Francisco González, el digno maestro de la danza

Henry A. Petrie

La danza exige sacrificios para llegar a la maestría. Ritmo-movimiento-desplazamiento, coreografía e interacción de elementos diversos se conjugan para crear belleza, colorido y vibración armónica. Antes de ser maestro se debe ser un aprendiz hambriento de conocimientos, un apasionado del arte como de la vida misma y confirmar su excelencia en cada demostración escénica.

Francisco González Rivera (Pancho) nació en la histórica y populosa colonia Nicarao de Managua, el 16 de noviembre de 1967. Es de los que nació en casa, no en hospital; su madre fue asistida por una partera. La Nicarao, el barrio de sus 53 años por cumplir, lo vio surgir en la danza folclórica nicaragüense, por influencia y enseñanza directa inicial de su amada madre Blanca Rivera Sandoval.

En su juventud fue un artista comprometido con la revolución sandinista; participó en cortes de algodón y café, también cumplió con el servicio militar. Dejó sus huellas en los extraordinarios grupos de la época: Compañía de Danza Flor de Sacuanjoche, Taller Experimental de Danza Folclórica Tepetnahuatl (de los que fue fundador), Danza Hunapú y Ballet Show América, en este último se destacó como coreógrafo. Sin duda, ha construido un hermoso legado artístico para las generaciones presentes y futuras, pero en cuanto a su participación o vínculo político, desde la distancia temporal, afirma: «Cuando recuerdo todo lo vivido me da risa, porque mis aportes como bailarín los hice creyendo en una Nicaragua libre y digna».

Junto con el Ballet Show América, tuvo el honor de integrar la numerosa delegación nicaragüense que participó en el XIII Festival Mundial de la Juventud Democrática, realizado del 1 al 8 de julio de 1989 en Pyongyang, capital de Corea del Norte, donde su excelencia danzaria brilló a la par de extraordinarios ballets del mundo.

Su extensa trayectoria ha estado cruzada por momentos renovadores en sus concepciones artística. En un primer momento, desarrolló el dinamismo y colorido escénico folclórico; le siguió el espectáculo de danzas variadas (variedades); y más recientemente, implementa el transformismo como arte vinculado al espectáculo integral.

Aquí, una necesaria disquisición:

El transformismo crea controversia en sectores ortodoxos del arte, quienes lo califican como expresión carnavalesca de prostitutas, homosexuales, travestis o transexuales. Pero, Francisco González es enfático al reconocerlo como una expresión artística que se está abriendo paso en sociedades conservadoras y machistas como la nicaragüense.

El transformista debe saber desenvolverse en un escenario, hacer improntas. No se trata de simples disfraces, de vestuarios extravagantes, de travestismo ni de gesticulaciones prefabricadas. Hay una tradición que debe tomarse en cuenta, de cuando los hombres tuvieron que asumir roles femeninos en la vida real o en el teatro, porque determinadas circunstancias así lo exigieron o porque hubo actividades sociales y artísticas negadas a las mujeres.

Es un show donde dos o más artes pueden integrarse, a saber: el canto, la danza, el teatro, la oralidad, la mímica… El encanto y la belleza se trabajan con esmero; requiere de talento, disciplina y seguridad. La modelo Jess Parker define el transformismo como un arte multidisciplinario. Por su parte, Nina LeBlanc, lo plantea como un arte que «une muchas artes al mismo tiempo», donde se eleva «la imagen de la mujer a su expresión artística más elaborada».

Apreciando algunos documentales internacionales acerca del transformismo, me quedan claras las expresiones artísticas escénicas (danza, teatro, mimo). Pero, además, observo que implica también, una sensibilidad pictórica que se realiza en la persona misma, como si el lienzo fuese el rostro y el cuerpo. Construyen personajes con identidad propia, como en el caso de Krito y el debate acerca del sexo de dios (¿por qué no mujer?), en la novela La vieja Sirena, de José Luis Sampedro, por ejemplo.

I

El Gigante, son de marimba, fue su primer baile. Su maestra inicial, doña Blanca Rivera Sandoval, su madre. Luego siguieron: Alejandro Cuadra, Nina Moreno, Bayardo Ortiz, Blanca Guardado, Irene López, Gloria Bacon, Evangelina Villalón (México), Rosario Cárdenas y Orlando Lastra (Cuba), y Celia Coqueiro (Brasil).

