La multiplicación de los panes y los peces

(La Asamblea de ACIC del 1 de noviembre de 2015)

María Teresa Bravo Bañón /
Cataluña, España

«Despierta al amanecer con un corazón alado
y da gracias por otro día de amor».
Kahlil Gibran

Ayer el día se nos creció como una cuerda elástica que dio de sí hasta que el cuerpo se nos rindió de cansancio.

Empezó a las 8 y media que salí con Patricia vestida con mi vestido nica verde, hasta la sede de la Universidad URACCAN, del Caribe en Managua.

Fueron llegando las delegaciones de los distintos territorios y nos fuimos saludando afectuosamente. A continuación, empezó una maratoniana sesión, muy bien programada y estructurada a la perfección, con todos sus puntos y sus órdenes del día. Nada había de improvisación, todo estaba planificado de antemano, hasta el mismo detalle, lo cual yo veía claramente la mano de Henry A. Petrie, porque sé que es su forma de trabajar; es un Tauro, un signo de tierra, los Tauro son trabajadores y pragmáticos, los Virgo son los perfeccionistas, y por último, los Capricornio son jefes, los que coordinan y llevan a cabo las obras, hasta el final por su perseverancia. Petrie parece una aglutinación de las cualidades de los tres signos.

Me dediqué a escuchar atentamente todas las cuestiones sobre el estado de cuentas en la tesorería.

ACIC contaba con un capital de 2.700 $ y eso conllevaba una labor de ingeniería económica de aprovechar hasta el último recurso, justificando todos los gastos exhaustivamente, lo cual demostraba una labor de responsabilidad, seriedad, humildad y honradez de la Asociación.

Mi sorpresa fue mayúscula cuando, por ejemplo, se justificó el gasto de 90 $ en un acto ¡Para dar de comer a 90 personas! Eso me pareció el milagro de la multiplicación de los panes y los peces.

Fue para mi muy interesante conocer los problemas de los miskitus y las comunidades indígenas del Caribe, hechos que ignoraba.

¿Es posible que la historia de la conquista y la colonización todavía esté presente? ¿Qué se refieran a los habitantes de Managua y del Pacífico como los «españoles»?

Los blancos son los «españoles», la administración central son «los españoles», los que depredan nuestras tierras, los que pisan nuestra cultura, la destruyen, la desprecian… son los «españoles». Aunque los «españoles» sean esta vez todos los demás habitantes de Nicaragua.

El mundo campesino y ganadero es incompatible con la vida y las culturas indígenas, entonces siempre chocan porque los han considerado como depredadores de su mundo natural, de ahí la gran desconfianza de los pueblos indígenas hacia todo lo que les llega externo como una colonización de anular su cultura, lenguas, tradiciones y cosmología. Pero en realidad, la multiculturalidad debería ser considerada como una gran riqueza y estuvieron explicando todos los esfuerzos para trabajar la multiculturalidad, el multilingüismo, las propuestas, los nuevos planes.

Fue larga la mañana hasta que llegó el katering ligero en donde comimos, para seguir después durante horas hasta que me obsequiaron una botella de Ron Flor de caña (Gran Reserva) y dos personajes del Güegüense.

Me sentí muy feliz y emocionada expresando mi vinculación a ACIC, mi deseo de seguir colaborando desde España según mis posibilidades y mi gratitud hacia todos mis amigos.

ACIC me pareció quijotesca, con una voluntad inquebrantable y los valoré porque ellos son los imprescindibles, como en el poema de Bertolt Brecht:

«Hay hombres que luchan un día y son buenos.
Hay otros que luchan un año y son mejores.
Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos.
Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles».

Tuve interesantes conversaciones con Pedro Alfonso Morales y con Mauricio Rayo, sobre nuestros libros y en encuentro tan agradable que había vivido con ellos, semanas antes en León. Luego llegó el momento de despedirnos de la delegación de León y los demás nos fuimos a la terraza de un bar donde las cervezas Toña circularon abundantemente.

La luz refulgía, siguió la tertulia sobre interculturalidad y la historia de los pueblos indígenas del norte, derivando hacia la figura del pícaro de nuestra literatura española, con todas sus variantes y diferencias, el Güegüense, el Lazarillo de Tormes, el Guzmán de Afarache, la Lozana Andaluza, el Buscón o hasta Sancho, a pesar de su ingenuidad y sus matices, el pícaro es solo un superviviente.

Los hilos de nuestra tertulia particular, en la terraza de aquel bar, discurrió después hacia la identidad y las raíces. Contaba Fernando Saavedra que él, cuando llegó a Madrid, tuvo un encontronazo con su propia identidad, porque reconoció su raíz española, se sintió emocionado porque era su casa, su raíz. Años después, también volvió a reconocer su raíz indígena al pisar Ciudad México.

En contraste yo manifesté mi dificultad como española de reconocer mis raíces: ¿Iberas, fenicias, cartaginesa, romana, griega, mora, judía…?  Una cosa es cierta: ninguno de mis antepasados emigró a América en tiempos de la conquista, seguramente por el asunto de la limpieza de sangre exigida por las Leyes de Indias en emigración, es decir, que no podrían haber emigrado por ser judíos, moriscos o mudéjares. Poca gente sabe que en realidad los primeros conquistadores eran las élites dominantes, de ahí que aún las oligarquías dominantes de América tienen ese sentimiento ancestral y atávico de élite superior, guerrera y dominante.

Toñas y toñas, desparramadas en ideas y conocimientos, en creatividad perenne, parecía una fuente de sabiduría humana, un enjambre, una colmena.

Cambiamos de lugar hacia una especie de pub musical con pista de baile y hablando y hablando hasta descosernos. Luego nos subimos 7 en un taxi que cruzó Managua con noche cerrada hasta la casa de Patricia Blandón. Al bajar del taxi me detuve a mirar el firmamento descubriendo la Constelación de Orión y la Luna colgada en su hamaca tropical.

En una pulpería compramos más Toñas y seguimos aquella tertulia interminable en el patio de la casa de Patricia, entonces la tertulia se nos fue por la mística, la reencarnación, los egipcios, el juicio de Osiris y por el mundo de la magia, la filosofía y el esoterismo.

Se me cerraban los ojos, el dolor de las articulaciones y la inflamación de la muñeca, secuelas dolorosas del chicungunya se hicieron presentes. Llevaba muchas noches sin poder dormir, meciéndome en la mecedora y agarrándome la muñeca con la otra mano, muerta de dolor;  a veces se me dormía impidiéndome hasta escribir, ahora volvía a dolerme y quizás, con un analgésico o por el propio cansancio podría dormir.

Me despedí afectuosamente de todos ellos. Me encantó ser parte de ACIC, de sus soñadores y Quijotes, de sus vidas y del Caos de Managua. Fue como fluir en el río de la vida, muy, muy afortunada por estar con ellos, por haber compartido este día con ellos, por ser parte de ellos. Mi gratitud.