El Darío que yo presiento

Helen Cristina Medina Bertrand

Este no es un ensayo, es la apreciación del eco del corazón del Rubén Darío que presiento y he buscado en un poema del bardo, la resonancia pendular de la vida de la catedral y las ruinas paganas donde su psiquis vuela en el dolor de lo que fue, lo que pudo haber sido y mejor aún de lo grande que es hoy el Panida. Por eso patentizo el corazón abierto de Darío, tal como una disección como él mismo dijo: «El Auto-Hamlet», al citar el más hermoso y bello nocturno, en el que todo ser humano al llegar a la última esquina del mundo, se convence de lo que fue y nace el poema sangrante, donde parece que bulle el pasado, presente y el futuro que apresura el racimo de flores oscuras y frescas que nos llama a la muerte.

 

Nocturno

A Mariano de Cavia.

Los que auscultasteis el corazón de la noche,
los que por el insomnio tenaz habéis oído
el cerrar de una puerta, el resonar de un coche
lejano, un eco vago, un ligero ruido…

He puesto mi oído en el corazón de la noche y he buscado en el lienzo azabache el lenguaje infinito, tiritante, denso y profundo que asciende hasta las estrellas donde parece disolverse en la nada, y me he preguntado qué encierra este misterio oscuro donde seguramente se mueve un mundo imperceptible a los ojos, pero consonante al alma.

Allá lejos, adyacente al oído que se quedó en lo humano apenas te das cuenta que hay vida cuando rechina alguna puerta, pero como en simetría con el alma de Darío te encuentras así mismo. Afuera ecos sibilantes que vagamente mueren en el insomnio. Es el momento en que el corazón se comprime y puedes salir de tu prisión y hablar al silencio de tu alma.

En los instantes del silencio misterioso,
cuando surgen de su prisión los olvidados,
en la hora de los muertos, en la hora del reposo,
sabréis leer estos versos de amargor impregnados…

Los segundos oscuros y misteriosos de los mundos del sueño abren contextos en cuyas calles se levantan los olvidados. Es el momento en que las cárceles del dolor, de los deseos, de los imposibles rompen su cascarón y los muertos en vida tienen derecho a creer que sus sueños son realidad y que las esperanzas suben a los astros para entender y descifrar los signos dolientes y sufridos. Es el reino de los olvidados del amor, de los que la vida sólo mostró su lateral derecho y pasó de largo para favorecer a aquéllos cuyo corazón se encontró vacío, sin la materia prima, insensible, fría. Corazón preparado solamente para dar cabida al acero, para extirpar el cimiento de los desheredados de la vida y el aire.

Como en un vaso vierto en ellos mis dolores
de lejanos recuerdos y desgracias funestas,
y las tristes nostalgias de mi alma, ebria de flores,
y el duelo de mi corazón, triste de fiestas.

Ahora la caja de Pandora abre los aposentos del alma y uno a uno van cayendo, en el silencio de la noche, las piedras que dilatan las profundidades del agua como cuando una roca hunde sus cuchillos y se disparan los recuerdos dolorosos. ¿Cuántas situaciones ahora tú recuerdas, amigo lector, en la somnolencia de tus nostalgias? Tal vez ahora, el poeta recuerda el camino recorrido. Sus fracasos amorosos, el niño que no tuvo un hogar estable. El vacío que dejó su padre en el corazón al abandonarlo desde muy temprano. El mundo que soñó y no pudo conquistar.

y el pesar de no ser lo que yo hubiera sido,
la pérdida del reino que estaba para mí,
el pensar que un instante pude no haber nacido,
¡y el sueño que es mi vida desde que yo nací!

Los pesares de no conquistar todos sus objetivos ahora le agobian, el poeta intentó de todo. La ciencia y el arte contribuyeron a martirizarlo, pues fue un corazón inquieto en encontrar en cada motivo la belleza de lo existente. Dijo en una ocasión: «Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo». Fue entonces lucha permanente, a pesar de convertirse en el instaurador de un movimiento modernista que dio brillantez e innovación a la lengua española, siempre existía una especie de sombra que lo agobia: «Ser y no saber nada» y «ser sin rumbo cierto». Todas estas interrogantes se levantan como aspas de molino sobre su vida que lo acusan y lo acosan y le reclama que el sueño de su vida desde su nacimiento no llegó a realizarlo. El misterio, el enigma le embargan y se pregunta tal vez en sus adentros: ¿Qué sería de mí si no hubiera nacido?, ¿qué hubiera sido en la vida y por qué no lo fui?

También martirizaba al poeta, en sus horas de insomnio, el pensar en la vida y la muerte. «El espanto seguro de estar mañana muerto» lo había dicho en lo fatal. Saber que descenderá a la tumba y ese momento llegará, en que falto de aire dejará su existencia y aún sin cumplir con los que se había trazado.

Todo esto viene en medio del silencio profundo
en que la noche envuelve la terrena ilusión,
y siento como un eco del corazón del mundo
que penetra y conmueve mi propio corazón.

El espíritu del poeta se estremece cuando está a solas en la profundidad de la noche y el dolor es más grande cuando siente que las penalidades del mundo laceran su vida. ¿Cuántas de esas penalidades terrenales agreden a su alma sensible de poeta?
Sin duda, en este poema Darío nos muestra su alma abierta y profundamente sensitiva. Siente el dolor del mundo, añora el tiempo vivido, no está conforme con lo que fue y pudo haber sido. Este poema se identifica con la humanidad, pues esa nostalgia nos embarga, y máxime, cuando ya se está en la etapa de madurez de la vida.