Pedro Alfonso Morales, el escritor docente y músico

Henry A. Petrie

Consagrar la vida a la enseñanza y a las artes es una extraordinaria demostración de amor. Toda vocación está más allá de las formalidades, incluso, de la academia misma. Del talento y el buen talante se produce luz, una creación cuya inspiración es el trabajo cotidiano, como se forja la espada del samurái, que en el brillo habita su espíritu, su identidad.

Pedro Alfonso Morales Ruiz nació el 13 de mayo de 1960, en la comarca de Paso de Lajas, a 4 kilómetros de Telica, en el departamento de León. De sus sesenta años cumplidos, vivió sus primeros veintisiete años en el campo, tiempo suficiente como para forjar un determinado carácter. El resto de sus años los ha vivido en la ciudad, que combina característica urbanas y rurales a la vez, como la mayoría de las cabeceras municipales en Nicaragua.

Nació para ser maestro y escritor, para vivir diversos mundos creativos y conjugarlos a la experiencia acumulada. Sus 25 años de docencia se caracterizaron por la labor investigativa y experimental, buscaba siempre la forma de que sus alumnos desarrollasen conocimientos y pensamiento, promoviendo la lectura y la escritura como procesos creativos. En sus 41 años de oficio de escritor, entre otros aspectos, ha brindado un importante aporte a la literatura para niños y la didáctica, así también a la cuentística nacional, surgida la suya de la oralidad, de cuando su madre le contaba cuentos oralmente, cuando él tenía cinco años de edad. (Doña Rita Trinidad Ruiz Velásquez, madre del escritor Morales, recién falleció el 20 de mayo de este año, a un día y unas cuantas horas de cumplir un siglo de vida).

Es un escritor compulsivo, siempre tiene un proyecto literario y didáctico en labor o en cierne («Soy un escritor sin tiempo ni días feriados»). Sus primeros dos cuentos los escribió a sus quince años, a propósito de las historias que le contaba su madre. Su producción de textos escolares para colegios de primaria y secundaria está respaldada por la editorial Distribuidora Cultural; su obra literaria, específicamente, ronda la veintena de libros publicados desde 1996 a la fecha. Su obra Literatura infantil en Nicaragua: estudio y antología, publicada en 2013 por el Centro Nicaragüense de Escritores, constituye uno de los estudios más completos realizados en este país.

Es director fundador del grupo Artelica y su biblioteca en la ciudad de Telica; también es miembro fundador de la asociación Acción Creadora Intercultural (ACIC), de la que ha sido vicepresidente y actual tesorero. Promotor de la lectura y de la escritura mediante talleres de creación. Participó de manera destacada en la implementación de la metodología Leo, Comento, Imagino y Creo (LCIC).

I

«He sido un hombre feliz en la alegría y en la tristeza», afirma muy convincente Pedro Alfonso Morales, a quienes sus amigos lo llaman solo por sus iniciales PAM. Su familia lo enorgullece. «Tuve la suerte de encontrarme con una mujer que supo acompañarme en la vida». Dice que ha soñado con «el docente escritor como ejemplo vivo». Su compromiso es con la palabra y los lectores, con la juventud y el magisterio.

Lejos de incomodarlo, piensa que el localismo expresado en varios de sus cuentos, le ha enseñado a tener en alta estima «lo vivido, lo inventado, lo creado por el lenguaje de la gente», particularmente su natal Telica.

Es del criterio que actualmente «la literatura leonesa está en silencio o escribiéndose en silencio», pero rescata el hecho de que en los últimos cinco años se han publicado varias obras. En Nicaragua existe la crítica, dice, «pero son muy pocos los críticos», la mayoría opta «por el juicio laudatorio». Para PAM, la verdadera crítica «es aquella que presenta argumentos sólidos de una obra, ya en su bien o en su mal (…) Una buena crítica ve la trascendencia de la obra». No cree en los espíritus que solo hablan y no aportan nada.

Acerca de la educación en Nicaragua tiene una convicción muy clara y contundente: «está en un franco proceso de estancamiento: seguimos enseñando y aprendiendo como hace cien años atrás: lecciones, dictados, memoria, repeticiones, oyente pasivo, copia y pega, no lectura, no escritura, no investigación, no invención y giramos en un pensamiento crítico inferior (conocer, comprender, aplicar) en vez de uno superior (analizar, evaluar, crear)».

