El rostro de la abuela

María Elsa Molina

I
¿Qué es morir?

La muerte es como una herida sin sangre, es la circuncisión del espacio y el tiempo no palpables.

Es el rostro frio de la abuela, así es la muerte. Mi abuela es un niño dormido, sin miedo, sin sueños, sin padres, sin hijos, sin nietos sin parientes ni amigos, y nosotros los vivos, somos desconocidos.

La acompaña un silencio profundo. Es como una estatua de yeso, que a muchos desata el miedo de sus conciencias.

Es el descarno de los huesos, la suma del polvo, el final de los momentos compartidos. Separación intemporal, miradas y besos; la realidad donde los muertos no se levantan, no salen del ataúd ni preguntan: «¿Por qué lloras? ¿Por qué me miras?»

La ventana del ataúd se cierra. La fosa la recibe y el cemento la sella. Se ha quedado ahí, entre flores que se marchitan, oliendo a muerte, ausencia total.

II
¿Qué sientes?

Cuando duermes,
cuando piensas que ya no están,
aquellos que no volverán.
¿Qué sientes?

Se escucha el grito del loco,
la canción reflexiva,
el recuerdo de la muerte.

¿El amor y la muerte son realidades profundas?

Quizá,
la vida para los muertos sea un corredor seco,
donde aún está grabado el rostro de la abuela.