Cuando se habla de cosas eternas

(Del poemario inédito Con las plumas del Fénix)

Carlos Blandón Ruiz

De luces sempiternas

En el mundo se habla de cosas eternas,
de aquellas que parecen nunca sucumbir,
y que en medio de los años, no obstante,
como Fénix aventajado, conquistan el cenit.

En el mundo se escucha de flores sempiternas,
de las que florecen con tanta elegancia en la
tempestad del viento, en la locura de la vida,
en filo cruento del adversario indolente.

En el mundo se escribe de soles que brillan,
de esos que encienden la vida con tanta fuerza,
astros cuya luz hace eco en el vasto Universo,
a los que no se pueden ver sin antes hesitar:

Si tú no existieras, ¿quién ha de iluminarnos entonces?

Ausente

Ausente del anhelo,
cuando el alma gime adolorida,
cuando el cuerpo se resiste al vuelo,
cuando la esperanza huye
y el descontento es la vianda cotidiana.

Ausente de mí,
vagabundo del silencio,
pregonero del espanto
que carga la cruz mortal
como el Cristo inmolado.
Se vive y se sufre,
y dichoso es quien, como la piedra dura,
no siente, no piensa ni duda.

Ausente de todos,
sobreviviendo al fatal recuerdo,
al futuro que no alienta,
al mañana de los noes amargos,
y saber que amanezco en mí y no estando.

Mi trinidad

Entre cerro y cerro, huele a pan de a medio.

Donde el pensamiento se disuelve en el olor
de la mañana fresca y las miradas
bogan en la cúspide regia de sus cumbres.

Donde el aire envuelve y, paradisíaco,
encanta al niño que juega y ríe en sus
parques y al joven que en sus plazas vive.

Donde el aroma a pan exquisito empuja
a la tentación divina de hacerlo remojar
en el espumoso cálido de un café crepuscular.

Donde el día es labor de campesino
bajo el sol enérgico y la noche, delicado
pasto de descanso placentero y apacible.

Donde se es pobre y honrado, humilde
y generoso, terruño de pequeños gigantes
que vive de sueños y tiene fe en Jesucristo.