Critica el hecho de que se está produciendo un estudiante pasivo en todos los niveles. Este es parte de un sistema caduco. «La universidad como tal ha dejado de alumbrarnos y es necesario una revolución educativa, cultural y científica del siglo XXI». En tal sentido, denuncia que la autonomía universitaria no existe, porque la universidad no representa «gran confluencia de las ideas nacionales…» Plantea que la falta de visión y el partidarismo en Nicaragua son las causantes de la caducidad de todo el sistema educativo, desde preescolar hasta la universidad.

Por estas mismas razones se está perdiendo vocación en los docentes, el sistema no les promueve el libro, la escritura ni la investigación. ¿Qué educación podría evolucionar sin esos tres elementos esenciales? En este sentido, valora en alto el aporte de ACIC, su voluntariado intercultural, su promoción titánica de la lectura y de la escritura entre estudiantes, por sus talleres con docentes, ahí donde se han realizado o las autoridades educativas lo han permitido. «ACIC es una opción educativa y cultural ‒una gran escuela intercultural‒ que se ha ganado su lugar con trabajo y creatividad del voluntariado», afirma, y prosigue: «aspiramos a convertir a Nicaragua en una República de Lectores para que renazca la verdadera nación con el verdadero significado que la palabra patria tiene para todos».

II

A tus 60 y 41, ¿cómo resumes tu vida y experiencia escritora a la fecha?

R: Tengo una vida plena, satisfactoria, exitosa por obra del destino y por mi perseverancia y dedicación al estudio y la lucha de todos los días. Tengo una gran familia y una obra que me enorgullecen, y como ya he dicho, he sido un hombre feliz en la alegría y en la tristeza. Eso lo debo a la crianza de mis padres y al esfuerzo personal que contó con la ayuda de mi esposa.

¿Cuál es tu origen social? ¿En tu vida social subsiste o no? Bríndanos un par de ejemplos.

R: Yo soy hombre de campo: nací y me crie en el campo. Toda mi fuerza infantil y juvenil viene de las vivencias en el campo: los árboles, los animales, los cultivos, el trabajo. Mi padre quiso que fuera agrónomo, pero yo no quise estudiar agronomía. No era lo mío y dejé de estudiar por diversas circunstancias. La pobreza fue una de ellas. Mi esposa me animó a que estudiara y el estudio me llevó por otros rumbos. Tuve la suerte de encontrarme con una mujer que supo acompañarme en la vida. Eso era lo mío: la literatura, la docencia, y la música.

Ahora bien, en mi vida subsisten esos dos seres: uno del campo y otro de la ciudad. Yo nací en la comarca de Paso de Lajas, situada a unos 4 kilómetros de Telica. A mí me enorgullece ser de donde soy. Mis primeros 27 años los viví en el campo y 33 en la ciudad que también viene a ser una vida campesina. Ambos estados forjaron lo que soy y, por eso mismo, persisten en mi vida y son motores de lo que ahora soy.

Cuenta en breve tu génesis literaria. ¿Cuáles han sido tus influencias? ¿Has seguido alguna corriente literaria? De pronto, algunos te ven como regionalista o localista.

R: Mi origen literario está en los cuentos orales que me contaba mi madre. Ya lo he dicho otras veces: La María Sucia y la María Limpia, El Vapor de Tierra, La Moquita, y La Puercatriz, son los cuatro cuentos que me contaba mi madre a los 5 años y de donde me vino el interés por narrar o contar.

Esos cuentos fueron mis primeros libros leídos. A eso debo agregar los cuentos orales de Tío Coyote y Tío Conejo que uno de mis primos, Armando Ruiz Morales, me contó a los diez años. Por eso, mis primeros dos cuentos escritos a mis 15 años se referían a historias que mi madre me contó.

Mi primera influencia narrativa fue Juan Aburto con su libro Narraciones. Después que leí ese libro supe que debía escribir cuentos semejantes, muchos de ellos recogidos en León es hoy a mí. Una segunda influencia narrativa fue la de Gabriel García Márquez con Cien años de soledad. La hipérbole o exageración quizás fue uno de los elementos que tomé de Gabo, pero pronto supe que debía alejarme de su veneno narrativo que resultaba muy envolvente. Por último, otra influencia que he sentido es el humor y la jugarreta narrativa de Sergio Ramírez Mercado.

Debo decir también que con el tiempo surgieron otras influencias de menor fuerza, según las lecturas del momento. Por ejemplo, en mis primeras lecturas cuando leía a Aburto, también leí los cuentos de Mijail Sholojov, un ruso que me gustó su narrativa de la soledad. Esa influencia está en el cuento El viejo Camacho de León es hoy a mí. Otras como la de Juan Rulfo en alguna de mis novelas. Con los años he ido buscando mi propio sendero narrativo y creo haberlo alcanzado.

