Poemas de Salve Invierno (2015)

Alberto Destéphen Soler /
San Luis, Comayagua, Honduras


Universos paralelos

Yo era un número finito,
el interior de una noche, cuando te conocí.

Desembocaba en tantas orillas,
recorriendo épocas y tiempos inmemorables,
mucho antes que la nebulosa fuera.

Reinventaba al Dios Apolo
quien no perdía de vista los anaranjados limbos del otoño.

Existía dentro de esta esfera hacía miles de soles,
al otro lado de la formación del agua;
alrededor del libro de la existencia y las curvas del tropiezo.

Subsistía en el lineal tiempo de la desesperación,
en la distorsión de la angustia por tu cuerpo.

Tú estabas en el universo paralelo de mis pretensiones,
donde respirabas mi angustia,
mi luz, mis partículas, mis moléculas…
lejana, a la otra orilla de mi caos;
a la orilla de la inconvexidad delirante.

Yo sofocaba las ambiciones recorriendo galaxias
para conseguir los espacios de tus piélagos.

Descubrí las fuentes que germinaban de tus costillas,
el secreto del tiempo; el padecimiento amarillo,
el árbol de la vida… el vino que consume eternamente la desolación.

Metáfora del amor

Torbellinos moran en nosotros.
Imploramos
en la fuente del tiempo
los espirales
donde la ofuscación permanece.

¿Será el amor
la cima circular sin fronteras,
el origen perdido?
¿Ganaremos
el universo multidimensional
fuera de todos los anonimatos,
fuera de todas las representaciones?

¿Será el universo
el infinito amor que ausculta el nosotros
fuera de lo inseparable y lo divisible?

¿Alcanzaremos
más allá de las fronteras,
en la infinitud,
en la otra existencia después del tiempo,
el lugar inconvexo de las oscuridades?
¿Lo alcanzaremos?

Hijo de una diosa y un mortal

Confinado en la esfera de Dios,
abrigo tus espaldas con armaduras de amapolas.
Alcanzo el fuego que palpa el futuro.

Balanceándote en la cuerda floja del instante,
caminas el sentido contrario de los besos,
desapareces en los espirales de los deseos;
fugitivo, tu cuerpo surca los muros de las neuronas.

Invisible a las gravedades de mis manos fecundas,
azarosamente no te encuentro,
te escapas como el agua en las manos inciertas.

Frente a los límites de la derrota, cumplo penas:
el desequilibrio del caos, la distancia que no medí,
el efecto dopler del dolor de lo que quedó afuera.

Eternidad, memoria de las pupilas
que encontraron en tus ojos los números reunidos,
el universo de un mar dilatado.

Son esferas descendentes desde cero,
subiendo la escala sin fin de los minutos del sufrimiento.

Estoy despierto
imputando la venganza,
el caos reaparece desesperado
en el aleph mundo en que estamos sacrificados.