La poesía cosmológica de Omar Alí con letras de hidrógenos, rastros de luz y amores sintéticos

Pedro Alfonso Morales

La poesía cosmológica de Omar Alí Moya que presenta en Materia Oscura en su búsqueda creadora del ser, la palabra y el amor nostálgico, junta ciencia y literatura para ofrecer la novedosa experiencia literaria que experimenta en la creación de seres humanos sintéticos cuya revolución enfrentará los desafíos del siglo XXI.

La obra, premiada en 2017 en el Certamen Nacional de Literatura «María Teresa Sánchez», auspiciado por el Banco Central de Nicaragua, se estructura en cuatro partes: Shoemaker Levy-9: 13 poemas; Solsticio: 12 poemas; Equinoccio: 09 poemas; Salto cuántico: 06 poemas, cuyos títulos se refieren a los apellidos de los descubridores del cometa que colisionó contra Júpiter el 24 de marzo de 1993, el primero; los momentos del año y su relación con los días y el Sol, el segundo y el tercero; y el núcleo de un átomo excitado por una fuente de energía exterior, el cuarto.

Pero, ¿qué es la materia oscura a que alude el título de la obra? A. Vásquez-González y T. Matos del Departamento de Física, Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN, México, en «La materia oscura del universo: retos y perspectivas», escriben: «La materia oscura fue propuesta por primera vez en la década de los 30 como un componente especulativo del Universo, hoy en día ya es considerada como un ingrediente vital para el Cosmos: seis veces más abundante que la materia ordinaria, una cuarta parte de la densidad total y el componente principal para la formación de estructura en el Universo».[i]

En efecto, la materia oscura se compone de partículas que no absorben, reflejan o emiten luz y no es detectada por la observación de la radiación electromagnética. Es un material invisible y existe debido a los efectos que produce sobre objetos que podemos observar directamente. Cardenal ya lo experimentó con Cántico Cósmico.

Omar Alí Moya García, persuadido de estos conocimientos científicos por su condición de docente de física, matemática y poeta en una extraña combinación de ciencia y literatura, echa mano de estos elementos para ofrecernos una poesía que gira en torno a la identidad del ser, el poeta, la palabra y el amor.

Desde el primer verso nos dice en Soy: «Me forjé en la materia oscura, / en el ojo de los huracanes explosivos / y en uno u otro día de sol / en medio del desierto». Más adelante, forjándose una identidad del ser, con sus claridades y oscuridades en la propia materia, dice: «me miro al espejo / para ver cómo se desgasta mi ADN / en imágenes cóncavas y convexas / que me convierten en tiempo: / soy día y soy noche».

Al final, en Kinnaoshi, descubre su ser y su identidad que a través de la sinécdoque es el ser y la identidad de la humanidad: «Ahí están mis restos, / inhumanos, frágiles, / restos de imperios, / de vientos, sol y agua, / de besos y caricias inertes / entre hojas secas y lluvias tiernas, / mariposas muertas y pájaros distorsionados / en su vuelo inocente».

El poeta y la palabra constituyen elementos esenciales en este libro. El creador y la palabra como «el pequeño dios» de Huidobro que inventa mundos, cuida y trabaja la palabra. En Génesis expresa: «En el principio estaba el poeta…/ con la piedra en la mano / calaba las palabras, / forjaba las palabras, / las fundía en metálicas soledades, / en fuegos centinelas de noches solas».

En su invención el poeta busca revestirse de materia nueva para convivir y sobrevivir al mundo de la materia oscura a través de seres sintéticos. La ciencia que es sensata e imperfecta como dice José Edelstein, se queda en el verso: «las letras que se levantan entre muros, / en la mano del hombre que calla, / en medio de la tempestad, / para reinventarse, / y hacerse nuevo en esta expansión» y sobrevivir en esa nueva dimensión del ser y sus desafíos futuros.

El amor nostálgico es otro aspecto que se aborda en el libro. El amor desde la materia oscura que el autor ha elegido para expresar sus emociones espirituales. En el poema Rastro espectrométrico, escribe: «Mujer, nada me acerca a ti, / ni tiempo, ni espacio, / ni palabras escogidas / de la materia oscura, / no nos unen los caminos a tu casa / en la galaxia más lejana, / no se fusionan los números cuánticos / de los teléfonos tristes / que jamás se encontrarán en la frecuencia exacta / en estos interferentes encuentros electropoéticos».

El poeta consciente de su amor desvalido, pero en la búsqueda de la claridad de las ideas y los amores, escribe: «Me resigné a caminar descalzo sobre la arena gris, / a tallar caleidoscopios de tristezas / con sumisiones ocultas de desperdigadas ínfulas / con que se evoca la luz». Al final descubre que su amor se pierde en la anchura y grandiosidad del universo, pero es posible ―en la simbiosis de la materia― reducir la ausencia de la amada. Dice en Cálculo: «Integré / mis híbridas ecuaciones de amor, / para mostrarte / cómo se expande el universo / y se simplifica tu ausencia».

En fin, la poesía de Omar Alí Moya García está hecha con letras de hidrógenos, rastros de luz y amores sintéticos que como la ciencia busca la creación de seres humanos sintéticos, es decir, sin padres biológicos de carne y hueso que es un modo de engañar a la muerte y prolongar la existencia en la materia desconocida.

 

Telica, 01 de marzo de 2019.
[i] Revista mexicana de Física e 54 (2) 193–202 diciembre 2008.
www.redalyc.org/service/redalyc/downloadPdf/570/57028302016/6