Hasta el fondo de la esperanza

(Del poemario inédito Consummatum est)

Alberto Juárez Vivas

Con los ojos abiertos

Las luces de la verdad han sido secuestradas. Los rostros oscurecidos las subieron a golpes en las tinas de patrullas. Están encerradas en las mazmorras putrefactas.

Desaparecieron desde abril y aún no regresan. No han comulgado ni recibido el beso de la abuela y de la madre. Los corredores aún esperan el retorno.

El terror se ha impuesto en esta ciudad. Hay terror en las iglesias y los domingos son inseguros. Hay hombres viejos que buscan en los huecos a sus hijos.

La noche se pierde en el espanto. Y estamos viviendo con los ojos abiertos.

Mi ilusión sigue viva, me arrastra hasta el fondo de la esperanza. Es el hueco donde todos se esconden, esperando el momento para cortar ataduras.

 

Que vuelvan, y dejémoslos

La palabra está en la punta de la lengua, pero nadie arriesga su sentido de inconformidad. Nos miramos de frente y la mirada huye a cualquier lugar. Y en los contornos de las avenidas, los soldados se multiplican con sus armas y arremeten contra rostros afligidos.

Son los vientos de la maldad. El pobre se debate entre la libertad y la miseria. Yo quiero gritar y un niño descubre mi intento, termino como él, sujetando la cordura.

Urgencia: una mujer ingresa al consultorio. Diagnóstico: soledad crónica. Su vida se va apagando. El hijo porta una bandera en una mano y en la otra, una guitarra. No puede estar al lado de su madre, porque está en la cárcel por leer un libro.

Pareciera que la tierra se abre y que los muertos están resucitando. ¡Qué pena desnuda insulta al mundo! ¡Esfúmate! Y deja que un abrazo lo cambie todo; deja que el ruiseñor salga de su celda y rasgue el azul con su canto.

Volvamos a la batalla. Volvamos a la palabra por la paz y la libertad, hasta que salgan las almas de prisión y vuelvan a las calles con sus libros, cuadernos y cantos.

 

¿Y los otros?

¿Y los otros?

¿Qué se hizo Juan?

¿Tomás?

¿Dónde quedaron los pañuelos que danzaban con el viento? ¿Acaso en la marcha magna?

La verdad ha sido crucificada y los chavalos encerrados, incomunicados. Han sido condenados y están hambrientos, uniformados como criminales. El peligro está en sus palabras.

Busco un sueño que, aunque herido, incendie. En el exilio hay sufrimiento, una grita al mundo como aquí adentro. ¿Qué se hicieron? Las calles están esperando, de nuevo la alborada.

 

No me abandones, Señor

Nada pesa más que la ternura de mi madre.

Somos muchos en esta cárcel, en el dolor y la esperanza. Somos muchos los que ahuyentamos a las hienas. Estas bestias temen nuestra palabra. Y aquí estamos, Señor, resistiendo la oscuridad. Soñamos con la patria y con una guitarra para nuestro canto.

No me abandones, Señor. Contigo no temeré sus balas.