¿La Poesía ha muerto?

Omar Alí Moya García

El día domingo 19 de enero de este 2020, formé parte del grupo de escritores, docentes, amantes de la lectura y amigos que participaron en el Taller de Poesía impartido por el escritor panameño David Classen Robinson Orobio, realizado en la biblioteca Javier Argeñal, en la ciudad de Telica, cuartel general (podría decirse) del grupo Artelica dirigido por el escritor Pedro Alfonso Morales, miembro fundador de ACIC y actual tesorero.

Esta iniciativa literaria, impulsada por ACIC-Nicaragua y Artelica, nos permitió a los participantes poder enfrentar de manera abierta y directa, la situación de la poesía actual. No fue un taller convencional en el que se exponen técnicas para crear poesía o en el que cada participante presentaría un poema y luego venía la parte quirúrgica, donde se pone al paciente (en este caso el poema) y se le abre delante de todos hasta alcanzar hueso y tuétano. No fue así.

Más bien, fue un momento para encontrarnos a nosotros mismos, ponernos frente al espejo y ser uno mismo el que se abre las entrañas y se autoexamina, autovalora y autocorrige. Dentro de los aspectos más relevantes y de los que tomé nota, puedo sintetizar los siguientes:

  1. La poesía es diversidad y misterio. Y solo cuando el poeta es capaz de confrontar a ese misterio puede ser libre.
  2. La poesía debe tocar al otro. No es un estado espiritual o dado por una chispa mágica lo que rodea al poeta. Es la capacidad de conocerse a sí mismo y poder tocar a la otra persona sin dejar de ser uno mismo. Es cuando la parte humana se hace universal.
  3. La poesía es libertad. «Los prejuicios son asesinos de la poesía».
  4. Debemos trabajar la perceptiva. Educar los sentidos, siendo la creatividad un pilar fundamental del poeta.
  5. «Sin imaginación no hay literatura». Procurar el desarrollo de la sensibilidad en el arte.
  6. Ser poeta es una actitud ante la vida, una forma de vivir. Tener una visión particular de la vida que sea capaz de tocar al otro, moverle el espíritu y el cuerpo.

Considero que fue sumamente valioso la metodología usada por Robinson Orobio, en la que el tallerista no se convierte en un ente activo que solo dicta premisas y tips y los participantes en seres inertes que solo responden afirmativamente con la cabeza. El manejo del plenario fue asertivo. El abrirnos sin prejuicios ni temores en la actividad, permitió poder visualizar qué situación actual enfrenta la poesía.

Y es desprendida de dicha situación actual que se llegó a la triste realidad de que ya nadie lee poesía, e incluso, se llegó a afirmar que, dadas las tristes circunstancias, puede llegar un momento que la Poesía sea un arte muerto, olvidado.

Pero, «siempre que haya un poeta, habrá poesía». Y en el mundo siempre habrá un poeta en cualquier parte de este.

Esta situación caló hondo en mí, dado que, en mi vocación de escritor, la poesía es parte indispensable de mi creación literaria. Pero es sumamente necesario analizar algunos panoramas y contextos que, en realidad, poco a poco van causando detrimento en el amor por la poesía. Y paso a exponer algunos que considero forman parte de las causas:

Uno, el currículo nacional en Lengua y Literatura ha dirigido sus acciones a reducir el tiempo que se le dedica a la lectura. Es una realidad. Los alumnos no están leyendo en las aulas de clases. Las pocas acciones encaminadas a esta actividad se resumen en leer un pequeño fragmento de una obra y pensar que, con leer una página de un libro, el estudiante es capaz de formarse una idea crítica de toda la obra. ¿Es posible que con leer una página de un libro sea alguien capaz de formarse una opinión de toda una obra, capaz de analizarla y hacer un comentario de texto amplio?

Un estudiante en una ocasión me dijo que había leído Cien años de soledad, la famosa obra de García Márquez. ¿Qué te pareció la obra?, le pregunté. Me respondió que era muy bonita pero que solo había leído un fragmento que le puso la maestra en el aula de clase y que de ese fragmento se hizo el comentario de texto. Estoy seguro que hay casos particulares donde el docente se auxilia de algunos ejemplares de la biblioteca del centro y asigna la lectura de los libros, o los que se auxilian de la tecnología y usan libros en formato PDF para que los alumnos lean. Pero son casos aislados.

Dos, esto conlleva al hecho que los maestros no leen. ¿Qué resultados se obtendrían si se hiciera una encuesta desde los delegados municipales, técnicos, directores y docentes de cuántos libros leen anualmente? Considero que los resultados serían lamentables. Repito, no significa que no haya maestros que sí han logrado convertir el hábito de la lectura en una forma de vida. Pero sigo insistiendo que son casos sumamente aislados.

Vuelvo a recalcar: los maestros no leen, no tienen el hábito de la lectura, por tanto, ¿cómo van a incentivar en el estudiantado a que desarrollen un hábito que ni ellos mismos poseen? Y agrego algo más: el hábito lector no debería solo ser una tarea pendiente para los docentes de Lengua y Literatura, sino para todos sin importar el área curricular en la que se desempeña. «Según el director de Libros para Niños, el principal obstáculo está en la escuela y en el sistema educativo, que vacuna a la población contra la lectura: «Luego de hacer tantos resúmenes interpretativos y llenar tantas fichas-guías en la escuela, salís adverso a leer. La escuela no ayuda a formar lectores, todo lo contrario: realiza un trabajo no intencional con el que logra que todo estudiante de cualquier nivel, salga viendo la lectura sólo como un mal necesario». Y así, cuando llegan a la universidad sólo leen lo que necesitan para su profesión y no consideran la lectura un hábito placentero».