En cuanto a mi poesía, señalo tres nombres en diferentes momentos: en mi poesía de la naturaleza de la cual he publicado poco, fue Carlos Péllicer, mexicano, quien me mostró el amor al agua y la naturaleza de los árboles. En cuanto a mi poesía amorosa y social, seguí en algún modo, La Ceremonia esperada, de Tomás Borge Martínez y Los oficios del caos de Juan Chow.

En cuanto a corrientes literarias he tratado de no seguir ninguna y más bien he apreciado el valor de los autores como creadores. Quizás, más por la libertad de la forma del verso que por el contenido, se vea algo de vanguardismo o modos semejantes que no ha sido en mí una visión. Al contrario, he tratado de alejarme de las formas ya conocidas. El analista y el crítico dirá.

Ahora bien, de que algunos me vean regionalista o localista ─yo prefiero el segundo término─ mi origen te prueba que soy amante por nacimiento literario y por la vivencia personal de las cosas que viven en boca de la gente: lo vivido, lo inventado, lo creado por el lenguaje de la gente. Ese amor por la literatura oral ya la tenía, pero en 2010 después que terminé mi maestría acentué mi amor por la literatura oral. Tanto es así que, tengo dos o tres libros publicado ─El duende y otros cuentos, Cuentos, leyendas y mitos de Nicaragua, Pancho Ley, sin incluir otras dos publicaciones en Biblioteca de las Grandes Naciones, Calameo con el apoyo del poeta vasco Xabier Suspérregi: Tradiciones nicaragüenses y La Adivinanza de Nicaragua ─con ese color de la literatura oral.

En otras palabras, un día me di cuenta que a mí como profesor y escritor me correspondía con fines educativos, didácticos y literarios, recopilar todo el bagaje cultural de la gente de Nicaragua, especialmente de occidente y en particular, Telica. No se olvide que en mi docencia tengo a tres nombres extraordinarios que he seguido: Josefa Toledo de Aguerri, Mariano Fiallos Gil y María Berríos Mayorga. Quizás con mayor apasionamiento a Mariano Fiallos Gil y a María Berríos Mayorga quienes me enseñaron qué debía hacer como docente. He soñado desde entonces con el docente escritor como ejemplo vivo. Así se explica, como muestra, que haya recogido la literatura oral y escrita para niños en Literatura infantil en Nicaragua: estudio y antología, publicada en 2013.

Si te tocara un autoexamen, ¿cuáles son tus principales logros literarios?

R: Lo divido en tres partes: en docencia, los libros de textos y las caligrafías que han sido un hermoso aporte para docentes y estudiantes; en narrativa, Serenito, Los dulces piensan en la aventura de la razón, Cuentos, leyendas y mitos en Nicaragua, Literatura infantil en Nicaragua: estudio y antología quizás sean mis 4 libros más llamativos para mencionar cuatro; en poesía: Vino tinto mi único libro con calidad literaria. Incluso, Mi Güegüense en música como una de las canciones con buena aceptación en el nivel nacional. Este año intento la publicación de dos novelas y para el 2021 mis primeros ensayos que serán mis aportes al estudio de obras y mis reflexiones sobre lecturas.

En términos genéricos, ¿qué es lo más destacable de la literatura nicaragüense en la década 2010-2020?

R: Para ser justos en este punto, lo dividiré en dos partes: los viejos autores y los nuevos, considerando a la vez que se me quede alguna obra por desconocer su existencia. Entre los viejos: Arando el aire (2011) de Steven White, por recopilar una variedad de autores con temáticas ecológicas; Como Cuba libre (2013) de Guillermo Goussen, por estar bien escrita y contar el tránsito de un sistema político a otro; Malaji (2013) de Henry A. Petrie, por ahondar en un tema novedoso de la senilidad con buena estructura y emparentarse con La casa de las bellas durmientes de Yasunari Kawabata y Memoria de mis putas tristes de Gabo; Sara (2015) de Sergio Ramírez, por su estructura y narrativa novedosa; Pieles de humo (2015) de Pedro Avellán, por ser una obra de inclusión cultural y novedosa; Los dulces piensan en la aventura de la razón (2018) de Pedro Alfonso Morales, por su temática novedosa y amalgamar comida, ciencia y filosofía.

