Henry Aguilar, el artista rebelde

Henry A. Petrie

Todo arte requiere dedicación y disciplina, un espíritu obstinado que lleva a la búsqueda de un algo, siempre nuevo. Es un proceso creativo inagotable; cada logro carga su insatisfacción. De ahí que el estudio, el análisis y la experimentación sean una constante en un verdadero artista.

Henry Otoniel Aguilar es un pintor consciente de su arte, la vena le viene de su padre, el también pintor Otoniel Aguilar (1937-2000). Heredó la humildad de su madre, Modesta Gutiérrez, matagalpina originaria de El Tuma. Henry nació en Managua, el 2 de abril de 1963. A los nueve años comenzó a pintar y a los trece, en 1976, vendió su primer cuadro a cincuenta córdobas.

Según el crítico de arte Arnulfo Agüero, Aguilar es el creador del Folk-collage en Nicaragua, consistente en la aplicación de un material ocurrente circunstancial (lentejuelas, escarchas, vidrio) incrustado sobre cartón crescent en zonas escogidas, particularmente en su línea pictórica Güegüense que inició en 1985. La introducción de esta técnica corresponde a un «nuevo concepto estético de avance para las artes visuales nicaragüenses (…) le ha incorporado nuevos materiales, tintas opalinas fluorescentes, acrílicos encendidos…», que potencia su visualización, colorido y decoración de la pintura, ya en tela o en cartón.

A partir del 2001, cultiva una tendencia cósmica esotérica o surrealista metafísico, caracterizada por la reflexión, el juego cromático intenso y de contraste, y la vivacidad de la imagen proyectada en tanto realidad espacial y conocimiento trascendente. Su inspiración viene del conocimiento esotérico de su padre y de obras literarias acerca del tema.

Aguilar es un pintor consumado, autodidacta por excelencia, en pleno desarrollo de su arte. Rebelde y rotundo opositor al régimen dictatorial de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Tiene en su haber numerosas exposiciones individuales y colectivas, tanto nacionales como internacionales. Ha sido homenajeado por la comunidad cultural de Masaya (1999) y Diriamba (2008), por sus aportes pictóricos en el urbanismo regionalista colonial y el baile folclórico nacional, particularmente con el Güegüense. Entre sus más recientes pinturas destacan la luchan cívica de la juventud y el pueblo nicaragüense, como el Cristo patrio, lacerado por la tiranía.

Actualmente es miembro de la asociación Acción Creadora Intercultural (ACIC) y promueve talleres de pintura con niños, niñas y adolescentes, entre los que destacan los cursos realizados en Jinotega (2012) y en la escuela Pablo Antonio Cuadra (2013), en la comunidad San Francisco, Nindirí. En los últimos seis años ha estado dedicado a talleres de artesanía sacra en yeso, en el marco del emprendedurismo en centros de estudios de secundaria.

I

Henry Otoniel Aguilar, de larga trayectoria artística ampliamente reconocida, creador del Folk-Collage, plantea que su arte nace por una «voluntad divina», las diversas escuelas del arte han sido fuentes de enriquecimiento técnico. «Cada ser humano busca en su yo interior qué hay más allá», afirma.

Tiene diez años de no realizar exposiciones, individuales ni colectivas. Considera que la pintura nacional no ha avanzado mucho, coincidiendo con su colega Mauricio Rayo.

Como artista no puede ser indolente ante los crímenes perpetrado por la dictadura Ortega Murillo, «Yo salí a la calle contra esta dictadura, desafiando a la muerte o a la cárcel (…) Los artistas no estamos separados del dolor humano», afirma con mucha dignidad. Se le ha visto junto al periodista Frank Cortés en distintas expresiones de protesta y en campaña por la libertad de todos los reos políticos.

Plantea que la actual educación en Nicaragua está colapsada y que «la cultura solo es una mampara». Dice que esta educación aliena y fanatiza; no ve más alternativa que eliminarlo todo, depurar, en el marco de una «transformación cultural en toda su dimensión». En tal sentido, habrá que eliminar «la mentalidad partido estado» y el «oscurantismo que ha promovido la dictadura…»

Demanda de sus compañeros de asociación (ACIC) que sean más beligerantes con relación a la problemática cultural y educativa nacional, «hay que exigir de manera radical». Considera que las instituciones culturales en este país no están contribuyendo a cambios reales.

II

¿Qué significa para vos el arte pictórico? ¿Cuáles son tus principales tendencias e influencias artísticas?

R: Más que significado, yo diría que el arte nace en nuestro ser por una voluntad divina. En el camino, uno se une a muchas tendencias, dependiendo de la inspiración con la que te identificas. Esto enriquece y nos lleva a un paso más en la trascendencia artística.

En cuanto a las influencias, hay muchas propuestas, como el arte barroco, renacentista, contemporáneo y moderno. En lo personal me identifico con dos grandes: Salvador Dali y Picasso. Y con los pintores nicaragüense del movimiento praxis: Alejandro Arostegui, Carlos Montenegro y Leoncio Sáenz.

