues cuánto trabajo!
Pensativa, se atrevió a la pregunta clave:
—¿Y carro? ¿Tiene, usted carro?
—Sí, también tengo carro.
(Me callé que tengo dos,
hubiera sido ostentación innecesaria).

Se quedó satisfecha, como si detectivescamente
me hubiera sonsacado un gran secreto.

Cayó la tarde y su marido guardó las reses
en el establo interior de la casa,
llenándose el aire de mugidos lastimeros.

Si no fuera por las palmeras, los ceibones,
y el canto de los perrozompopos,
diría que aquella noche la pasé en una aldea
de la ancestral Galicia.

 


Rita Lucia Vega

12 de Marzo 2017

Solitaria

Más que una perra callejera, que divaga
y se pierde entre la gran multitud,
que mendiga un trozo de pan
y pelea por un charco de agua sucia de la acera;
aquí estoy.

 

La triste soledad ha tocado mi puerta,
entró sin que la abriera, destrozándolo todo,
lo hostil y pasivo de la vida.

No puedo ver por el vasto espacio,
me acribilla la mañana angustiosa
apenas llega y yo, sin conciliar el sueño.
Deseo romper este karma, harta de todo,
del molde y la medida, mis tallas no encajan.

No seré la pasiva ni callada que desean,
tampoco me haré morir como perra sumisa,
jamás dejaré de ser, aunque siempre solitaria.

 

Otoño

De mis paredes internas
cuelga el señor del tiempo,
la azul mariposa ahora está borrosa
y el cuadro, ese cuadro
que antes contuvo colores y sonidos,
hoy está vacío.

 

Muñeca de piedra

Ahora, en el ocaso de mi memoria, en éste estúpido rincón, sobrevienen los recuerdos como avalancha; el miedo excesivo se expresa en mis ojos lagrimosos. La inocencia nos hace esclavas, prototipo de la niña-mujer que todos esperan. Y me recuerdo en el borde de la cama, temblando… rotos mis labios, con la esperanza disecada, casi moribunda… Escapé, probé el sabor de la sangre, una libertad amarga, sonrío. Vi mi cuerpo convertido en piedra y mi alma cuidando esa jaula.

 

Afalo

¿Incompleta, yo?

Ser mujer no es abrir las piernas, bajar la cabeza; tampoco es decir siempre Sí o No.
La sociedad margina y la intimidad hogareña asfixia, con tanta decencia o qué sé yo… ¡Bah… estupideces!

Y para su ardor, lo besé, impedí su abrazo y sonriente me marché oliendo flores. Segura que jamás una verga ha completado a una mujer.


Urania del Carmen Rodríguez Medina.

03 de Marzo 2017

Estoy aquí

Vengo de allá,
de donde el hombre es jefe y señor,
de donde la mujer calla, esconde, justifica
la cruel actitud del marido,
mientras respira por la herida que aun sangra
y sueña con un futuro mejor.

Vengo de donde a diario
ella se afana fiel en el hogar,
luego sale al campo en ayuda del marido
y junto a él,
cumple una faena de sol a sol.

Vengo de donde la historia fluye fresca,
cuerpo de mujer,
literalmente esclavizada,
sin remuneración ni estimulo
por su trabajo.

Vengo de donde la hija,
hermana, esposa y madre, practican
un concepto exagerado de tolerancia,
de donde la mujer hace de padre y madre
para sacar a sus hijos adelante.

Vengo de donde el hombre ebrio de machismo
y embriagado de ira,
arrebata la vida a la esposa
en presencia de los hijos.

Vengo de donde la justicia casi es nula;
de donde los sueños de mujer
no se hacen realidad.

Te extraño

Ansío escucharte.
Busco en soledad
el mejor recuerdo,
la opinión de Cupido,
la súplica del deseo,
el grito de mi alma.

Intento encontrarte.
El miedo me invade
cuando no te veo
y a solas te espero.

Me espanta no hallarte.

Balbuceo las letras de tu nombre;
los árboles me observan,
la soledad me insulta
y me encuentra la tarde.

Despedirme me duele.

