Almas gemelas

Enrique José Granados Torrez

El niño, en un momento de quietud, le preguntó a su abuelo:

—Abuelito, ¿usted se acuerda cuando dejó de ser niño?

—¡Uuuhh! Claro que sí –dijo el abuelo estirando el pico, y siguió hablando–. Creo que han pasado muchos días y muchas lunas, el tiempo suficiente para que mi cuerpo envejezca. Aaah… pero mi cerebro…  ̶ el abuelo se acarició con la mano derecha la cabeza ̶  mi cerebro nunca ha dejado de pensar cómo piensa un niño.

—Abuelito, y usted, ¿qué piensa como niño? –preguntó con interés el nieto.

El abuelo volvió a estirar el pico, y dijo:

—¡Ummm! Pienso que corro más rápido que una paloma, que vuelo veloz como el garrobo y salto más alto que un perezoso.

Cuando el abuelo terminó de hablar, el niño se soltó en risas:

—ji ji ji ji (…) ji ji ji ji.

—Ideay, chavalo, ¿por qué te reís tanto? –preguntó el abuelo.

—Es que me da risa lo que usted dice, abuelito. Porque, una paloma no corre tan rápido, el    garrobo no vuela más que un ave y el perezoso no puede saltar porque siempre tiene pereza. Ande abuelito, hábleme sin mentiras.

El abuelo, al escuchar el señalamiento del niño, cambió su semblante de jovial a serio. Al estirar sus arrugas escondió sus ideas de niño.

—Está bien, mi muchachito, seguí preguntando pues –dijo con cierta preocupación el abuelo.

—Abuelito, ¿de qué se acuerda cuando era niño?

—¡Uuuhh!, de muchas cosas, Porocho. Recuerdo los besos de mi mama, los consejos de mi papa, las alegrías en familia, los juegos y anécdotas con mis hermanos, primos y amiguitos. Todo lo tengo clarito y fresquito en la memoria como si hubieran sucedido ayer.

—Ja, ja ja ja (…)  ja, ja ja ja –rio a carcajadas el niño.

—Y ahora, ¿de que te ríes o por qué las carcajadas? – preguntó extrañado el abuelo.

—Abuelito, no me siga mintiendo –acusó el niño sin dejar de mirarlo a los ojos–. ¿Cómo es posible que usted vea claro y tenga fresquito los recuerdos, si esas cosas pasaron hace mucho tiempo?

Ante la pregunta del nieto, el abuelo se puso incomodo, sintió que le tomaba el pelo, pero de la barba, ya que de la cabeza era imposible… Pero el nieto, sin pelo de tonto, cuando notó la molestia de su abuelo, con certera curiosidad, dijo:

—Abuelito cuénteme, ¿cómo puede mirar los recuerdos?

El abuelo, paciente, tomó un segundo aire y, con mucha ternura, le explicó:

—¡Uuuhh! Es sencillo, amor. Solo hago clic a mi cerebro y aparecen mis vídeos con imágenes nítidas, como una señal de televisión.

—Abuelito, déjeme ver. Yo también quiero ver… ¡Porfa! ¡Ande abuelito!

—Aunque yo quiera peloncito, no podés ver mis vídeos, porque el control es único y las imágenes solo uno las puede ver; cada quien tiene las suyas, y vos no sos la acepción. En tu memoria tenés una carpeta llena de vídeos, solo hay que abrirla.

—Abuelito, ¿y cómo hago para ver los míos? –continuó preguntando el niño.

—¡Uuuhh… fácil Peloncito! Solo tenés que pensar en todo lo bueno y lo malo que has vivido. Por ejemplo, ayer jugaste, fuiste de paseo, te portaste mal, comiste rico. Si querés ver el video, solo aprietas o haces clic a tu control para recordar todo lo que hiciste. De esa manera reflexionarás y acumularás experiencias que te servirán para toda la vida. Ah… y también te recomiendo que aprendás técnicas de escritura, por si el disco duro o cerebro se daña, o por si el sistema se cae. Entonces, en un libro podés registrar tu historia, a lo mejor le sirva a la familia y a la sociedad en el futuro.

El niño, quedó sorprendido con la explicación del abuelo y quiso seguir platicando:

—Abuelito, si usted no se enoja ni se duerme, yo le prometo hacer la última pregunta.

—¡Uyuyuy! Solo Dios sabe lo que querés, bandidito. Está bien, te la voy a aceptar, pero que sea la última.

—¡Sale y vale, abuelito! Quiero que me diga con detalles, ¿cómo era usted cuando estaba niño?

—¡Uuuhhh! Mirá campeoncito, te la pongo fácil… Para ilustrarte bien te invito a que cada uno de nosotros mire en nuestro cerebro la película del recuerdo… Preparémonos, cada quien con su control. ¿Listo? Uno… dos… y… ¡tres! Ahora hagamos clic, ¿ya lo hiciste? Entonces, fíjate en todo lo que has hecho. ¿Te fijaste bien en tu imagen? Pues yo era así cuando tenía tu edad, así… Igualito, igualito a vos. Era inteligente, necio, desobediente, juguetón, corredor, llorón y muy preguntón.