Del arrítmico corazón

Emmanuel Chávez


La tortura que representas

Ahora que me detengo a verificar cada parte de tu cuerpo, atrapado en la luz limitada de una foto, me atrevo a decirte que ésta es la diminuta parte que te hace ser, la que me emociona hasta el recuerdo.

Si no puedes definir tu belleza, no hables de ésta. Tampoco me hables de parejas si éstas son símbolo de tristeza.

Aún te extraño, y mi suerte corporal me lleva a ti una y mil veces. Fuimos agua y aceite, rechazamos nuestros pasados, ¿delictivos?, ¿frustrados? Nos señalan de cobardes por no ser sistémicos. Acaso, ¿existe la suerte? ¿O las casualidades demuestran la sinergia que portan nuestros cuerpos?

Detén la lluvia que hay en mi almohada. No le importa el transcurso del día. No para, no seca. Detén mi arrítmico corazón que no baila, por su descontrol musical.

Qué estrella se puede ver en el cielo, si la que pudo ser mía la arranqué de mis sentidos, de mis recuerdos. Quizás ya no la vea más.

Perdona el asedio de mis palabras escritas. Tu existencia me tortura aún más.

Angi

Juntos vimos la noche
sin darnos cuenta;

la Luna llenaba sus ojos de miel,
descubría su rostro de plata
con el destello.

¡Qué pequeño es el tiempo
torneado en su cuerpo!
En nuestras miradas, el Big Bang,
y qué grande se hizo el amor.

Ella cual dueña ve las estrellas,
la más grande está en su corazón.

Yo, que busqué tierra prometida,
que viajé en el nocturno estelar,
que lloré al amanecer del Sol,
no percaté del ángel a mi costado.

Angi, la tierra que no miraba;
el astro bello que me encontró.