Francisco González (Pancho) aprendió de sus maestros dedicación, disciplina y autoexigencia artística. Asegura que los años ochenta fue «la época más luminosa» de la danza nacional, cuando empezó la profesionalización de este arte. Tres décadas después, valora su desarrollo como pésimo y lamenta el enfoque partidista y de servilismo de las actuales instituciones culturales gubernamentales. «Aquí no hay institución que realmente trabaje por el desarrollo social, cultural y artístico del país», afirma.

En los noventa bailó en los Estados Unidos de América con diferentes artistas en eventos y programas internacionales: Premio a lo Nuestro, Cristina, Sábado Gigante, Miss Universo, Nuestra Belleza y Miss Hispanidad, entre otros. Aprendió diferentes técnicas clásicas y Jazz.

No niega sus raíces sandinistas, pero de manera enfática y contundente se declara antidictadura, un acérrimo combatiente contra la corrupción y el servilismo cultural. Plantea que la danza debe dignificarse, que el artista no debe venderse al poder político. «Nací para ser libre y para servirle a mi pueblo», enfatiza.

Es del criterio que en un país donde existe mucha pobreza y donde la empresa privada no está exenta de esta culpa, «qué arte puede crecer». Por esta razón llama a la lucha, «para borrar tanto mal político». La enseñanza de la danza en los colegios de Nicaragua debe resurgir, porque la considera «una expresión artística que debe ser parte importante de la formación de nuestra juventud».

Pancho, como le dicen sus amigos, es un líder y maestro de la danza folclórica nicaragüense actual; como artista, empresario y comunicador social en plataformas virtuales, se propone crecer pese a las circunstancias adversas presentes. Su sueño más inmediato: «ver una Nicaragua Libre, sin perdón a los genocidas».

II

¿De dónde te vino la danza? ¿A qué edad te iniciaste en este arte? ¿Quiénes fueron tus impulsores e influencias? Tu primera presentación, el principal grupo que integraste…

R: Mi «artistaje» me vino de mi santa madre linda, Blanca Rivera Sandoval. A ella le encantaba tararearme los sones de marimba y yo me soltaba… linda mi santa madre.

Después, con el auge de la bella revolución del 79, a principios, surgieron muchos grupos. Entre estos el de mi sector de arriba, de la Nicarao, que lo dirigió el profesor Esteban Morales. Ahí fue mi primera presentación. Recuerdo que mis padres no tenían para mi vestuario, pero hicieron lo que pudieron y me lo dieron. Bailé por primera vez en el colegio Nicarao el son de marimba El Gigante.

Soy orgullosamente fundador de la Compañía de Danza Flor de Sacuanjoche, de la gran Maestra Nina Moreno, que en paz descanse. Con ella aprendí mucho de danza: el amor, la pasión y dedicación; también conocí y aprendí la tradición a través de las fiestas patronales, como Santo Domingo en Managua y San Jerónimo en Masaya. Con doña Nina aprendí mucho y bailé en muchos bellos y pulcros festivales de la época del Movimiento Cultural Leonel Rugama. Durante los cortes de café realizamos una investigación y recorrimos muchas ciudades del norte, incluso El Crucero, en el departamento de Managua.

En 1981 fui fundador del Taller Experimental de Danza Folclórica Tepetnahuatl, de la maestra Blanca Guardado. Fue una grandiosa experiencia la que desarrollé con este ballet, con el que fui a todos los rincones de nuestra patria, además de participar en las Brigadas Productivas para el corte de café y algodón; también participamos en las brigadas culturales en tiempo de la guerra de los ochenta. Me honra decir que fui su primer profesor de técnica moderna, además de bailarín destacado en diferentes y grandes montajes relacionados a los aniversarios de la revolución o eventos centrales, tales como: Un Asalto a los sueños, Se levantó David, Como una flor de piñuela…

Blanca Guardado, una gran maestra de la danza folclórica nacional, ¿cuál fue su principal enseñanza para vos?

Con la maestra Blanca Guardado me deleite con el uso exquisito de los colores en los vestuarios; ella fue la primera en dejarme montar coreografía como la cumbia de una de las ediciones del Festival de la Canción Gastón Pérez, en los tiempos de la revolución. La revolución…

¿Sabes? También cumplí el Servició Militar Patriótico. Cuando recuerdo todo lo vivido me da risa, porque mis aportes como bailarín los hice creyendo en una Nicaragua libre y digna, y mirá ahora… duele saber cómo estamos.

