El bombero

Enrique José Granados

Papa Edwin y mama Marcia, llevaron de paseo a Joelito, donde su abuela Margarita y bisabuela Mama Tina, ambas viven en la misma casa. Ellas, muy alegres por la visita, regalaron besos y abrazos.

Estando todos en la sala, Joelito se puso a Jugar con sus juguetes y de pronto sin avisar se escapó con un camión de bomberos para ir al patio. El juguete usaba batería y al encenderlo, marchaba a gran velocidad sonando el pito de alerta.

—Aahh, aahh, aahh, aaaahhh.

El niño corría y gritaba a la par del camión, imitando el pito de su juguete.

—Aahh, aahh, aahh, aaaahhh.

Mientras que los amigos: el fontanero escarabajo, la bailarina saltamontes y el curandero zompopo, oyeron que la sirena del camión y la carrera del niño, avisaban de un incendio, y antes de ser accidentados se apartaron rápido para salvar el pellejo.

Fue así que evitaron morir aplastados, tampoco interfirieron en la marcha del niño y del camión, que supuestamente viajaban de prisa por el interés de llegar con prontitud al lugar del incendio.

—¡Ayyy, mamita! -gritó el escarabajo bien asustado- Antes que me destripen mejor me meto en un hueco por este lado.

—¡Yo mejor levanto vuelo! -empalidecida gritó la saltamontes.

—Y yo no tengo de otra, aquí me protegeré detrás de las ramas de este arbusto -dijo el hormigón zompopo con desesperada pausa.

Fue en ese instante cuando de repente, Joelito se detuvo y dijo:

—¡Ay, por fin llegué! Este lugar está buenísimo.

Joelito paró el camión, le quitó la batería para que no hiciera ruido, giró las chibolas de sus ojos para todos lados y respiró hondo, después, tranquilo sacó de su portañuela una manguera.

En ese mismo momento, los amigos escarabajo, saltamontes y zompopo, salieron de su escondite. Ellos estaban deseosos de saber, ¿de qué manera se apaga un incendio?

Interesados en aprender vieron que, desde el cuerpo de Joelito, una manguera tiraba agua y mojaba parte de su alrededor. Entendieron que esta era otra forma de apagar la tierra caliente, que al mediodía tira humo, debido al incandescente sol.

Eso miraban los amiguitos insectos, cuando de repente la manguera y el chorro los apuntó, quisieron correrse, pero no les dio tiempo porque los alcanzó un borbollón de agua, que los dejó todo remojados.

Ninguno se molestó por la bañada, más bien después de sacudirse, bailaron, pegaron gritos de alegría, también cantaron y en aquel patio, solo se escuchaba el estribillo.

Llegó, llegó el invierno,
apagó, apagó el incendio.

Llegó, llegó el invierno,
apagó, apagó el incendio.

Llegó, llegó el invierno,
apagó, apagó el incendio.

Cuando terminó la lluvia, otra vez los insectos se escondieron, porque Joelito, después de cumplir la misión, muy liviano se desplazó de regreso a casa, viajando con el camión de bomberos a toda mil y en una sola pitadera.

—Aahh, aahh, aahh, aaaahhh… Aahh, aahh, aahh, aaaahhh… Aahh, aahh, aahh, aaaahhh.