De los nuevos narradores: Historia Vertical (2011) de Javier González Blandino, por ser de factura novedosa; Una serpiente en mi boca (2013) de Carlos Manuel Téllez, por su estructura y lenguaje bien armado; Debajo de la cama (2013) de Carlos Luna Garay, por su temática novedosa y sus técnicas literarias empleadas; Una ciudad de estatuas y perros (2014) de María del Carmen Pérez, por presentar una obra de la violencia y la confusión; Letras Jóvenes de Nicaragua (2016), por ser una obra colectiva de jóvenes con mucha calidad literaria; Horacio Nelson: la expedición a Nicaragua de Javier Argeñal Báez, miembro de Artelica, cuyo nombre lleva nuestra biblioteca; Ítaca (2017) de Alberto Arguello, por ser un novedoso relato para niños. Es posible que se me que queden muchos por desconocer de su existencia o porque no los he leído.

¿Cuál es el estado actual de la literatura leonesa? ¿Qué ha pasado después de Perfil, ESPJO, Fragua, Deshonoris causa, Artelica…?

R: En algún modo estos grupos realizaron un papel integrador y de movimiento literario, pero creo que ya cerraron un ciclo de funcionamiento y aportes para la ciudad. Después del trabajo en colectivo cada miembro ha seguido un camino más personal. Actualmente la literatura leonesa está en silencio o escribiéndose en silencio, porque son pocos los autores que muestran sus obras. Sin embargo, hay que decir también que ha habido mucha producción en los últimos 5 años.

Los rostros más visibles o al menos los que publican obras o han publicados libros en los últimos 5 años: El material de tu sueño: cuatro voces de la nueva poesía en León (2015), selección de Estela Calderón y prólogo de Steven White, aunque incluye a una autora de Managua; Episodios de Marcia Ondina Mantilla (2015), ambas obras por responsabilidad de La Promotora Cultural Leonesa de Estela Calderón Chévez; Artelica: antología poética y narrativa (2015), obra de autores nóveles del grupo Artelica; El país de las aguas (2015) de Pedro Alfonso Morales; Alien en la lucha universitaria (2015) de Uriel Benito Sánchez Galo; El Aprendiz (2016) de Enrique Granados; Pancho Ley y las Ceguas (2016) de Pedro Alfonso Morales; Las manos que matan (2016) de Estela Calderón; Secretos (2017) de Enrique Granados; Sombras de la guadaña (2017) de Alberto Juárez; Aventuras del Cadejo (2018), Chirin güi-güin (2018) de Enrique Granados; Los dulces piensan en la aventura de la razón (2018) de Pedro Alfonso Morales; Fiesta de Juguetes (2019) de Isidro Rodríguez; La maestra gramática (2019), La palabra que te dije (2019) de Pedro Alfonso Morales.           

Entre el ego, el figureo y el compromiso social, ¿dónde te ubicás como escritor? ¿Al servicio de quién está tu arte?

R: Mi compromiso social es con la palabra y los lectores, especialmente con la juventud y el magisterio. Casi todos mis libros tienen un punto común: el libro y la lectura, quizás llevado por la docencia o porque en mí fluye literatura y didáctica, educación, música, dirigida a la docencia y a los estudiantes. Si mi arte presta algún servicio es en favor de la juventud y la docencia. He procurado promover libros y lecturas; he intentado que mis cuentos muestren caminos para la juventud; he aspirado docentes lectores y escritores; he soñado con estudiantes lectores, escritores e investigadores. En fin, como docente y escritor, tengo un compromiso con la palabra, los jóvenes y los docentes.

En tus últimos libros de cuentos, ¿a qué apuntas? Me refiero en particular a Los dulces piensan en la aventura de la razón y a La maestra gramática que he leído. Porque de pronto, se pueden considerar como cuentos elevados para los niños y adolescentes. ¿A caso están escritos más para los docentes?

R: Cuando escribí estos cuentos pensé en el joven lector; no en el docente. Quise unos cuentos para jóvenes, pero que el joven no obtuviera nada regalado. Apunté o busqué al lector investigador: pensé en que bien podía invitar con estos cuentos a los jóvenes a leer filosofía y acercarse a la ciencia a través de un elemento cercano y conocido: los dulces. La idea era leer e investigar, pero no siempre se logran estas acciones conjuntas.

