De la muerte y la sorpresita

Jorge Ernesto Yzquierdo Miller /
La Habana, Cuba

La muerte precisa y alada

«El soldado sintió los ojos de aquel niño
fijos en él: en su subfusil, en sus botas lustrosas,
en su uniforme».

Carlos Murciano

Sintió miedo de aquellos pájaros del horror, desde su lugar los observó evolucionar bien alto, tanto, que los disparos de los antiaéreos más que mensajes defensivos, parecían fuegos artificiales de bienvenida. Uno de aquellos negros asesinos pasó en vuelo rasante, el rugir horrísono de las turbinas conmocionó al pequeño Abu Yasim, provocando que sus despedazados intestinos mezclaran las heces con la sangre que lo envolvía todo.

En la confortable cabina de un F-22 Raptor, supremo ingenio tecnológico del siglo XXI, maravilla alada del complejo militar industrial de los EE.UU., el capitán James S. Bendix III comenzó una maniobra y la máquina obedeció ciegamente. Hincó sus pupilas azules en la mira, pulsó un botón y una superbomba inteligente abandonó la nave.

Ya no había paredes ni techo, Abú Yasim sintió deseos de llamar a su madre, no pudo articular sonidos. Quiso llorar, sus pupilas fijas en el infinito no respondieron.

La muerte está paseando por el cielo de Bagdad, los minaretes, las callejuelas, los tejados, todos esperan con temor. Ella vuela, un mágico haz de láser la guía haciéndola infalible. Bomba en el aire, blanco batido.

La madre del pequeño Abú Yasim en la intimidad de la habitación despoja su cuerpo de vestiduras. ¿Podrá descansar?, se pregunta. Sentada en el borde del lecho fricciona sus pies. Dirige una mirada a la puerta que da al cuarto de los niños. ¿Tosió el menor? Por más que espera no sucede nada, al acostarse no cierra los ojos, piensa en el esposo ausente inserto en una nueva guerra. A lo lejos se escuchan sirenas.

El capitán James S. Bendix III observa contrariado que con un margen de trescientos metros marró el blanco, su proyectil no hizo impacto en las barracas de la presunta unidad militar (que en realidad es una escuela secundaria), sino en el centro de una humilde vivienda situada en un barrio periférico de Bagdad. Escéptico hace correcciones en los sofisticados mandos electrónicos de la mira y prepara el lanzamiento de un nuevo artefacto «inteligente» e infernal. La muerte campea en los cielos de Bagdad.

Love story

Bajo la lluvia sorteaba las filas constantes de vehículos en el intento de cruzar las cuatro sendas de aquella avenida. Sin darse cuenta fijó la mirada en la acera del frente, en el discreto anuncio en neón pegado en lo alto y lo hermoso de la muralla. Detuvo sus ojos en las parejas que entraban y salían. Vio más, vio a Chilo, su primera y única mujer; María Auxiliadora, su esposa de tantos años, del brazo de otro hombre. Quedó inmóvil sobre el adoquinado. Las parejas, felices, serias, furtivas, salían, entraban, entraban, salían…