¿De dónde surge tu fijación en el Güegüense? ¿En qué se diferencia tu aporte con relación a otros pintores de este mismo personaje?

R: En nuestra vida siempre existen pasajes por donde algún día transitamos. Recuerdo que mi padre, Otoniel Aguilar, me llevó a una fiesta de bailes folclóricos; fue entonces que por primera vez vi al Güegüense. Creo que fue ahí donde comenzó mi inspiración con ese personaje de la cultura nacional.

Mi aporte a las artes plásticas fue circunstancial. Resulta que en los años ochenta, cuando Nicaragua estaba en guerra civil y tenía un bloqueo económico, la escasez fue general, particularmente con todos los materiales artísticos. Ante esta situación, hubo que inventar o reinventar usos de nuevos materiales pictóricos; entonces, me surgió la idea de decorar mis Güegüense con papelillos de cigarros plateados y dorados. Eso me dio la pauta de crear el collage; luego mejoré la técnica con lentejuelas y así quedó marcada mi huella. Ahora todos los artistas la usan para decorar sus Güegüense. Soy el creador del «folk- college», como lo expresa el crítico de arte Arnulfo Agüero.

También encontramos temas metafísicos en tu pintura, ¿de dónde te nació? ¿Cómo concibes el Cosmos?

R: Es una pregunta muy delicada y profunda. Cada ser humano busca en su yo interior qué hay más allá. Algunos lo hacen a través de sus letras, otros, como yo, con los pinceles. El arte no está separado de estas corrientes esotéricas y metafísicas.

En mi vida hubo dos personas que me inspiraron: Otoniel Aguilar y el escritor Henry A. Petrie. Otoniel me habló de su trayectoria por el universo y Petrie me motivó con su libro Inevitablemente humano. De esta obra surge mi cuadro Tres entidades y yo, que justo sirvió como portada.

Después siguieron otros cuadros: El vació no existe y Chartrusse (colores maravillosos). Mi creación en esta línea aún no ha acabado, continuará.

Según tu percepción y conocimiento, ¿cuáles son las principales características de la pintura nicaragüense en lo que va del siglo XXI?

R: Hace diez años me desligué de las exposiciones, porque esto jamás lo ha promovido alguna institución estatal en este tiempo. Pero no creo que hayamos avanzado mucho, quizá los críticos de arte vean algo que yo no.

A partir de abril 2018 te has destacado como un opositor al régimen de Daniel Ortega y postergaste tu oficio artístico por un tiempo, ¿por qué? ¿Acaso la lucha sociopolítica es incompatible con el arte? ¿Cómo interpretas el compromiso social?

R: Mirá, el hecho de ser un artista no me separa del dolor humano; no soy una persona indolente. Estamos ante un dictador que está enraizado en El Carmen (Managua); es un dictador corporativo. Sus crímenes ejecutados en abril 2018 es la más clara evidencia de su tiranía. Por eso nos hemos unidos artistas, poetas, escritores, músicos, escultores, pintores… Y salimos a la calle. Yo salí a la calle contra esta dictadura, desafiando la muerte o a la cárcel.

La lucha política ha sido un desafío histórico desde el siglo pasado. Muchos artistas se han rebelado a sistemas corruptos y dictatoriales, como Tamayo, Diego Rivera, Siqueiro, Oswaldo Guayasimín… A Federico García Lorca lo mataron… Los artistas no estamos separados del dolor humano.

A tu criterio, ¿cuáles son los desafíos culturales y educativos de la Nicaragua actual?

R: El desafío ya inició: hay que depurar el sistema, retomar la cultura de antepasados como insumo inmediato para una nueva transformación cultural en toda su dimensión. Esto va más allá de una educación efímera y quebrantada por el sistema educativo que ha creado y establecido la dictadura orteguista, que aliena y fanatiza.

Sos miembro ACIC, ¿cuál sería el rol de esta asociación ante una situación de transformaciones institucionales en la sociedad nicaragüense?

R: El rol es tremendo, pero no basta proyectarse en redes; hay que exigir de manera radical, ser más activos, beligerantes.

¿Cuál es el gran proyecto artístico pendiente de Henry Otoniel Aguilar?

R: Dos exposiciones individuales y mi ascenso hacia el espacio infinito, con mi muerte.

En general, ¿cómo evalúas la gestión de las instituciones culturales nicaragüenses? ¿Consideras que realmente están incidiendo en el desarrollo social del país?

R: ¿Evaluar qué? La educación está colapsada y la cultura solo es una mampara.

Siendo así, ¿qué eliminarías y qué cambios empujarías en la educación?

R: Hay que eliminarlo todo. Y en cuanto a cambios, sobre todo la mentalidad partido estado y la poca visión científica de la educación. Hay un fuerte retroceso cultural en este país y esto es debido al oscurantismo que ha promovido la dictadura de Ortega y Murillo. Los centros de estudios no se pueden continuar viendo como reproductores propagandístico o ideológico.

 

Abril, 2020.


Para mayor información acerca del pintor Henry Otoniel Aguilar, el siguiente enlace en el portal Web ACIC: