Cronotopos en María de Jorge Isaacs

Benita del Socorro Cárcamo

Cuando leí por primera vez la novela María de Jorge Isaacs, hace unos 35 años, me conmovió mucho, tenía yo entonces 17 años. Algo que me quedó grabado de la lectura fue la presencia del ave negra que aparecía cuando sucedían cosas malas, particularmente cuando al final de la obra se posa sobre la cruz de la tumba de María, esa imagen se quedó cincelada en mi mente para siempre.

Cuando Fernando Saavedra propuso que se leyera en el Club de lectores de ACIC la novela María, debo confesar que me entusiasmé poco, pero cuando asumo un compromiso lo cumplo y me dispuse a leer la obra nuevamente con la mejor actitud.

Esta nueva lectura fue más rica que la anterior, claro está que, a estas alturas de mi vida, así como de mi carrera —soy profesora de Lengua y Literatura—, la experiencia fue diferente, es decir, la percepción de la obra fue distinta de la que tuve antes. Me fijé por ejemplo esta vez, en la recurrencia de la palabra «pálida», la cual aparece más de diez veces a lo largo de la trama; entonces pensé en escribir algo relacionado con las isotopías literarias. De igual manera, me pareció de mucho interés la profunda religiosidad de los personajes, que me lleva a pensar que es más bien, la religiosidad del autor.

No obstante, hubo un elemento que me entusiasmó mucho más en la obra: el paisaje (ríos, montañas, haciendas, casas, jardines…) y el tiempo en el que suceden los acontecimientos; me sonaba en la cabeza la palabra «cronotopo, cronotopo…». Indagué en algunas fuentes y ¡Eureka!, ahí estaba lo que me rondaba en la mente, desde que inicié la lectura: «cronotopo».

Bajtín utiliza el término de cronotopo —tomado de la física y las matemáticas— para significar el tiempo y espacio en los géneros literarios. Define así el concepto: «vamos a llamar cronotopo (…) a la conexión esencial de relaciones temporales y espaciales asimiladas artísticamente en la literatura (…) Entendemos el cronotopo como una categoría de la forma y el contenido en la literatura».
(https://prezi.com/khao_vjp41e8/el-cronotopo-literario-de-mijail-bajtin/)

De acuerdo con esta definición podemos afirmar que Jorge Isaacs, además de otros muchos elementos de valor en su novela, es un maestro en la utilización de los cronotopos:

«Las verdes pampas y selvas del valle se veían como al través de un vidrio azulado, y en medio de ellas, algunas cabañas blancas, humaredas de los montes recién quemados elevándose en espiral, y alguna vez las revueltas de un río. La cordillera de Occidente, con sus pliegues y senos, semejaba mantos de terciopelo azul oscuro suspendidos de sus centros por manos de genios velados por las nieblas. Al frente de mi ventana, los rosales y los follajes de los árboles del huerto parecían temer las primeras brisas que vendrían a derramar el rocío que brillaba en sus hojas y flores.  Todo me pareció triste».

Es un aspecto sobresaliente en el párrafo anterior, la armonía que logra Isaacs entre el cronotopo y el estado anímico del narrador–protagonista. Podemos visualizar a Efraín en algún lugar de su cuarto, próximo a la ventana contemplando el paisaje. En alguna medida el ánimo del personaje está sujeto al cronotopo perfectamente logrado.

El lenguaje literario es la materia prima con la que se elabora el «tejido» de la obra. Es en el lenguaje donde tienen vida los cronotopos, los cuales revelarán una época con sus realidades, justicias o injusticias, costumbres, hábitos…, lo que de alguna manera puede resultar chocante al lector literario, pero es el compromiso ético–estético  del  buen escritor: «Mi padre ocupó la cabecera de la mesa y me hizo colocar a su derecha; mi madre se sentó a la izquierda, como de costumbre; mis hermanas y los niños se situaron indistintamente, y María quedó frente a mí».

Según la teoría bajtiana, existen tres tipos de cronotopos literarios: cronotopo del camino, cronotopo folclórico y cronotopo moderno u occidental, estos pueden converger en una misma obra, sin embargo, habrá predominancia de uno sobre los demás.

En la novela María, podemos identificar el cronotopo folclórico:

…es de carácter colectivo (en contraste con lo individual); su tiempo se mide a través de los acontecimientos laborales; y es profundamente espacial y concreto, tal como se observa en la siguiente aseveración del autor: «En su movimiento, la mano trabajadora del hombre va unida a la tierra; los hombres crean el paso del tiempo, lo palpan, lo huelen (…) y lo ven. Es denso, irreversible (dentro de los límites del ciclo) y realista».