Después continué con la Danza Hunapú, del gran maestro Juan Luis Palomo, único en su género. Fue la llegada a Nicaragua del género variedades. Con esta danza viajé a Cuba.

Te conocí con el Ballet Show América y nos hicimos amigos, ¿qué pasó con este ballet?

Fue donde me di a conocer como coreógrafo. Mi siempre amado Ballet Show América, de Miguel Ángel Tercero. Aún amo este ballet, al hablar de este sería como escribir muchos libros. El América lo fue todo para mí; me duele que en virtud de haber continuado juntos cosechando éxitos, nos separamos a causa de la dictadura de ahora, quien compra a la gente y los hace sus servidores. Fue así que alcanzaron al América y por mi posición contraria, me desconocieron como director.

La supuesta ayuda se la entregaron a Miguel Ángel, que en realidad fue compra de conciencia y yo no estuve dispuesto a eso.

¿Rompiste definitivamente con Miguel Ángel, con el América?

La decisión fue dura, pero fue lo mejor. Nos separamos artísticamente. Pero como seres humanos, Miguel Ángel y yo estamos unidos por un bonito sentimiento, una historia y logros en común. Fue con quien más viajé a toda Centroamérica, Cuba, Estados Unidos y Corea del Norte.

Y por supuesto, no le debo nada a este régimen. Lo que hice en el marco de la revolución fue de corazón

Tu trayectoria en la danza nicaragüense es bastante extensa, ¿cuáles son tus mejores momentos y experiencias?

R: En un primer momento, mis inicios, el hambre de aprender de grandes maestros Internacionales; el asombro por la calidad que demostrábamos en el escenario. En los Estados Unidos, en los años noventa, bailé con diferentes artistas en eventos y programas internacionales: Premio a lo Nuestro, Cristina, Sábado Gigante, Miss Universo, Nuestra Belleza y Miss Hispanidad, entre otros. También fue un gran momento y una gran experiencia cuando aprendí diferentes técnicas clásicas y Jazz.

A tu criterio, ¿cuál ha sido la época más luminosa de la danza nacional y quiénes han sido los más grandes maestros, los que dejaron huellas profundas?

R: Los años ochenta fue la época más luminosa, de una formación única y verdadera. Fui parte de la profesionalización de la danza.

Mis mejores maestros fueron Alejandro Cuadra, Nina Moreno, Bayardo Ortiz, Blanca Guardado, Irene López, Gloria Bacon, Evangelina Villalón (México), Rosario Cárdenas y Orlando Lastra (Cuba), y Celia Coqueiro (Brasil).

En el Ballet Show América creo que fuiste el director artístico. Sin duda, esta agrupación fue una de las más destacadas en los ochenta y en los noventa. ¿Cuáles fueron sus principales aportes como ballet?

R: Cuando acepté ser el subdirector del Show América fue una revolución. Se realizaron festivales de variedades en el Teatro Nacional Rubén Darío y nosotros participamos. También actuamos en el extinto Centro Recreativo La Piñata y en los famosísimos festivales de Jóvenes Coreógrafos, donde mi propuesta fue Colombia, que exigió muchísimo a las «vacas sagradas» y terminaron respetando el género de variedades.

Junto con mis hermanos del Hunapú logré eso y demostramos que no se trataba de prostitutas ni de homosexuales, sino de arte, de danza exigente y de calidad. Llegaron a plantear que nosotros no debíamos usar el Teatro Nacional, cuando los directores folclóricos eran terriblemente malos. Ellos solo sabían de folclor, mientras que nosotros estábamos poniendo en escena muestras muy interesantes, de show. Por ejemplo, el Sun sun babae, con la recordada Marina Cárdenas.

¿Cuál es tu valoración del estado actual de la danza nicaragüense? ¿Qué tan significativo ha sido el apoyo del estado en la última década?

R: Mi valoración es pésima. Ahora tienes que ser danielista y chayista… más franco no puedo ser. El Chí cheñoraaaaa… es abominable.