 

La libertad es el vuelo

¿Libre yo,
cuando me siento presa?

Al temer la vida me amargué.

Por cárceles y tristezas
revienta mi pecho.

Solo en el vuelo alto,
me siento libre.

¿Dónde?

¿Dónde están las románticas escenas bajo luna llena?
¿Dónde se fue el amor que un día impregnaste en mi piel?

 


Alba Rosa Pastora

23 de Febrero 2017

Al poeta peregrino.
A Julio Valle-Castillo

Copuló la palabra con el ritmo
y le dieron su esencia;
fama te acunó en sus brazos,
Kronos te dio su bendición.

Su alma peregrina y helénica,
crepita entre tropeles de estrellas
y nubes de metal rojizo,
sondeando incansable el corazón
de las palabras.

En la curvatura celeste
te remontas al horizonte henchido.

Surge Homero
orgulloso de tu verso.
Allá te saluda Herodoto,
envuelto en el tiempo.

Más acá,
Fidias estrecha tu mano
y en juegos florales victoriosos,
Píndaro y de la Selva se regocijan al verte.

 

Cocinando un poema
A Plutarco Cortez

Quizás debí recurrir al espíritu de Bécquer,
mas no me atreví por temor que me dijera:
Poesía eres tú.

O clamar a Neruda,
pedirle una receta y preparar un poema de amor.

O bien a Alfonsina.
Que me regalase un verso,
y fuese la medida de todos los míos.

Mas terminé recurriendo
a la sacralidad olímpica.
Engarcé una palabra
e hilvané este poema.

Poeta
Al poeta amante de las galaxias.
Henry A. Petrie

Tus palabras despojadas de retórica,
desnudas,
hechas imágenes
en busca del camino iniciático,
sin retorno…

Extrañas y misteriosas palabras,
incrustadas en lugares equivocados,
les abres el corazón,
transmutas su esencia
encuentras en ellas al nuevo Ser.

Tu voz,
oboe que aún resuena
poblando mis recuerdos,
ausente
de mis manos,
de mi piel,
de mi ser.

Estás en mis sueños.
Por ti
aún mis manos atrapan mariposas
que cargan tu olor
y el aire me trae
la bachatita que me regalaste,
envuelvo en ella nuestra estrella.

 


Alberto Juárez Vivas

22 de Febrero 2017

Paso a paso y otros poemas

Paso a paso

II

Un día a la vez.
No una eternidad
flotando en el Edén.

Paso a paso
se construye una torre,
o se hace más grande
grave,
el agujero.

Esa epidermis milagrosa
que nos protege.

Solamente concibo, como adulto,
el exterminio del ave, no del vuelo,
del homo, no de la sombra.

Paso a paso
la viga se pudre
dentro del ojo.

V

No es durmiendo,
en espera de una chispa,
que se fermenta un verso;
tampoco llorando en las esquinas
cuando se ha consumido todo.

La palabra emerge
de la herida misma,
en la gravedad de un hombre
que agoniza,
en el beso violado
por un maldito murmullo.

Es el pan que se quema
en la puerta del silencio,
donde paso a paso,
por ser hombre,
me convierto en espejo.

VII

En un cementerio
abundan las sombras
y en las lápidas
descansa una cruz;

como un pasajero
emerge la noche
y un desfile de tumbas
alaban a Dios.

Y quiero esconderme,
correr para el llano,
No ver más el sitio
donde he de caer.

Aún guardo el espanto
del último entierro
que se llevó tu hermosura
para nunca volver.

Sansón y Dalila

Cortada de raíz,
la mala hierva
sigue creciendo.

Y él,
envestido por una fiera.

Y ella,
arañando hasta romper
el beneficio de la duda.

Los dos,
cómplices sin refugio
aves
cortadas
en
el
silencio.

Cuando

Cuando el infinito juegue
con tu voz y tú sombra

allá a lo lejos
serena,
insostenible,
desnuda,

sin el loco perfil de
mis secretos
y en un instante
de voces desconocidas,

tu eco
se enrede en el madero,
todo se habrá…

consumado.