Si analizamos el fragmento transcrito a continuación, podemos advertir que las frases están en una disposición coherente con lo que define Bajtín como cronotopo folclórico, en la imagen de «las labranzas», «trabajos hechos y por hacer», «esclavos», «herramientas al hombro»:

«Una tarde, ya a puestas del sol, regresábamos de las labranzas a la fábrica mi padre, Higinio (el mayordomo) y yo. Ellos hablaban de trabajos hechos y por hacer; a mí me ocupaban cosas menos serias: pensaba en los días de mi infancia. El olor peculiar de los bosques recién derribados y el de las piñuelas en sazón; la greguería de los loros en los guaduales y guayabales vecinos; el tañido lejano del cuerno de algún pastor, repetido por los montes: las castrueras de los esclavos que volvían espaciosamente de las labores con las herramientas al hombro; los arreboles vistos al través de los cañaverales movedizos: todo me recordaba las tardes en que abusando mis hermanas, María y yo de alguna licencia de mi madre, obtenida a fuerza de tenacidad, nos solazábamos recogiendo guayabas de nuestros árboles predilectos, sacando nidos de piñuelas, muchas veces con grave lesión de brazos y manos, y espiando polluelos de pericos en las cercas de los corrales».

De igual manera encontramos el cronotopo del camino:

… generalmente está ligado al «encuentro», otro tópico de las novelas, pues precisamente estos tienen lugar en el «camino». Por otro lado, tiende a asociarse con la presentación de acontecimientos dirigidos por la casualidad. En el «camino», se combinan, de una manera original, las series espaciales y temporales de los destinos y vidas humanos (…) ese es el punto de entrelazamiento y el lugar de consumación de los acontecimientos. El tiempo parece aquí verterse en el espacio y correr por él (formando caminos).

Los caminos en la novela María, literalmente están ahí: «Tomé la escopeta […] y saltando el vallado de piedra, cogí el camino de la montaña. Al internarme la hallé fresca y temblorosa bajo las caricias de las últimas auras de la noche.»

El camino también aparece sin ser nombrado, pero fácilmente identificable por el lector literario, a través de los recursos literarios elegidos por el autor:

«Al día siguiente a las cuatro de la tarde llegué al alto de las Cruces.  Apeéme para pisar aquel suelo desde donde dije adiós para mi mal a la tierra nativa.  Volví a ver ese valle del Cauca, país tan bello cuanto desventurado ya… Tantas veces había soñado divisarlo desde aquella montaña, que después de tenerlo delante con toda su esplendidez, miraba a mi alrededor para convencerme de que en tal momento no era juguete de un sueño. Mi corazón palpitaba aceleradamente como si presintiese que pronto iba a reclinarse sobre él la cabeza de María; y mis oídos ansiaban recoger en el viento una voz perdida de ella.  Fijos estaban mis ojos sobre las colinas iluminadas al pie de la sierra distante, donde blanqueaba la casa de mis padres.»

En el párrafo anterior, destaca la noción de Bajtín a cerca del cronotopo del camino: «se combinan, de una manera original, las series espaciales y temporales de los destinos y vidas humanos (…) ese es el punto de entrelazamiento y el lugar de consumación de los acontecimientos». Aunque no aparece «el camino» literalmente, a través de las isotopías semánticas: llegué, volví / suelo, tierra nativa, valle, montaña, colina, sierra, se logra la unión entre espacio y tiempo, constituyentes del cronotopo literario, que refleja así la emoción del personaje.

En el siguiente fragmento, se logra a la perfección la construcción artística del tiempo y el espacio en la novela, a través de la medición del tiempo, en donde según Bajtín, «la vida humana y la naturaleza utilizan las mismas categorías de medición». Utiliza Isaacs El Sol al ponerse como una alegoría de la decadencia del personaje o de los personajes (María murió y Efraín emocionalmente muere con ella); y cierra el relato con una imagen mucho más triste: la pampa solitaria, cuyo vasto horizonte ennegrecía la noche, para Efraín la vida nunca volvería a ser luminosa, solo lo acompañará la sombra, la oscuridad, el color negro del ave y de la noche.

«A la hora y media me desmontaba a la portada de una especie de huerto, aislado en la llanura y cercado de palenque, que era el cementerio de la aldea. Braulio, recibiendo el caballo y participando de la emoción que descubría en mi rostro, empujó una hoja de la puerta y no dio un paso más. Atravesé por en medio de las malezas y de las cruces de leño y de guadua que se levantaban sobre ellas. El Sol al ponerse cruzaba el ramaje enmarañado de la selva vecina con algunos rayos, que amarilleaban sobre los zarzales y en los follajes de los árboles que sombreaban las tumbas. Al dar la vuelta a un grupo de corpulentos tamarindos, quedé enfrente de un pedestal blanco y manchado por las lluvias, sobre el cual se elevaba una cruz de hierro; acerquéme. En una plancha negra que las adormideras medio ocultaban ya, empecé a leer: «María…»

«[…] Había ya montado, y Braulio estrechaba en sus manos una de las mías, cuando el revuelo de un ave que al pasar sobre nuestras cabezas dio un graznido siniestro y conocido para mí, interrumpió nuestra despedida: la vi volar hacia la cruz de hierro, y posada ya en uno de sus brazos, aleteó repitiendo su espantoso canto.

Estremecido, partí a galope por en medio de la pampa solitaria, cuyo vasto horizonte ennegrecía la noche».

Sin duda alguna, la relectura de María, esta vez desde la óptica de las teorías literarias, me ha aportado una satisfacción diferente a la primera vez que la leí. No obstante, de la forma que sea leída una obra lo importante es que el lector literario goce y no sufra la lectura.