En el segundo caso, seguí la misma búsqueda con los jóvenes lectores, pero esta vez con gramática como tema. A mí la gramática no me gustaba mucho a pesar de que la necesitaba en mis redacciones. Mis carencias gramaticales eran mínimas, pero esta materia nunca llamó mi atención para estudiarla. Hace más de tres años inicié una investigación sobre gramática y a medida que desarrollaba el tema, supe que podía experimentar en poesía y cuentos con intenciones didácticas para mis estudiantes y docentes. Así nacieron los primeros poemas y los primeros cuentos. El cuento con estos temas era otra manera de enseñar literatura y aprender gramática.

Hablemos de crítica literaria. ¿Realmente existe en Nicaragua? ¿Cómo conceptualizas la verdadera crítica literaria?

R: Existe la crítica, pero son muy pocos los críticos. En Nicaragua he leído dos libros de crítica literaria que abordan con madurez y profundidad el tema. La mayoría opta por el juicio laudatorio y para mí la crítica debe ser contundente y conmovedora en su análisis. La verdadera crítica es aquella que presenta argumentos sólidos de una obra, ya en su bien o en su mal, sin menoscabar los juicios o aportes de la obra o los vacíos que contiene. Una buena crítica ve la trascendencia de la obra.

De pronto, surgen unos cuántos que hablan de lugares comunes, tradicionalismo y hasta de escritura retrógrada. ¿Vos creés en los espíritus expertos en hablar, pero que no crean?

R: No creo en esos espíritus del hablar: las mejores críticas que he leído provienen de creadores ya en narrativa o poética. Se trata de no solo conocer el material de trabajo, sino de trabajar con ese material en la propia obra. La crítica literaria es una labor de creación y halla su sentido en ese proceso. Las mejores críticas y valoraciones sobre el Quijote las he leído de Vargas Llosa; la mejor crítica del Vanguardismo en Nicaragua la he leído de María Augusta Montealegre. En ambos casos los autores son creadores de narrativa y poesía.

 Fuiste docente durante 25 años, tanto en secundaria como en la universidad. ¿Cuál es tu valoración acerca del estado de la educación en Nicaragua?

R: La educación en Nicaragua está en un franco proceso de estancamiento: seguimos enseñando y aprendiendo como hace cien años atrás: lecciones, dictados, memoria, repeticiones, oyente pasivo, copia y pega, no lectura, no escritura, no investigación, no invención y giramos en un pensamiento crítico inferior (conocer, comprender, aplicar) en vez de uno superior (analizar, evaluar, crear).

El sistema educativo en mi país está organizado de tal manera que el propósito esencial es de no crecimiento espiritual ni libertad del individuo ni desarrollo de la ciencia y de la técnica y no elevación del pensamiento crítico y humano. Tanto es así que los centros religiosos siguen siendo los más avanzados y desarrollados en la educación en Nicaragua como lo dijo Darío hace 100 años.

Las escuelas de primaria, los colegios de secundaria y la universidad en la actualidad no son los centros de irradiación, promoción y desarrollo de la ciencia y la cultura por hallarse en abandono el principio del culto al libro, la lectura, la investigación, la creación, la libertad y la independencia del juicio crítico y el Humanismo Beligerante de que hablaba Fiallos Gil.

Se ha cuestionado a la universidad en cuanto a su rol como generadora de agentes de cambios, por tanto, no se ubica como un agente real de transformación social. ¿Cuál es tu criterio al respecto?

R: El estudiante pasivo de primaria y secundaria es el mismo estudiante inactivo y pasivo de la universidad de nuestros días. Todos son parte de un mismo sistema ya caduco. La universidad actual se sigue alumbrando con las viejas luces del pasado (si es que hubo luces y si es que hubo pasado), porque el modelo sigue siendo el mismo. La verdadera universidad son los libros, dijo el pensador.

La universidad (o individuo) que no investiga se muere en su propia inercia académica. ¿Qué cambios puede generar alguien ubicado en el atraso? ¿Qué estudios realizan los peritos académicos de la universidad sobre el Coronavirus? ¿Qué trabajos académicos realiza la universidad sobre la literatura en Nicaragua? ¿Qué revista literaria publica la universidad? ¿Qué revista científica?

A mí me alegra y me entristece a la vez que el rector de la universidad en general siga siendo Mariano Fiallos Gil. Me alegra, porque demuestra la potencia y la veracidad de sus postulados desde los años 60: A la libertad por la Universidad es un principio inamovible; El humanismo beligerante es tan cierto que es una aspiración total de nuestra humanidad en decadencia.

Aquello de promover la curiosidad de las ciencias y las artes entre los estudiantes es loable; ofrecer una radio o periódico a los estudiantes de periodismo sigue siendo válido; hablar de política y de religión en la universidad solo si es desde la ciencia para estudiarla es razonable y justo en la actualidad. Me entristece, porque ocurre todo lo contrario. La universidad como tal ha dejado de alumbrarnos y es necesario una revolución educativa, cultural y científica del siglo XXI.