El arte actual en Nicaragua lo siguen dirigiendo los mismos que chuparon durante la década de los ochenta y después, en los noventa trabajaron para los oligarcas, a excepción de Luis Morales. Se han lucrado en nombre del arte y de sus conexiones.

El levantamiento de abril de 2018 también lo fue contra muchísimos de estos directores del arte, en realidad serviles del poder. Capacidades y calidades artísticas no tienen. Son mediocres porque nunca en su vida han hecho nada por la danza en Nicaragua, ¿dónde están sus aportes?

Lamentablemente, estas personas solo están para cerrar espacios a los que llaman «golpistas» o azul y blanco; están para servir a los oligarcas y satisfacer al hijito del presidente que se cree Pavarotti con sus presentaciones excéntricas. El gasto es excesivo y caprichoso. Nadie llega a verlo, a no ser las cortesías que se distribuyen entre militares y policías que llegan a dormir.

En general, ¿cómo evalúas la gestión de las instituciones culturales nicaragüenses? ¿Consideras que realmente están incidiendo en el desarrollo social del país?

R: No, Petrie. Aquí no hay institución que realmente trabaje por el desarrollo social, cultural y artístico del país.

 Atendiendo a tu experiencia, ¿cómo se podría medir el aporte de las empresas artísticas al desarrollo cultural del país? ¿Existen realmente empresas artísticas?

R: No. No existen empresas artísticas porque no hay centros donde puedas presentar tus obras completas. El único lugar es el Teatro Nacional Rubén Darío, donde personas como yo estamos vetados, por decisión del mediocre director de esta institución, porque quedé debiendo mil dólares, por haber montado mi único Festival Internacional de Danza que ha existido en Nicaragua. El director del Teatro Nacional en realidad es más político que promotor de artistas nacionales, a no ser los suyo o los que estén con el régimen.

En su momento, le dije a Ramón Rodríguez: ustedes aquí son artistas, pero yo viajaré y pondré en alto el nombre de mi patria a nivel internacional. Y así lo he hecho.

¿Cuál es tu visión de desarrollo de la danza artística en Nicaragua? ¿Es realmente válido que este arte se enseñe en los centros educativos como hace muchos años atrás?

R: Claro que sí, hay que enseñar la danza en los colegios de Nicaragua, porque es una expresión artística que debe ser parte importante de la formación de nuestra juventud. Los pasos básicos del folclor se han olvidado. Admiro la valentía de maestros que insisten en enseñar, ya que la danza folclórica ya no se promueve de verdad, sin necesidad de que se elogie a la parejita en el poder y siguiendo las efemérides: aniversarios o gesta de Sandino, de Carlos Fonseca, o lo que sea. Ahora, se pide que hagamos arte o cultura para agradar a los dictadores.

Eso me da lástima, porque ahora por hacer lo que ellos quieren te pagan super grandioso. Por ejemplo, yo quiero mucho al gran maestro Ronald Abud, lo mejor de la danza folclórica de Nicaragua, pero igual como muchos de la danza, se conforman con vivir bien en detrimento de su arte y de su magisterio. No se preocupan por respetar a los alumnos, por ofrecerles algo no solo de calidad máxima, sino digno.

Eres un gran conocedor de la realidad de tu sector artístico, ¿podrías enunciar y explicar en breve cuáles podrían ser las principales banderas de lucha de la danza nicaragüense?

R: Nosotros estamos claro de lo que somos. En primer lugar, hay que dignificar el arte, la danza. Luchar por darnos el lugar que nos merecemos sin necesidad que nos vendamos al poder político. Yo he sido víctima de este gobierno por no estar de acuerdo con sus políticas, con lo que le hicieron a mi hijo, con las muertes de tantos estudiantes como nunca antes. Los que están en el gobierno son asesinos.

Tan claro estoy de lo que digo, que yo no bailo en ningún lugar ni para nadie que sea o tenga que ver con el gobierno actual. Yo soy digno y me opongo a este gobierno. Mi apoyo es 100% a la causa del pueblo y tené por seguro, Petrie, que velaré para que actuales serviles del arte y de la cultura desaparezcan de donde están.

Francisco, hay quienes piensan y hasta lo han expresado públicamente, que el artista toca o baila el son que le pidan o le pongan, es decir, como si el arte está subordinado a las relaciones o necesidades mercantiles no éticas. ¿Cómo valoras esto en tu calidad de artista y empresario de hace muchos años? ¿Tu arte a qué responde, a un desarrollo empresarial artístico propio o existen algún objetivo más allá?

