Grandes traidores de la historia

Hellen Cristina Medina Bertrand

Absalón, hijo de David, conspira contra su padre, levantándole el reino.

Judas Iscariote, uno de los discípulos y tesorero de Cristo, le vende por 30 monedas de plata.

Efialtes, desenvainó la espada de la traición contra el audaz Leónidas, rey de los espartanos, ante Jerjes I, el soberbio emperador persa, en la famosa batalla de las Termópilas.

Marco Junio Brutus, apuñala a su padrastro, el emperador Julio César en el año 44 antes de Cristo, quedando en la historia la famosa frase que éste dijera antes de desplomarse contra el suelo: «Tú coqui fili me», es decir, «Tú también, hijo mío».

Benedict Arnold, sintiéndose relegado en los ascensos militares, decidió que su provecho personal era mucho más importante que el destino de su patria. A cambio de unos cuántos miles de libras, rindió a los británicos el fuerte que estaba a su mando: el emblemático destacamento de West Point. Se exilió en el Reino Unido y luego de finalizado el conflicto, fue repudiado tanto por norteamericanos como británicos, ya que nadie confía en un traidor demostrado.

La Malinche, desde el momento en que esta bella y astuta mujer unió fuerzas con el conquistador Hernán Cortés, el destino del imperio Azteca quedó sellado. Su amplio conocimiento de los puntos débiles de emperador Moctezuma y su colaboración como traductora fueron fundamentales para lograr las alianzas que llevaron a los españoles a la victoria.

Es increíble que sólo se necesite uno para hacer sucumbir grandes potencias.

Dante Alighieri en su magnífica obra La Divina Comedia, ubica a los traidores en el último círculo del infierno, llamado La Caína; el célebre teólogo de Florencia considera a la traición como el peor pecado de todos.

La razón es que, a diferencia de otro tipo de crímenes, para traicionar primero hay que ganarse la confianza y el afecto de la víctima.

En Nicaragua no sólo hay uno, ¡es una familia!