¿Crees realmente en la autonomía universitaria? Ante la sumisión actual de las universidades nacionales, ¿cuál es tu concepto de autonomía universitaria?

R: No, no creo. No existe ni en la práctica ni en la realidad. La universidad es el único lugar del mundo donde las ideas deben ser el principal motor de todo desarrollo. La verdadera autonomía implica no solo regir los destinos de una entidad, sino unir para que confluyan las diversas ideas de la nación. La universidad está llamada a ser la gran confluencia de las ideas nacionales en la ciencia, la cultura, la técnica, la política, la economía, etc. Y no lo es por falta de visión y partidarismo en el país.

Desde tu experiencia laboral y educativa, ¿cuál sería tu propuesta de articulación de cultura, arte y educación? ¿Cuáles son los grandes desafíos culturales y educativos de la Nicaragua actual?

R: Entre arte y cultura el centro es la educación. El gran desafío es la educación. El desafío de la educación es el desafío del ser. Mientras Nicaragua no ponga a la educación en la primera línea de sus prioridades el desarrollo cultural, artístico y científico es mínimo.

El gran desafío educativo es el ser. Y para lograrlo solo contamos con el libro en sus diferentes formatos. No es el libro frío y vacío sin las esencias de la vida. No. Me refiero al libro tibio venido de la experiencia magisterial. Yo aspiro a un docente que lea, escriba e investigue: tres razones para poder enseñar ciencia, arte y cultura. Maestros cuyos modelos educativos se vean en Josefa Toledo de Aguerri, María Berríos Mayorga y Mariano Fiallos Gil. 

¿Qué está haciendo falta en la formación de los docentes nicaragüenses? ¿Cómo lograr que estos sean verdaderos promotores del pensamiento crítico y agentes de cambios?

R: La vocación, el libro y la investigación: el docente debe desarrollar su vocación magisterial y darse cuenta de su papel en la formación de la juventud. Para ello requiere asumir su responsabilidad: implica ser buen lector o lectora, desarrollar la habilidad escritora y emprender junto con sus alumnos verdaderas investigaciones. Digo, tres elementos motivadores deben ser la vocación, el libro y la investigación que se bifurcan en muchos, porque la docencia implica grandes creatividades y relacionarla con la poesía, el cuento, la novela, la pintura, el teatro, la música, y la cultura en general.

Me apena la maestra ─según me contó mi amiga docente y de gran trayectoria, Alba Rosa Pastora─ que le dijo en Masaya: tengo 25 años de ser docente y no he necesitado libros. Y yo me pregunté: ¿Qué enseñó esta señora en sus 25 años docentes sin libros? ¿Qué inquietudes dejó en sus alumnos sin libros? ¿Cómo incitó al amor a las ciencias y a las artes y a la cultura sin libros! El libro es un caudal de memoria e imaginación. No debe haber docentes de ese tipo.

Menciona tres cosas que eliminarías del sistema educativo nicaragüense actual. ¿Cuál sería tu propuesta básica?

R: Eliminaría el trabajo burocrático del maestro que lo aleja de la esencia de la materia; las reuniones mensuales insuficientes e innecesarias para decir que se abordará en tal mes; la sujeción a la temática del programa que no le permiten enriquecer su labor. Mi propuesta es básica: un docente con autopreparación, libros y lecturas; capacitaciones o intercapacitaciones bien organizadas sobre temas específicos, especialmente las técnicas de enseñanza-aprendizaje; libertad de cátedra del docente para que los contenidos sean enriquecidos con la creatividad del docente.

Nunca podré olvidar a la maestra de El Jicaral que me dijo: Profe, qué bonito el trabajo con libros y lecturas para mis chavalos, pero ni quiera Dios que los supervisores del Mined me encuentren haciendo otra cosa que no está en el programa. Y yo pensé: ¿por qué se molestará el técnico del Mined si el maestro se auxilia de otros elementos para enriquecer su materia? Creo que el programa del Mined es una guía o una ruta para el trabajo, pero el docente debe enriquecerlo con otros elementos, especialmente con libros, lecturas y mucha creatividad en la asociación de ciencias.

En general, ¿cómo evalúas la gestión de las instituciones culturales nicaragüenses? ¿Considerás que realmente están incidiendo en el desarrollo social del país?

