Cada cierto tiempo, nosotros (en varios tantos)

-Segunda entrega-

Henry A. Petrie


38

Tu mirada vaga en mis ojos
como sistema binario;

habla con gestos,
cual rumor de bosque.

47

Hay un poeta con hambre
escribiendo secretos nocturnos;

hay una mujer con abundancia,
ahogándose en el vacío,
quemándose, muriendo.

50

Del caminar a solas
nadie me ha salvado.

Nadie
acompaña el riesgo de vivir
sin despojarse de la piel impostora.

En el camino las visiones,
los sonidos penetrantes,
se pasean entre soledades.

Hay sueños que aman la oscuridad,
para continuar vivos;
hay sueños que viven despertares,
sin tiempo ni espacio.

Sus travesías se desgajan
y regresan por el hueco
donde acabó el primer sueño.

Nadie me ha salvado
del caminar a solas,
donde continúan vivos los sueños.

64

En las aguas dulces nadaba
hacia la Luna entre dos pirámides,
la muchacha con sus cabellos sueltos.

Danza lacustre, música del viento;
en el sueño de la palabra, jaguar y venado;
vuelo esencial en el gozo de los amantes;
y tras cada salto de conejo, el asombro.

Los peces tienen memoria sempiterna;

desde siempre
hemos estado en la batalla,
en el grito profundo del silencio,
en el llanto que aún nos perdura.

¿Cuánta naturaleza matarán
como a nosotros en cada tiempo?
¿Sepultarán nuestras voces los apetitos voraces?

El monstruo tiene sed.
Nuestra sangre es agua,
corriente de fuego líquido, ardor y rabia.

Y hemos venido siempre
desde la verdura azulada rojiza natura.

¡Ay, la nueva herida, la nueva muerte!
El beso que se derrumba hecho sal.

La muchacha olorosa a madre
y anciano su amor,
lleva en su vientre un bosque
de puñales.

(Del poemario inédito del mismo título, de Henry A. Petrie).