Que no te ciegue el eterno presente

Sergio David González


Sombras

Despertando entre el tormento de grises primaveras
se abren campos heridos, sueños caídos
del esquelético colapso hacia el precipicio,
alzando vuelo mi memoria
llevándose mi cordura, dejándome su vesania.

Dudoso de mi camino, me amparo en el silencio
tan crudo y abstracto, toma mi alma hacia el orbe
se extinguen las sombras en mi cabeza:

¡Que no te ciegue el eterno presente,
nada alcanza en un solo instante!

La otra cara de un epitafio

Los rieles pasan por las grietas
pasa el ruido
su mente es su sentencia
que grita al callar.

Ese grito despincelado
suena a invento de un pintor
a árbol que niega su otoño
como el derrotado bebedor.

Y llena de muerte la vida
el ruido no ensordece
pero absorta esa mente,
fría y consumida,
grita al callar.

Con miradas sometidas,
el vagabundo corazón
un bulto vacío vestido de dolencia
esos gritos deberían callar.