Octavio, un niño ejemplar

Alberto Juárez Vivas

Octavio es un niño de 4 años que siempre ha sorprendido a sus padres por sus ocurrencias. Tan pequeño, pero con un enorme sentido de la gracia, seguía los consejos de su mamá que siempre le decía que nunca dejara una pregunta sin responder.

Eso sucedió en cierta ocasión. Octavio tenía dudas con una pregunta: «¿Quiénes eran los héroes de Nicaragua?» Y, sin pensarlo dos veces, respondió que los héroes de Nicaragua eran Superman, Batman y Spiderman. La profesora al leer la respuesta no paraba de reír.

Ese era Octavio. Aunque también a veces no aguantaba a su hermanito Xavier Andrés, quien le hacía bromas muy fuertes. Por ejemplo: una noche estaba en su cuarto escuchando cuentos de zombis, la televisión era lo único que estaba encendido, las luces las habían apagado. Octavio estaba calladito poniendo atención, un poco asustado por la historia. Fue entonces que Xavier, su hermano menor, aprovechando que nadie lo veía, se levantó sin hacer ruido y buscó una sábana que se puso encima para luego aparecer frente a Octavio, quien del susto profirió gritos tan fuertes que de inmediato los de casa se congregaron para ver qué estaba ocurriendo.

Octavio, temblando fue corriendo a los brazos de su mamá, quien con palabras cariñosas logró calmarlo. La experiencia para el niño resultó inolvidable.

Octavio era muy solidario con su hermanito, le encantaba compartir sus juguetes con él. Un sábado por la mañana, su hermanito Xavier Andrés andaba comprando en la pulpería, cuando venía de regreso a casa se tropezó con una piedra y se cayó, raspándose la rodilla. Lloró inconsolable del dolor, mientras sentado en la cuneta sosteniéndose la pierna, apareció Octavio y se acercó:

—¿Qué te pasó Hermanito? –le preguntó el niño sentándose a su lado.

—¡Ayyyy… me duele! –gritaba Xavier.

—Cálmate, ya no llores –le decía Octavio.

—Es que me duele… ¡Ayyyy! –y más lloraba Xavier.

El niño Octavio tenía los ojos bien abiertos mirando la rodilla de su hermano, no aguantó más y se soltó en llanto. Gritó más que Xavier y abrazaba a su hermano menor. Los gritos fueron tan fuertes que cuando se acercó su mamá, pensó que el accidentado era él y no Xavier.

Octavio se calmó cuando lo hizo su hermanito. Pero vea qué curioso, él no dejaba de sobarse la rodilla, y pensaba: «Mañana me voy a caer para que me compren una venda como la de mi hermano».