R: Mirá, un artista vive de su arte como cualquier otra profesión. Pero aquí, el artista que le trabaja al gobierno está subordinado en todo y lo mandan hacer cualquier cosa, o de lo contrario tendrá que irse de ahí.

Hace cuatro años sentí que algo malo iba a venir. Y mirá lo que vivimos el 18 de abril de 2018. Volvimos a lo que nunca pensamos, tristemente. Pero la sed de poder hizo posible lo peor. Y en cuanto a las artes, hay mucho que ocupan puestos y direcciones por servilismo, sin valores éticos, quizá no los conozcan.

Por eso creé mi negocio, donde doy oportunidad a otro arte; el transformismo, que no estaba bien visto por la sociedad en general. Pero hemos logrado que sea del agrado de gente heterosexual. Es increíble, pero es la verdad. Este es mi sustento, pero te digo con mucha firmeza, el día que me lo cierren o quieran condicionar, diré: No pipe, y me pondré a vender agua, cajeta, comidas típicas, lo que sea… pero no me van a rendir, seguiré con dignidad y orgullo de lo que soy y de lo que he aportado a la cultura de este país, específicamente a la danza. Jamás mi pueblo me tendrá como vendido o servil. Siempre le gritaré de frente al gobierno que es asesino.

 Claro, en los últimos dos años se te ha visto como un artista opositor a la dictadura Ortega Murillo. Pero amplía, ¿qué te ha llevado a esta postura política?

R: Es la primera vez que lo cuento, Petrie. Mirá:

Cuando comenzó la protesta me dirigí a la UPOLI para recoger a mi hijo. Ahí discutí con todo el mundo, exigí que me entregaran a mi hijo, hasta discutí con la gente de la CPDH. Estaba en esto cuando de pronto vi venir un pijazo de antimotines y, ahí se me olvidó que era Pancho. Estaba super arrecho porque esa gente iba a matarnos. Entonces, corrí con mi hijo y nos metimos en un tubo madre que estaba por ahí. Seguro no nos vieron porque te estoy contando el cuento. Pero ahí mismo lloré, porque me di cuenta que aquella brutalidad nada tenía que ver con lo que habíamos soñado como revolución ni como proyecto de bienestar y desarrollo para el pueblo.

Si el pensar diferente ya era un delito, comenzó a ser peor. Muchos jóvenes resultaron muertos en formas terribles. Si eso no le caló a alguien es porque en realidad no ama a Nicaragua. Una revolución se debe al pueblo, no a un líder o líderes que en realidad son los nuevos oligarcas que se enriquece cada vez más, junto con sus familias y amigos o socios cercanos. ¿Qué respeto puede haber a los poderes del estado si los primeros en irrespetarlos fueron ellos, los dictadores?

Cada día estamos más pobres, qué arte puede crecer así. Lo único que nos queda es la lucha para borrar tanto mal político, y de eso tampoco la empresa privada está exenta de culpa.

Esa es la razón por la cual me opongo a esta dictadura.

¿Quién es Francisco González? ¿Cuáles son sus sueños, sus proyectos más importantes?

R: Francisco o Pancho es una persona de 53 años que ama su tierra. Bien pude quedarme en los Estados Unidos de América, donde está casi toda mi familia a quien amo también, mi santa madre Blanca Rivera y mi tía madre Alicia Rivera. Adoro a mi familia. Como budista, en mi reencarnación deseo tener la misma familia González Rivera, y nacer en Nicaragua.

Amo a mis hijos, a mis bailarines. Agradezco a los padres de estos últimos porque han sido el motor principal para continuar hacia adelante. Agradezco a mis amigos y a la vida por hacer de mí un luchador incansable por el bien. Por supuesto, tengo mis errores, pero mis principios y valores los tengo muy en alto. Este artista de verdad no se raja para nada ni su dignidad está en venta. Nací para ser libre y para servirle a mi pueblo, nunca a un gobierno genocida.

Mis proyectos son: continuar haciendo danza en todas sus ramas; crecer como empresario artístico y en esta nueva etapa, como comunicador social en las plataformas virtuales. Mi sueño es ver una Nicaragua libre, sin perdón a los genocidas.