R: La gestión de las instituciones es muy insuficiente y hasta pobre de contenidos; peor aún, la mayoría politiza la gestión cultural lo que al final demerita su labor. Por todo lo anterior, la incidencia es mínima o totalmente nula. ¿Qué hace una institución cultural de carácter nacional? No se sabe ni se ve esa gestión y si la hacen favorecen a los partidarios. La mayoría de instituciones culturales del estado siguen una línea de trabajo partidario. Por eso no se ven y a nadie interesan en su labor. Un error que pronto deben corregirse para tener incidencia en la vida y el desarrollo del país.

Sos uno de los fundadores esenciales de ACIC y actual miembro de su Junta Directiva: ¿En qué se diferencia esta asociación cultural del resto? A la fecha, ¿cuáles son sus principales aportes al desarrollo cultural de Nicaragua?

R: ACIC es una asociación de voluntariado intercultural: es una de sus principales diferencias. Aquí nadie recibe un pago por realizar una charla y promover la lectura de los jóvenes; nadie recibe un peso por realizar un taller con docentes de Estelí o Managua.

Otra diferencia esencial consiste en la visión y la misión de ACIC. Cuando nosotros como ACIC decimos en nuestra misión que «somos una asociación que aporta e incide en el desarrollo educativo, artístico e intercultural nicaragüense, comprometida a trabajar con responsabilidad, honestidad y solidaridad en la propuesta de programas, proyectos, metodologías y procesos que contribuyan a la construcción de ciudadanías interculturales» es porque así lo estamos construyendo desde nuestras posturas como docentes, escritores y promotores del libro, la lectura, el arte y la cultura.

Cuando en nuestra visión expresamos «ser una asociación dinámica, progresista y sostenible con liderazgo, amplia representación y presencia en todo el territorio nacional, aportando a la construcción de ciudadanías interculturales a través de la aplicación de nuestros principios para motivar y gestar cambios en las ciudadanas y ciudadanos de Nicaragua» es porque el movimiento de la asociación está por todo el país y en su función lo hace con sus propios medios y recursos y abarca el ámbito educativo, artístico y cultural sin acciones partidarias.

En cuanto a los aportes, mencionaría dos grandes, sin menoscabo de que existan otras: la motivación lectora a centeneras de estudiantes de primaria y secundaria, incluso universitaria; la realización de talleres a docentes de primaria y secundaria, donde el propósito central ha sido una nueva docencia por desarrollar a través de una variedad de técnicas lectoras y técnicas de enseñanza y aprendizaje. ACIC es una opción educativa y cultural ─una gran escuela intercultural─ que se ha ganado su lugar con trabajo y creatividad del voluntariado.

Desde el Pacífico de Nicaragua, ¿cuáles pueden ser los ejes para la promoción de la interculturalidad?

R: Primero leer literatura del Caribe, el Centro y el Norte, especialmente la relacionada con la cosmovisión del caribeño; segundo, visitar y conocer la tierra hermana, oler el olor de su barro y de su gente; tercero, compartir con la gente del Caribe, Centro y Norte, y abrirse sin prejuicios a los valores y la cultura de las diversas manifestaciones. Comprender con propiedad el término «multi» de nuestra sociedad en sus diversas manifestaciones: lengua, habla, etnia, gastronomía, arte, música, y en general, todos los valores y principios de sus culturas. Habrá otras como escribir sobre el Caribe, el Centro y el Norte: su literatura, su pintura, su lengua, sus creencias, su arte, sus juegos, etc.

ACIC ha promovido la lectura y los talleres de creación literaria desde hace varios años. Entonces, ¿por qué aún tenemos índices bajos de lectores? ¿Por qué no han surgido jóvenes escritores destacados que den señales de renovación literaria?

R: El libro y la lectura deben corresponderse y ser parte integral de un sistema educativo nacional. Loable es la labor de ACIC en este sentido y existen muchos testimonios ─y deberá ser una prioridad de ACIC publicar esas noticias halagadoras de su promoción─ de la trascendencia que la promoción del libro y la lectura ha tenido en los últimos diez años.

Ahora bien, cualquier labor de promoción del libro y la lectura que no esté conectada a un sistema nacional de promoción de lectura y escritura creativa y verdadera, muere cuando ACIC se desliga. Existe una triste realidad: no hay un plan nacional de lectura en ninguno de los niveles de educación. A lo sumo, hay docentes que promueven la lectura casi a título personal, porque aprecian al libro y la lectura. Por eso, los índices son bajos y a pesar de que conozco a jóvenes autores surgidos a partir de sus lecturas, la cantidad es mínima e insuficiente el progreso.

