Miami Collage

Eugenio E. Tórrez Díaz

Suponiendo que la verdad es una mujer desnuda de ojos azules como la pintura de Modigliani que camina un domingo a las cinco en punto de la mañana sobre Biscayne Boulevard a la vista de toda la bètise bourgeoise (estupidez burguesa) y en medio de la barahúnda de vehículos que hacen sonar sus claxon al verla pasar, yo me sentiría totalmente libre de pensar que en esta realidad estamos todos salvados, porque una mujer así es como un jardín de rosas que transmite su fragancia y belleza al despertar de la aurora sin miedo a expresar la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Pero suponiendo que la verdad sea un niño montado en bicicleta que en Flagler y la 63st es elevado a los cielos por un camión cargado de estiércol cuando se disponía a cruzar la avenida, entonces saben qué, esa realidad es una mierda que a diario la leemos en el Miami Herald o en cualquier periódico del mundo y que no necesita siguiera ser contada para que todos aquí sepamos de que ese olor a merde es real. Pero si la puta verdad es un obrero que se dirige al trabajo a limpiar los cristales del Centrust Bank en el Down Town de Miami y que montado en el andamio desde un décimo piso en un repentino vértigo de felicidad por su nueva ciudadanía que nunca había sentido desde que llegó a la Florida de Ponce de León hace más de 20 años, y se cae estrepitosamente sobre el duro concreto de la calle y  queda vivo todavía de puro milagro ante el asombro del Sistema, entonces esta realidad es inverosímil o una quimera hecha a la medida de los que ostentan el poder económico y que se pasean en trajes de baño y smoking por las grandes urbes, metrópolis y muladares del planeta buscando el stablischmen de su gran capital para todos los que caen del tercer cielo y que se levantan sin ánimos de luchar por la liberté, la egalité  y la fraternité que tanta falta les hizo cuando cruzaron el río bravo de la frontera o por el desierto de Tijuana para venir al sueño americano, entonces yo diría que esa verdad no existe en esta realidad en donde los que caen de arriba y los que se encuentran abajo estamos realmente jodidos en un Estado de Derecho que contiene tanto mareo Constitucional que me dan hasta ganas de vomitar. Pero en todo caso, si la tal puta verdad es el l´art pour l´art ergo todo esto es una gran mentira que un Titiritero llamado Dios nos hizo creer desde su Monumental Laboratorio del Destino y la Fatalidad en donde la realidad al fin y al cabo somos tú y yo flotando a la deriva hasta llegar a Key West con quemaduras de tercer grado y muertos de sed y este escrito que me tomé la liberta de escribir en la universidad  de la vida  y que con el tiempo dejará de existir en tu bolsillo, mientras ellos, las generaciones que van y vienen en el flujo y reflujo generacional de esta realidad, se continuará debatiendo entre el más allá de la vida y la muerte o entre el más allá del más allá en donde el bien y el mal es un acuerdo simbiótico y filosófico que nunca llega al buró del ente cuerdo y regulador de la existencia de todos los que estamos aquí, de los que vendrán y de los que ya se fueron en todo este duro relajo sin fin que es de todos y que al final de un tiempo dos tiempos y mitad de uno no es de nadie. Pero en todo caso, si la verdad por último fuera esta realidad tangible e intangible del movimiento de las ideas y de los sueños en la que todos nos movemos ahora, entonces a decir verdad, La Mujer Desnuda de Ojos Azules de Modigliani, El Niño Huérfano que pedalea en bicicleta por Flagler Street, El Superman que se cae del edificio del Centrust Bank y todo lo demás es un Remanente Arcaico o una Apariencia como la que vive por ejemplo un furtivo y solitario inmigrante centroamericano que se masturba prosternado un 4 de julio en el apartamento número 4 del 634 del sw y la 2st a las cinco de la mañana en punto y que a la vez habla y mira  por internet a su amada que se encuentra en Nicaragua, Paris o la Habana a la cual le pide perdón con vehemencia, mientras ella hace el amor con el foráneo amigo que ya no le cae tan mal que digamos, aunque también forme parte de su Sturm und Drang (borrasca e impulso) Cotidiano.