Tres, los libros de textos. Todavía hay libros de textos que proponen el análisis literario de la poesía de épocas pasadas. Claro que, en el estudio de la evolución de las corrientes literarias, es primordial analizar y comentar la poesía de los considerados principales exponentes de dichas corrientes, sin embargo, en el estudio de la poesía actual o contemporánea no se toma en cuenta a los nuevos poetas.

Solo en Nicaragua cada año se publica una buena cantidad de libros de poesía, no creo que para un docente sea imposible analizar la obra de un escritor de la actualidad. Es por eso, que, para la juventud de hoy en día, el término «poeta» les crea la imagen mental de un ser aislado del mundo, inalcanzable y con traje de etiqueta; los jóvenes dicen que leer poesía es aburrido. No se les da la oportunidad de poder leer y profundizar en obras de otros jóvenes poetas. Hay que ir borrando esa imagen distorsionada que se tiene del poeta y solo a través de la lectura se puede lograr.

 Por eso los jóvenes han encontrado en la música otra forma de leer poesía. Porque esa «poesía» sí los toca, se sienten identificados con ella. Permitamos que los jóvenes, entonces, lean libros de poesía actual y se van a dar cuenta que los poetas actuales son seres humanos como cualquier otro, que en sus poemas van plasmadas las mismas inquietudes que tiene el resto de jóvenes en el mundo.

Cuatro, algunos jóvenes sí están leyendo. Y lo hacen en vista que en sus centros de estudios no se da la motivación lectora. Son jóvenes que desde temprana edad quizá recibieron un pequeño estímulo en la lectura, pero al llegar a la secundaria ese estímulo se marchitó, por no haber quien lo regara a diario. La prueba: Wattpad. Sin meterse en la calidad literaria, ¿por qué hay millones de jóvenes en Wattpad que están leyendo a otros jóvenes? Esta aplicación digital le permite a la persona acceder una vastedad de propuestas literarias en la web. Conversando con algunos de estos jóvenes que están leyendo en Wattpad, afirman que les gustan esos libros porque se sienten identificados con ellos, los autores (que son otros jóvenes) están abordando temáticas y situaciones propias de su entorno y contexto y que, en el caso de la poesía, han encontrado en las propuestas poéticas una cosmovisión similar a la de cada individuo, es decir, esa poesía los está tocando, pero los docentes no se percatan de ello.

Cinco, el estímulo que desde temprana edad reciba un niño en cuanto a la lectura y la escritura es esencial en su formación humana y cultural, de hecho, esta es la base fundamental de que el niño al crecer sea un adulto lector, un adulto que sea capaz de comprender y transformar su entorno. «Los niños y las niñas deberían tener acceso a libros y a materiales escritos desde muy temprana edad en la vida, mucho antes de asistir a la escuela».

Es esencial que «la escuela y la familia trabajen estrechamente para ayudar a los niños y a las niñas a aprender y a disfrutar plenamente de la lectura y la escritura. Los adultos, aunque no sepan leer ni escribir, pueden estimular a la lectura a sus hijos e hijas a través de relatos orales, la narración de cuentos y la conversación con ellos y ellas. Si es posible, los padres y madres deben leer historias y hablar de libros con los niños y las niñas». En este contexto, si se leyera poesía desde temprana edad, los jóvenes y adultos de hoy seguirían leyendo poesía y disfrutando de ella. Pero enfrentamos una triste realidad también: el padre de familia encuentra más esencial el invertir una gran cantidad de dinero en comprarle al niño un teléfono inteligente, de alta gama y de última generación y no así un libro.

Es un pecado y/o una mala inversión para muchos comprar un libro, ya sea nuevo o usado. ¿Hay padres que sí lo hacen? Sí, en efecto que sí. Pero sigo insistiendo que se trata de una pequeña minoría. Además, hay alternativas saludables: las bibliotecas, que más que espacios abiertos para ir a investigar una tarea de clases, nos ofrecen la oportunidad de cultivar nuestro yo interior a través de la lectura de la vastedad de obras que nos puedan ofrecer y que podamos escoger de forma voluntaria.

Seis, Carmen Gil en su obra «¡A jugar con los poemas! Taller de poesía para niños» (Editorial CCS, Madrid. 2003), apunta los siguientes elementos: «la poesía sirve para una educación estética, para el desarrollo de la sensibilidad…para hacernos seres humanos más completos y que la mejor manera de acercar a los niños a la poesía es poniéndoselas alrededor, sin presiones ni obligaciones, primero desde la familia y luego en la escuela».

Siete, las casas editoriales no están apostando por la publicación de poesía. Sin adentrarnos a las razones de esta situación, sabemos que las grandes casas editoriales apuestan más a las ganancias económicas y en cierto modo, ya la gente no está comprando libros de poesía.

«La poesía ha muerto», afirmarán algunos y darán argumentos de sobra para ello. Pero la poesía no ha muerto. Es el ser humano que ha venido matando la sensibilidad propia para llegar a un estado donde la poesía no les toca el alma. En pocas palabras, es el ser humano quien va muriendo al no leer y hablar de poesía. Porque, aunque la poesía no sirva para otra cosa que no sea el compartir lo leído, es un arte esencial para la vida. «En esta época pragmática y utilitarista, la poesía se hace más necesaria que nunca».[iv]

Desde la posición de escritor, el taller de Robinson Orobio ha servido como una alerta para continuar con el compromiso de fomentar la lectura y la creación literaria, sobre todo, el de la poesía, arte que, aunque muchos digan que está caducando, ahora está más vivo que nunca.

El autor es miembro de ACIC, escritor y docente de secundaria.