Tania Tamara Petrie Páramo

Pedro Alfonso Morales

No la conocí a tiempo o no recuerdo haberla visto antes. Después la miré en la foto del periódico del 27 de agosto de 2009. La sonrisa serena y la mirada aguda de sus ojos negros narraban todo. El cabello planchado le cubría las orejas y caía en sus hombros juveniles. En su rostro, la quietud se tornaba luz. La muchacha en la flor del corazón de su vida: Tania Tamara, la hija del poeta Petrie y doña Sandra Páramo.

Esa tarde fui a la Alianza Francesa en León, donde se presentaría el performance El laberinto de las Juanas que ofrecían Zyanya Mariana, Blanca Castellón y Martha Leonor González en homenaje de Sor Juana Inés de la Cruz, la gran poeta mexicana.

Martha Leonor se me acercó, y me preguntó:

─¿Supiste que se le murió una hija a Henry?

─¡No!

─¡Ahorita están en la vela!

Salí a la calle y llamé al poeta. Me respondió normal… Cuando supo que era yo, se le quebró la voz. Era conmovedor, pero le dije mi pesar. En breve me contó el percance de su hija. Imposible resulta comprender que los hijos se adelanten a los padres.

Desde entonces han pasado diez años. Me acordé de ella, porque hallé en una novela de Guillermo Cortés el recorte de periódico que guardé ese día. Le tomé foto con el celular y pensé: se la mandaré a Henry. Antes de mandarle la foto debo escribir algo sobre TTPP.

En efecto, las dos T y las dos P llamaron mi atención en su nombre. La palabra Tania se deriva del ruso Tanya y es un hipocorístico de Tatiana. Tania significa: princesa, hija de Tacio, rey de los sabinos que gobernó Roma hasta que lo derrotó Rómulo. Algunos aseguran que el nombre de Tania es famoso en Europa y América del Norte, debido a la novela «Eugenio Oneguin» de Aleksándr Pushkin, cuyo protagonista se enamora de Tania Lárina.

En cambio, el nombre de Tamara tiene origen hebreo y thamar significa palma. El significado de la palabra Tamara se relaciona con el habla y la oratoria, porque la mayoría de personas que llevan este nombre tienen facilidad de expresión y oralidad natural.

A Tania Tamara no la conocí, pero he conocido a sus padres. Y los hijos son la hechura de la madre y el padre. El padre es un religioso de la palabra y el libro: la franqueza la lleva a todos los rincones de la vida. El hombre de la palabra directa y de los números exactos. Las palabras y los números son las evidencias más claras de la verdad de la vida.

La madre tiene la firmeza de Penélope frente a su Odiseo. Hay en ella el recato y la sencillez de la madre que sufre y lo da todo por sus hijos. La mujer que guarda las bondades del hogar para que se ilumine con el bienestar de la familia. En otras palabras, la perpetuidad del hogar que es el único lugar donde se crea vida por una eternidad.

Tania Tamara quizás no tenga la mirada ni la sonrisa de la madre, pero el cabello oscuro se extiende como las bondades de la madre. Y como si fuera la noche, su vida se convierte en espíritu luminoso que ofrece las manos para las situaciones difíciles.

Ella, que vino el 7 de octubre de 1983, partió el 26 de agosto de 2009. Veintiséis años no es nada o muy poco o algo o todo en la vida. Ahora tuviera treinta y seis, pero esa imagen de la fotografía la eternizó en su juventud. Siempre tendrá la misma sonrisa y la misma mirada y el mismo cabello planchado sobre los hombros, iluminándosele en la misma edad.

La misma sonrisa, mirada y cabello: no por la foto, sino porque los seres nunca se van con el recuerdo de un corazón que se guardó siempre joven: allí está en la sala, la mesa, las sillas, el cuarto y el televisor, el baño, el plato, la cuchara, la risa, el juego, el grito, la canción, la llegada, la salida, el espejo, el peine, el domingo, la siesta, la bulla, el silencio, la risa, la cosquilla, el día, la semana, octubre y el año, el regaño y el consejo, la palma y el aplauso, la queja, el dolor, el amor, el recuerdo, el llanto, el libro y el poema antes de la partida que se predestinaba el amor y el dolor frente a la vida:

Ambiente perpetuo
A la madre de mis hijos

Entre tú y nuestros hijos
un ambiente perpetuo.

Las sonrisas tímidas se asoman
dulcemente auscultan
nuestras almas enternecidas.

¿Cuántas veces he llorado?
Preguntas mirando mis ojos.

Se acerca el colibrí a tu fragancia
recuerdo las últimas lágrimas
las que quedaron resentidas
cargadas al pecho intranquilo.

Me invaden tus ojos,
tus palabras
de tu boca extraigo esperanzas.

Cuando la gloria llegue a mi rincón
me verás llorar junto al tiempo
porque paciente he andado
imaginado en el beso
el edificio por construir.

(Henry A. Petrie)

Telica, 12 y 13 de agosto de 2019.