Elegía con ardor de luz

Henry A. Petrie
A las luciérnagas de abril suicidadas


I

Un tranque es una habitación.

No hay calidez en la mirada de la muerte,
su mueca se acera en la sonrisa del tirano.

La habitación es un nido de espantos.

Las pesadillas se tornaron sistemas,
un gobierno de letanías y de cruces.

Una joven tragó su alma desastillada.

II

Susurros se escuchaban en el tranque,
la niebla asedió cual genio del mal.

Ella se fumó el universo, y se fue…
como luciérnaga agónica tras su voz,
voz luz conciencia en la oscuridad.

Se fue con los que cayeron soñando,
generación que prendió esperanzas.

Pechos desnudos. Ilusiones en flor.
Bajo ataque aún cantaba el tranque
y en la habitación se derrumbó el cielo.

III

La cátedra quedó vacía.

El silencio se anegó de angustia.

El aire achicharra los pulmones.

El tranque habitación se hunde, implota.

IV

Se agotó el llanto, acabó el tiempo.

Desde un pujido nonato, quizá llamado,
emerge una rosa negra con pétalos sangrantes.

Vacío.
El alma se desprende, el puño se alza.
Rebeldía última en su acto solitario.

La vida a costa de uno mismo da cuenta.

V

Silencio en la habitación. El tranque.

La luz zozobra; se renovará el aliento.