¿Cuáles son los proyectos futuros de ACIC?

 R: ACIC es un órgano de proyección nacional con grandes resultados educativos y de desarrollo cultural en los últimos cinco años. Ninguna entidad cultural estuvo por encima de ACIC.

Primero: ACIC debe influir más con la promoción del libro y la lectura en la juventud del país. Ya lo he dicho: aspiramos a convertir a Nicaragua en una República de Lectores para que renazca la verdadera nación con el verdadero significado que la palabra patria tiene para todos.

Segundo: ACIC debe convertirse en el gran soporte de capacitación académica del magisterio nacional con una visión docente estratégica y renovada y creativa. En ambos casos, ACIC ha dado pruebas de ser un gran ovillo de obreros de la educación por su personal capacitado y el buen uso de estrategias creativas y novedosas para desarrollar al estudiante y al docente.

Tercero: ACIC debe continuar promoviendo los concursos nacionales de literatura para jóvenes y publicar las obras colectivas que posean calidad literaria como ya lo hizo en años anteriores. ACIC debe convertirse en ese gran espacio educativo y cultural de la juventud.

Cuarto: ACIC debe acumular cada año, los mejores poemas, cuentos, ensayos, pinturas, etc., y realizar publicaciones en papel o digital para distinguir el esfuerzo de sus miembros. Todos los miembros de ACIC debemos predicar con el ejemplo en el campo que mejor desempeñemos.

Quinto: ACIC debe desarrollar un programa de maestría de literatura para niños en atención especial de los docentes de Nicaragua de los diversos niveles de la educación en Nicaragua. El docente de Nicaragua debe encontrar en ACIC esa gran escuela de la cultura del país.

Sexto: ACIC debe elaborar un plan económico sostenible desde su fuente esencial: sus miembros. Luego, elaborar y presentar los proyectos específicos y generales a los órganos educativos nacionales y extranjeros en materia educativa y cultural. ACIC es un gran sueño educativo y cultural de estudiantes y docentes y por eso mismo es posible en la realidad y necesidades del país.

Sos un escritor compulsivo, todo el tiempo escribís y siempre vas tras nuevos proyectos literarios. Tu producción de libros es sorprendente, para mí sos el escritor leonés más dedicado a su obra literaria y didáctica, con un sentido de posteridad. Sos un teliqueño que ha hecho historia cultural y literaria en su terruño municipal, y también en el país. Después de tus sesenta aniversarios de vida, ¿cuál es tu gran proyecto literario?

R: Te agradezco los tres adjetivos y el sustantivo adjetivado: compulsivo, sorprendente, dedicado y posteridad. Es un gran halago al esfuerzo y al compromiso que he asumido como escritor, docente y músico. Desde mis 19 años supe qué quería hacer en la vida y me dediqué a leer toda la literatura de Nicaragua y un buen porcentaje de la literatura extranjera, incluso, la de los sábados en los dos diarios nacionales que fueron como religiones para mí por la literatura y la cultura en general.

A mis 52 años (2012) pude dedicarme por completo a la literatura: mañana, tarde, noche y madrugada. Soy un escritor sin tiempo ni días feriados. Soy un escritor amante de la literatura, la docencia y la música. Soy un escritor y un docente realizado, porque mucho de lo hago será para beneficio de los jóvenes y los docentes de Nicaragua. Incluso, muchos fuera del país, porque he compartido mi literatura, docencia y música con estudiantes de Guatemala, Honduras y Panamá.

Mi gran proyecto literario desde este año son mis obras completas. Ya estoy trabajando toda mi poesía en la cual reuniré unos 23 poemarios; la de mis cuentos que incluyen unos 25 cuentarios; la de más de 15 libros de ensayos; la de unas 5 novelas de 6 que quiero escribir; además de reunir todos mis prólogos y mis crónicas completas, incluso, mis dos libros de canciones. En fin, mi trabajo actual, más que crear pues inicié hace poco otro poemario, lo destino a juntar, revisar y preparar toda mi producción literaria que este año alcanzará unos treinta libros publicados en mis sesenta mayos.

Ya lo he dicho en otras ocasiones y lo dije también en mi biografía que amablemente han trabajado y recopilado Benita del Socorro Cárcamo y María Elena Rivas Jirón: soy un hombre de literatura, docencia y música. Las tres artes y ciencias u oficios como quiera llamársele que hicieron de mi vida una persona feliz en la alegría y en la tristeza.